viernes, 28 de noviembre de 2014

GLORIA FUERTES, EL CAMELLO COJITO



GLORIA FUERTES
Gloria Fuertes fue una escritora española, conocida principalmente por su faceta de autora de literatura infantil y juvenil.

Ella siempre se definió como "autodidacta y poéticamente desescolarizada".
Aunque son muchas las facetas literarias y musicales que cultivó, la dedicada a la producción para niños es la que le da más fama.
Su nombre ha quedado ligado a dos movimientos literarios: la Generación de los 50 y el movimiento poético denominado Postismo.
Colaboró en las revistas Postismo y Cerbatana, junto con Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi.
En los años 70 participó en programas infantiles de la Televisión española.
Más apreciada y estudiada en el extranjero que en España, la mayoría de los trabajos críticos sobre Gloria Fuertes proceden del hispanismo norteamericano y es escasa la crítica literaria española sobre esta autora.


EL CAMELLO COJITO


Una de las poesías navideñas más populares que muchos niños españoles conocen, representan y recitan en sus colegios es la titulada El camello cojito de Gloria Fuertes.


LA REPRESENTACIÓN ESCOLAR
En los días previos a la vacaciones de Navidad es muy frecuente que los niños de Educación Infantil canten villancicos o representen pequeñas obras de tema navideño en sus colegios.
Por su brevedad, sencillez y por la facilidad de sus rimas, el poema de Gloria Fuertes, El camello cojitoes muy representado.
Aquí puedes leerlo completo:


EL CAMELLO COJITO

(Auto de los Reyes Magos)



El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.

Baltasar fue a... repostar,
más allá del quinto pino....
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su "Longinos".

-¡No llegamos, no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
-son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
Va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.


Gloria Fuertes













Las fotos de la representación navideña pertenecen a La Voz de Rioseco.

jueves, 27 de noviembre de 2014



WILLIAM SHAKESPEARE, NUEVO FIRST FOLIO  DE LA BIBLIOTECA DE ST.-OMER 


Los First Folios de las obras de William Shakespeare se encuentran entre los libros más raros del mundo.

Son objeto de intenso estudio por los expertos debido a las variaciones a veces mínimas que tienen ya que cada cada copia es diferente y por lo que revelan acerca de las intenciones del dramaturgo.

Ahora un First Folio  desconocido previamente ha aparecido en una biblioteca en el norte de Francia, lo que aumenta la cantidad de First Folios que han sobrevivido en el mundo a un total de 233.

Eric Rasmussen profesor de la Universidad de Nevada en Reno


"Esto es es algo grandioso", dijo Eric Rasmussen, un experto estadounidense  en Shakespeare que viajó a Francia este fin de semana para autentificar el volumen. 

"Los First Folios no se presenta muy a menudo, y cuando lo hacen, por lo general están muy vistos y son copias sin interés. Pero este es magnífico".


El libro fue descubierto este otoño de 2014 por los bibliotecarios  que estaban revisando sus colecciones para una exposición sobre la literatura en lengua inglesa en la biblioteca pública en St.-Omer, cerca de Calais.
La portada y otro material introductorio estaban arrancadas, pero Rémy Cordonnier, el director de la colección medieval y moderna de la biblioteca, sospechó que la obra que estaba catalogada como una edición antigua excepcional, de hecho podría ser un First Folio.


El bibliotecario Rémy Cordonnier posa junto al nuevo First Folio

Llamó a Eric Rasmussen, profesor en la Universidad de Nevada en Reno y coautor de The Shakespeare First Folios: A Descriptive Catalogue, que lo identificó en cuestión de minutos.



"Fue muy emotivo darse cuenta de que teníamos una copia de uno de los libros más famosos del mundo," declara Rémy Cordonnier. "Yo ya estaba imaginando la reacción que causaría".

