sábado, 5 de noviembre de 2011

MANUEL VICENT, LA HUIDA



MANUEL VICENT



En un Porsche blanco, el muchacho recogió a una chica en auto-stop a la salida de la ciudad en dirección al Sur. Ella no llevaba equipaje y era muy pálida, dotada de una belleza desesperada. Él ni siquiera le preguntó el nombre. La invitó a que se sentara a su lado y sólo quiso dejarla admirada con la velocidad. Durante la primera parte del viaje ninguno de los dos habló. El Porsche rugía de forma diabólica, la chica sonreía y el joven mantenía la mandíbula totalmente crispada. Mientras el Porsche volaba por la pista, aquella mujer casi transparente, rompiendo de repente el silencio, comenzó a contar esta historia al conductor. 
En cierta ocasión, uno de los criados del emperador de Persia vio a la muerte en el jardín y, preso de pánico, se dirigió a su amo con una humilde súplica: 
- Señor, préstame tu caballo más veloz. Acabo de encontrarme con la muerte y me ha hecho un gesto de amenaza. Quiero huir a Ispahán.
El emperador le regaló un caballo y el criado emprendió una furiosa cabalgada sobre el blanco corcel a Ispahán, del mismo modo que ahora este Porsche a 250 por hora camino del mediodía. Poco después fue el propio emperador quien se tropezó con la muerte en el jardín de palacio y, enfrentado a ella con orgullo le preguntó: 
- ¿Por qué has hecho un gesto de amenaza a mi criado preferido? 
- No ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro al verlo aquí, puesto que yo estaba citada con él esta noche en Ispahán. 
Al terminar el relato, la chica enmudeció sin dejar de sonreír y esto enardeció al muchacho, el cual apretó más el acelerador en busca de su amante en la mar. El Mediterráneo estaba allí enfrente y ya había convertido el parabrisas en un espejo azul en donde se reflejaba el rostro de una muchacha similar al de la mujer pálida que llevaba junto a él. Entonces se produjo el accidente mortal. Pero las crónicas únicamente hablaron de un joven que se había matado cuando viajaba solo en un Porsche blanco.



Columna aparecida en El País








LA CHICA DE LA CURVA, LEYENDA URBANA






JEAN COCTEAU




EL GESTO DE LA MUERTE

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.


Le Grand Écart, (1923)



LAS MIL Y UNA NOCHES



La favorita del pachá por Paul Emil Jacobs (1802-1866) 





EL ÁNGEL DE LA MUERTE Y EL REY DE ISRAEL

Se cuenta de un rey de Israel que fue un tirano. Cierto día, mientras estaba 


sentado en el trono de su reino, vio que entraba un hombre por la puerta de palacio; tenía la apariencia de un pordiosero y un semblante aterrador. Indignado por su aparición, asustado por el aspecto, el rey se puso en pie de un salto y preguntó:

—¿Quién eres? ¿Quién te ha permitido entrar? ¿Quién te ha mandado venir a mi casa?

—Me lo ha mandado el Dueño de la casa. A mí no me anuncian los chambelanes ni necesito permiso para presentarme ante reyes ni me asusta la autoridad de los sultanes ni sus numerosos soldados. Yo soy aquel que no respeta a los tiranos. Nadie puede escapar a mi abrazo; soy el destructor de las dulzuras, el separador de los amigos.

Cuando oyó estas palabras, el rey cayó al suelo, un estremecimiento recorrió todo su cuerpo y quedó sin sentido. Al volver en sí, dijo:

—¡Tú eres el Ángel de la Muerte!

—Sí.

—¡Te ruego, por Dios, que me concedas el aplazamiento de un día tan sólo para que pueda pedir perdón por mis culpas, buscar la absolución de mi Señor y devolver a sus legítimos dueños las riquezas que encierra mi tesoro; así no tendré que pasar las angustias del juicio ni el dolor del castigo!

—¡Ay! ¡Ay! No tienes medio de hacerlo. ¿Cómo te he de conceder un día si los de tu vida están contados, si tus respiraciones están inventariadas, si tu plazo de vida está predeterminado y registrado?

—¡Concédeme una hora!

—La hora también está en la cuenta. Ha transcurrido mientras tú te mantenías en la ignorancia y no te dabas cuenta. Han terminado ya tus respiraciones: sólo te queda una.

—¿Quién estará conmigo mientras sea llevado a la tumba?

—Únicamente tus obras.

—¡No tengo buenas obras!

—Pues, entonces, no cabe duda de que tu morada estará en el fuego, de que en el porvenir te espera la cólera del Todopoderoso.

A continuación le arrebató el alma y el rey cayó del trono al suelo.

Se oyeron los clamores de sus súbditos; se elevaron voces, gritos y llantos; pero si hubieran sabido lo que le preparaba la ira de su Señor, los lamentos y sollozos aún hubiesen sido mayores y más y más fuertes los llantos.


Las mil y una noches (Noche 463)


Ambición terrena por Evelyn de Morgan



ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE






Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
-¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas
ventanas y celosías.
-No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía
-¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día
-Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
-¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña
-¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
-Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
-Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la muerte que allí venía:
-Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.



Retrato de un joven  por Giorgione







CITA EN SAMARRA



Es el título de un cómic traducido al español, Appointment in Samarraque aparece en una antología en blanco y negro sobre Tim Sale, uno de los más famosos y reconocidos dibujantes del cómic norteamericano actual.