miércoles, 2 de enero de 2013

ARTHUR RIMBAUD, MAÑANA



ARTHUR RIMBAUD

Arthur Rimbaud es uno de los máximos representantes del Simbolismo, nació en Charleville, Francia, el 20 de octubre de 1854.

Con una gran precocidad intelectual, empezó a trabajar en su prosa a los ocho años y en poesía a los diez.
A los diecisiete años escribió El barco ebrio y lo envió a Paul Verlaine, quien lo invitó a trasladarse a París impresionado  por la originalidad del poema. 


La amistad entre Verlaine y Rimbaud pronto se convirtió en una relación inestable y tormentosa.
Viajaron por Inglaterra y Bélgica y, en este país, Verlaine intentó matarlo en dos ocasiones debido a las infidelidades de su amigo. En el segundo intento, Rimbaud resultó herido de gravedad y a Verlaine lo encarcelaron.

Al salir del hospital Rimbaud se dedicó al comercio en África, es decir, que a los diecinueve años deja de escribir, cambiando su vida literaria por una vida aventurera.


En 1891 regresó a Francia para ser tratado de un tumor en la rodilla, a consecuencia del cual murió en el hospital de Marsella el 10 noviembre del mismo año.


LIBROS PUBLICADOS



Una temporada en el infierno, 1873



Iluminaciones, 1886

De Una temporada en el Infierno, Paul Claudel dijo “Es la obra de un místico en estado salvaje”. 

Luego de Una temporada en el infierno e Iluminaciones, recopiladas por Verlaine, Rimbaud entró definitivamente en la categoría de los mitos.


MAÑANA

¿No tuve alguna vez una juventud amable, heroica, fabulosa, digna de ser escrita en hojas de oro? — ¡demasiadas posibilidades! ¿Debido a qué crimen, debido a qué error, merecí mi actual debilidad? Vosotros que pretendéis que los animales lanzan sollozos de dolor, que los enfermos desesperan, que los muertos tienen pesadillas, tratad de relatar mi caída y mi sueño. Tampoco yo puedo explicarme mejor que mi mendigo con sus continuos Pater y Ave María. ¡Ya no sé hablar!


Sin embargo, hoy, creo haber terminado la narración de mi infierno. Era sin duda el infierno; el antiguo, aquel cuyas puertas abrió el hijo del hombre.


En el mismo desierto, en la misma noche, siempre mis ojos cansados despiertan con la estrella de plata, siempre, sin que se conmuevan los Reyes de la vida, los tres magos, el corazón, el alma, el espíritu. ¡Cuándo iremos, más allá de las playas y los montes, a saludar el nacimiento del trabajo nuevo, la sabiduría nueva, la huida de los tiranos y de los demonios, el fin de la superstición, a adorar —¡los primeros!— ¡la Navidad sobre la tierra!


¡El canto de los cielos, la marcha de los pueblos! Esclavos, no maldigamos la vida.



Arthur Rimbaud, Una temporada en el infierno



MATIN

N'eus-je pas une fois une jeunesse aimable, héroïque, fabuleuse, à écrire sur des feuilles d'or, - trop de chance!
Par quel crime, par quelle erreur, ai-je mérité ma faiblesse actuelle? Vous qui prétendez que des bêtes poussent des sanglots de chagrin, que des malades désespèrent, que des morts rêvent mal, tâchez de raconter ma chute et mon sommeil. Moi, je ne puis pas plus m'expliquer que le mendiant avec ses continuels Pater et Ave Maria. Je ne sais plus parler!

Pourtant, aujourd'hui, je crois avoir fini la relation de mon enfer. C'était bien l'enfer; l'ancien, celui dont le fils de l'homme ouvrit les portes.

Du même désert, à la même nuit, toujours mes yeux las se réveillent à l'étoile d'argent, toujours, sans que s'émeuvent les Rois de la vie, les trois mages, le coeur l'âme, l'esprit. Quand irons-nous, par delà les grèves et les monts, saluer la naissance du travail nouveau, la sagesse nouvelle, la fuite des tyrans et des démons, la fin de la superstition, adorer - les premiers! - Noël sur la terre!

Le chant des cieux, la marche des peuples! Esclaves, ne maudissons pas la vie.


Arthur Rimbaud, Une Saison en Enfer