Pocos estudiosos han visto todavía el libro. Pero este descubrimiento de un ejemplar entre los fondos procedentes de un antiguo colegio jesuita ya desaparecido ofrece una nueva perspectiva sobre la debatida cuestión de la relación de Shakespeare con la cultura católica.

James S. Shapiro Profesor de la Universidad de Columbia


"Es un poco como la arqueología," nos dice James Shapiro, un experto en Shakespeare de la Universidad de Columbia. "Cuando nos encontramos con un First folio nos cuenta un poco más acerca de quién leía a Shakespeare y quien lo valoraba".

El First Folio, cuyo descubrimiento fue anunciado primero por el diario regional francés La Voix du Nord, no es el libro más raro que posee la biblioteca de St.-Omer. 
Esta biblioteca también tiene entre sus joyas una Biblia de Gutenberg, de la cual se conocen cuarenta y nueve ejemplares.

Pero pocos libros en el mundo tienen el valor o el interés de un First Folio de Shakespeare.

El First Folio contiene 36 obras de teatro, casi todas las de la producción de Shakespeare. 
Fue impreso en una tirada de unos 800 ejemplares en 1623, siete años después de la muerte del dramaturgo.
Se considera el único texto fiable para la mitad de sus obras de teatro ya que no hay manuscritos conservados de las obras de Shakespeare.


La rareza de los First Folios se extiende hasta a sus desapariciones.
Un ejemplar se sabe que se quemó en el Gran Incendio de Chicago de 1871 y otro se perdió en el hundimiento de un barco de vapor, el SS Ártico frente a Terranova en 1854.




Aparece algún ejemplar nuevo aproximadamente cada década, dice el  profesor Rasmussen.
El más reciente se encontró en la biblioteca de una mujer de Londres que murió sin dejar testamento. "Era un desastre, con un montón de partes mezcladas  del segundo folio", recuerda el profesor Rasmussen.

El First Folio de  la Biblioteca de St.-Omer que se va a exhibir el año que viene, sin duda, atraerá numerosos visitantes a la zona. 



Según el profesor Eric Rasmussen, este hallazgo puede alimentar una de las disputas más polémicas en los estudios sobre Shakespeare: si el dramaturgo era católico en secreto.



Esa afirmación ha sido durante mucho tiempo objeto de estudio por el académico de Harvard, Stephen Greenblatt. 
El descubrimiento del folio en St.-Omer ofrece un poco más de información sobre el tema.
Stephen Greenblatt,  Académico de Harvard

El profesor Rasmussen señaló que el nombre de "Neville", inscrito en la primera página sobreviviente del folio es una posible indicación de que el libro fue llevado a St.-Omer en la década de 1650 por Edward Scarisbrick.
Este "Neville" era un miembro de una prominente familia católica inglesa que se fue con ese alias y asistió a la universidad fundada por los jesuitas cuando a los católicos se les prohibió la asistencia a las universidades de Inglaterra.



"Se han estado haciendo algunos argumentos imprecisos, pero ahora, por primera vez tenemos una conexión entre la red de la universidad jesuita y Shakespeare", dijo. "Los vínculos se han convertido en algo un poco más sustancial cuando se tiene este rastro de papel."



Jean-Christopher Mayer, experto en Shakespeare de la Universidad de Montpellier, en Francia, advierte del peligro de establecer una conexión demasiado fuerte, pero señala que una biblioteca en la norteña ciudad francesa de Douai también era dueña de algunas transcripciones tempranas de las obras de Shakespeare. "Es interesante que las obras estaban en los planes de estudios en estas universidades", dijo. El nuevo folio, añade, "podría ser una pieza del rompecabezas para situar el lugar de Shakespeare en la cultura católica."




El First Folio de St.-Omer también ayudará a desenredar los hilos de la intrincada maraña las versiones más auténticas de las obras de teatro. 
El texto de cada First Folio superviviente difiere sutilmente de los demás.
Los cajistas de la época hacían correcciones en la imprenta constantemente.
Por esta razón existen muchas incertidumbres textuales que, aún hoy en día, acosan a los estudiosos de Shakespeare y a los directores de escena por igual.

Por otro lado, el First Folio de St.-Omer también contiene notas escritas a mano que pueden dar información de cómo se realizaban las obras de teatro en la época de Shakespeare.

En una escena en Enrique IV, la palabra "anfitriona" se cambia a "anfitrión" y "moza" por "compañero" posiblemente reflejando una actuación temprana, donde un personaje femenino se convirtió en un hombre. "Nunca he visto este tipo de cambio de género en un folio de Shakespeare", dice Rasmussen.

Incluso después de años de estudiar First Folios, el profesor Rasmussen parece  un poco sorprendido por el descubrimiento en St.-Omer.



"Aquí estaba un texto del que que todos sabían, que había estado entre los fondos de la biblioteca durante cuatro siglos" comenta "Es lo más parecido que usted puede ver a los programas  de Tv del tipo "Tesoros al descubierto" o  "Antiques Roadshow"


¿QUÉ ES UN FIRST FOLIO DE WILLIAM SHAKESPEARE? 



First Folio, es el nombre atribuido a la primera publicación de la colección de obras teatrales de William Shakespeare. Contenía 36 obras y fue recopilado por John Heminges y Henry Condell, amigos del autor, en 1623, siete años después de su muerte. 
El nombre original es Mr William Shakespeare's Comedies, Histories and Tragedies.

Se estima que aproximadamente se pudieron hacer unas 800 copias de esta obra. 
El censo más reciente calcula aún la existencia en nuestros días de unos 233 ejemplares conservados. 

Las ventas más recientes, por ejemplo en Oriel College Oxford, en el 2003 fijan su precio en torno a 3 millones y medio de libras esterlinas.

Uno se vendió en Christie en el año 2006 por 6 millones ochocientos mil dólares. 

La información para esta entrada está tomada del siguiente enlace perteneciente al periódico:


miércoles, 26 de noviembre de 2014

JUAN GOYTISOLO, LA GUARDIA


JUAN GOYTISOLO

Juan Goytisolo Gay es un escritor e intelectual español nacido en Barcelona en 1931. 

Es hermano de los escritores José Agustín Goytisolo y Luis Goytisolo.

Está considerado el narrador más importante de la Generación de los 50, también llamada Generación del medio siglo o de los niños de la guerra.
Su obra abarca novelas, libros de cuentos y de viajes, ensayos y poesía. 
Juan Goytisolo se describe de esta manera:

"Castellano en Cataluña, afrancesado en España, español en Francia, latino en Norteamérica, nesrani en Marruecos y moro en todas partes, no tardaría en volverme a consecuencia de mi nomadeo y viajes en ese raro espécimen de escritor no reivindicado por nadie, ajeno y reacio a agrupaciones y categorías. El conflicto familiar entre dos culturas fue el primer indicativo, pienso ahora, de un proceso futuro de rupturas y tensiones dinámicas que me pondría extramuros de ideologías, sistemas o entidades abstractas caracterizados siempre por su autosuficiencia y circularidad".


Colabora habitualmente con el periódico El País.
Casado con Monique Lange, escritora guionista y actriz francesa.

Desde la  muerte de su esposa, Monique Lange, en 1996, ha fijado su residencia en Marrakech junto a la familia de su amigo, y expareja, Abdelhadi.

Fallece en Marrakech en junio del 2017. 

Juan Goytisolo siempre tuvo a gala ser el único escritor español que hablaba árabe desde el Arcipreste de Hita.



PREMIO CERVANTES 2014 



Juan Goytisolo Gay ha conseguido el Premio Miguel de Cervantes de las Letras 2014 dotado con 125.000 euros y considerado el galardón literario más importante de la lengua española. 

Según el jurado  Juan Goytisolo ha sido elegido "por su capacidad indagatoria en el lenguaje y propuestas estilísticas complejas, desarrolladas en diversos géneros literarios; por su voluntad de integrar a las dos orillas, a la tradición heterodoxa española y por su apuesta permanente por el diálogo intercultural”.


PARA VIVIR AQUÍ


La obra Para vivir aquí son siete relatos cortos y uno de mayor extensión, que ocupa casi la mitad del libro. 
Cara y cruz, Suburbios, Otoño, en el puerto, cuando llovizna El Viaje, La Guardia, La Ronda, Los amigos y Aquí abajo

LA GUARDIAA Carlos Cortés
Recuerdo muy bien la primera vez que le vi. Estaba sentado en medio del patio, con el torso desnudo y las palmas apoyadas en el suelo y reía silenciosamente. Al principio, creí que bostezaba o sufría un tic o hacía muecas como un enfermo del mal de San Vito, pero al llevarme la mano a la frente y remusgar la vista, descubrí que tenía los ojos cerrados y reía con embeleso. Era un muchacho robusto, con cara de morsa, de piel curtida y basta y pelo rizado y negro. Sus compañeros le espiaban, arrimados a la sombra del colgadizo, y uno con la morra afeitada le interpeló desde la herrería. Con la metralleta al hombro, me acerqué a ver. Aquella risa callada parecía una invención de los sentidos. Los de la guardia vigilaban la entrada del patio, apoyados en sus mosquetones; otro centinela guardaba la puerta que formaba el chaflán del muro de albardilla. El cielo era azul, sin nubes. La solina batía sin piedad a aquella hora y caminé rasando la fresca del muro. El suelo pandeaba a causa del calor y, por entre sus grietas, asomaban diminutas cabezas de lagartija.



El muchacho se había sentado encima de un hormiguero: las hormigas le subían por el pecho, las costillas, los brazos, la espalda; algunas se aventuraban entre las vedijas del pelo, paseaban por la cara, se metían en las orejas. Su cuerpo bullía de puntos negros y permanecía silencioso, con los párpados bajos. Durante el paseo de la víspera me había quedado en el cuerpo de guardia y me detuve a secar el sudor. En la atmósfera pesada y quieta, la cabeza del muchacho se agitaba y vibraba, como un fenómeno de espejismo. Sus labios dibujaban una risa ciega: grandes, carnosos, se entreabrían para emitir una especie de gemido que parecía venirle de muy dentro, como el ronroneo satisfecho de un gato.



Sin que me diera cuenta, sus compañeros se habían aproximado y miraban también. Eran nueve o diez, vestidos con monos sucios y andrajosos, calzados los pies con alpargatas miserables. Algunos llevaban el pelo cortado al rape y guiñaban los ojos, defendiéndose del reverbero del sol.



-Tú, mira, son hormigas...


-Son quirias.

-Hormigas.

-L'hacen cosquiyas.

-Tá en el hormiguero...

Hablaban con grandes aspavientos y sonreían, acechando mi reacción. Al fin, en vista de que no decía nada, uno que sólo tenía una oreja se sentó al lado del muchacho, desabrochó el mono y expuso su torso esquelético al sol. Las hormigas comenzaron a subirle por las manos y tuvo un retozo de risa. «Uy, uy», hizo. Su compañero abrió los ojos entonces y nuestras miradas se cruzaron.

-Mi sargento...

-Sí - dije.

-A ver si nos consigue una pelota... Estamos aburríos...

No le contesté. Uno con acento aragonés exclamó: «Cuidado, que viene el teniente», y aprovechó el movimiento alarmado del de la oreja para guindarle el sitio. Yo les había vuelto la espalda y, poco a poco, los demás se sentaron en torno al hormiguero.

Era la primera guardia que me tiraba (me había incorporado a la unidad el día antes) y la idea de que iba a permanecer allí seis meses me desalentó. Durante media hora caminé por el patio, sin rumbo fijo. Sabía que los presos me espiaban y me sentía incómodo. Huyendo de ellos me fui a dar una vuelta por la plaza de armas. Continuamente me cruzaba con los reclutas. «Es el nuevo», oí decir a uno. El cielo estaba liso como una lámina de papel: el sol parecía incendiarlo todo.

Luego, el cabo batió las palmas y los centinelas se desplegaron con sus bayonetas. Los presos se levantaron a regañadientes: las hormigas ennegrecían sus cuerpos y se las sacudían a manotadas. Pegado a la sombra de la herrería, me enjugué el sudor con el pañuelo. Tenía sed y decidí beber una cerveza en el Hogar. Mientras me iba (había devuelto al cabo las llaves del calabozo) vi que el muchacho se desabotonaba la bragueta y, sin hacer caso de las protestas de los otros, meaba, con una satisfacción cruel, en el hormiguero. 

II

A la hora de fajina, lo volví a ver. El teniente me había dado las llaves y, cuando los cocineros vinieron con la perola del rancho, abrí la puerta del calabozo. De nuevo llevaba la metralleta y el casco y me arrimé a la garita del centinela para descansar.

Los presos escudriñaban a través de la mirilla y al descorrer el cerrojo, se habían abalanzado sobre el caldero. Las lentejas formaban una masa oscura que el cabo distribuía, con un cucharón, entre los cazos. Uno de la guardia había repartido los chuscos a razón de dos por cabeza y, mientras los demás comían ávidamente los suyos, dejó su cazo en el poyo y vino a mi encuentro.

-Mi sargento... ¿Me podría usté hacé un favó?

Apoyé el talón de la metralleta en tierra y le pregunté de qué favor se trataba.

-No es na. Una tontería... -Hablaba con voz socarrona y, por la abertura de la camisa, se rascaba la pelambre del pecho-. Decirle al ordenanza suyo que me traiga luego el diario.

-¿El diario? ¿Qué diario?

-El que reciben ustés en el cuerpo de guardia.

-Recibimos muchos.

-El que habla de fútbol.

-Todos hablan de fútbol. Ninguno habla de otra cosa.

-No sé cómo lo llaman... -murmuró-. Dígaselo al ordenanza. De parte del Quinielas. El sabe cuál es.

-¿El Mundo Deportivo?

-Pué que sea ése... ¿Es uno que lleva la lista de los partíos de primera?

-Sí -repuse-. Lleva la lista de los partidos de primera.

-Entonces, debe de ser el Mundo Deportivo -dijo-. Hace más de un mes que miro pa ver si trae el calendario de la temporá. Lo han de sortear un día de esos...

Me miraba a los ojos, de frente, y escurrió las manos en los bolsillos.

-¿Le gusta a usté el fútbol, mi sargento?

Le dije que no lo sabía; en la vida había puesto los pies en un campo.

-A mí no hay na que me guste más... Antes de entrar en la mili no me perdía un partío...

-¿Cuándo te incorporaste?

-En marzo hizo cuatro años.

-¿Cuatro?

-Soy de la quinta del cincuenta y tres, mi sargento.

El cabo repartía el sobrante de la perola entre los otros y continuó frente a mí, sin moverse:

-Cuatro temporás que no veo jugar al Málaga...

-¿Cuándo te juzgan?

-Uff -hizo-. Con la prisa que llevan... Me haré antes viejo.

Su voz se había suavizado insensiblemente y hablaba como para sí.

-En invierno al menos, cuando hay partíos, leo el diario y me distraigo un poco. Pero, en verano...

-¿Cuándo empieza la Liga? -pregunté.

-No debe de faltar mucho -murmuró-. A fines de agosto suelen hacer el sorteo...

El cabo había terminado la distribución y, uno tras otro, los presos entraron en el calabozo. El muchacho pareció darse cuenta al fin de que le esperaban y miró hacia el patio, haciendo visera con los dedos.

-Si un día abre la puerta y no estoy, ya sabe dónde tié que ir a buscarme...

-¿Al fútbol? -bromeé.

-Sí -dijo él, con seriedad-. Al fútbol.


Había recogido el cazo de lentejas y los chuscos y, antes de meterse en el calabozo, se volvió.

-Acuérdese del diario, mi sargento..

Yo mismo cerré la puerta con llave y corrí el cerrojo. Los centinelas habían formado, mosquetón al hombro y, mientras daba la orden de marchar,contemplé el patio. A aquella hora era una auténtica solanera y los cristales del almacén reverberaban. Entregué las llaves al cabo y, bordeando el muro de las letrinas, me dirigí hacia el cuerpo de guardia.

III

-Hay que tener mucho cuidado con ellos. La mayoría son peligrosos. -Se había sentado al otro lado de la mesa y me analizaba a través de las gafas-. Cuando les des el rancho o los saques a pasear por el patio, conviene que no los pierdas de vista ni un momento. El año pasado a uno de Milicias se le escaparon tres: el Fránkestein, ese otro al que le falta una oreja y uno catalán. Al Fránkestein y al de la oreja los trincaron en Barcelona, pero el otro pudo cruzar la frontera y, a estas horas, debe pasearse todavía por Francia.

Esperaba sin duda algún comentario mío y asentí con la cabeza. El teniente hablaba con voz pausada, cuidando la elección de cada término. Como siempre que me dirigía la palabra, sonreía. Yo le observaba con el rabillo del ojo: pálido, enjuto, llevaba el barbuquejo del casco ajustado y la vaina de su espada sobresalía por debajo de la mesa.

-Enseguida te acostumbrarás a tratarlos, ya verás. Si te cogen miedo desde el principio, te obedecerán y todo marchará como la seda. Si no... -Hizo un ademán con las manos imposible de descifrar-. No conocen más que un lenguaje: el del palo. Cuando les pegas duro, la achantan y, lo que es curioso, te admiran y te quieren. Los españoles somos así. Para cumplir, necesitamos que nos gobiernen a garrotazos.

Por la ventana vi pasar a un grupo de quintos en traje de paseo. Era domingo y la sala de oficiales estaba desierta. Su mobiliario se reducía al escritorio-mesa y media docena de sillas. Clavado en el centro de la pared había un retrato en colores de Franco.

-Ya sé que a los universitarios os repugna gobernar a palo seco y preferís untar las cosas con un poco de vaselina... Estáis acostumbrados a la gente de la ciudad, al trato de personas como tú y como yo, y no conocéis lo que hay debajo. -Señaló los barracones de los soldados con la estilográfica-. Aquí nos llega lo peor de lo peor: el campo de Extremadura, Andalucía, Murcia, La Mancha... La mayor parte de los reclutas son casi analfabetos y algunos no saben siquiera persignarse... En el cuartel no se les enseña solamente a disparar o a marcar el paso. Con un poco de buena voluntad y, a base de perder varias veces el pelo, aprenden a coger el tenedor, a hablar correctamente y a comportarse en la vida como Dios manda...

Abrió uno de los cajones del escritorio y sacó un enorme fajo de papeles. El reloj marcaba las tres y diez: menos de una hora ya, para el relevo de la guardia.

-Un día que tenga tiempo, te enseñaré el historial de los expedientados. Es muy instructivo y estoy seguro de que te interesará. Todos han empezado por una pequeña tontería, se han visto liados poco a poco y, la mayor parte de ellos, acabarán la vida en la cárcel.

Asegurándose de que yo le escuchaba, comenzó a hojear la pila de expedientes: insubordinación, deserción, abandono de arma, robo de quince metros de tubería, robo de capote, robo de saco y medio de harina... El Fránkestein, explicó, había huido tres veces y, las tres veces, lo habían pescado en el mismo bar. El Mochales se había largado al burdel estando de facción. Los quince años que el fiscal reclamaba para el Avellanas se encadenaban a partir de un insignificante latrocinio... Me acordé del preso de las hormigas y le pregunté qué había hecho.

-Es un chico moreno, con el pelo rizado... Uno que le gusta mucho el fútbol.

-Ah -dijo el teniente, sonriendo-. El célebre Quinielas... Seguramente te habrá pedido el diario...

-Sí -dije yo-. Me lo ha pedido.

-Lo hace siempre. Cada vez que hay un suboficial nuevo o de Milicias, le va con el cuento... Está allí por culpa del fútbol y todavía no ha escarmentado...

Abrió otro cajón del escritorio y sacó media docena de libretas.

-Es un técnico -dijo-. Desde hace no sé cuántos años, anota el resultado de los partidos, la clasificación, los goles a favor y los goles en contra y hasta el nombre de los jugadores lesionados. ¿No te ha pedido que le des un par de boletos para las quinielas?

-No.

-Pues aguarda a que empiece la temporada y verás. Se lo pide a todo el mundo. Conociendo como él conoce la preparación de cada equipo, cree que un día u otro acertará y llegará a ser millonario.


-¿Y por qué está en el calabozo? -pregunté-. ¿Robó algo?

-No; no robó nada. Mejor dicho, robó, pero de manera más complicada. -Había corrido la hebilla del barbuquejo y depositó el casco sobre la mesa-. Hace años, cuando llegó, era un muchacho la mar de servicial y, al bajar de campamento, el comandante le buscó un destino en Caja. Nadie desconfiaba de él. En el cuartel pasaba por ser una autoridad en materia de fútbol. No hablaba jamás de otra cosa y, todo el santo día, lo veías por ahí con su libretita copiando la puntuación y los goles. El tío se preparaba para jugar a las quinielas y no se nos ocurrió que, un buen día, podría llevar sus teorías a la práctica.

-¿Cómo, a la práctica?

El teniente echó la silla hacia atrás e hizo una vedija con el humo de su cigarro.

-Un sábado arrambló con cuatro mil pesetas de Caja y las apostó a las quinielas. Durante toda la semana había empollado como un negro sus gráficos y sus estadísticas y estaba convencido de dar en el clavo. Lo de las cuatro mil pesetas no era un robo, era un «adelanto» y creía que, al cabo de pocos días, podría restituirlas sin que nadie se enterara... Lo malo es que el cálculo falló y, al verse descubierto, volvió a hacer otro «préstamo», esta vez de once mil pesetas, estudió la cuestión a fondo, rellenó sus boletos y, zas, volvió a marrarla... Estaba preso en el engranaje y probó una tercera vez: catorce mil. Cuando se dio cuenta había hecho un desfalco de treinta mil pesetas y, a la hora de dar explicaciones, no se le ocurrió otra cosa que ahorcarse.

-¿Se ahorcó?

-Sí. Se falló. -Aplastaba la colilla en el cenicero y tuvo una mueca de desprecio-. Todos se fallan.

El alférez entrante se asomó por la puerta del bar de oficiales. Llevaba el correaje ya, y la espada y el casco y dio una palmada amistosa en el hombro de su compañero. Ladeando la cabeza miré el reloj. Faltaban unos minutos para las cuatro y me fui a escuchar la radio a la sala. Fuera, el sol golpeaba aún. Durante toda la noche no había podido pegar un ojo y ordené al chico de la residencia que subiera a hacerme la cama.

Juan Goytisolo, Para vivir aquí






lunes, 24 de noviembre de 2014

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO, CARTA A MI HERMANO


JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

CARTA A MI HERMANO
Querido Juan: te escribo
para contarte algunas cosas.
Ayer por la mañana
yo no sabía si salir o qué
y sentado en mi silla
ante el café con leche
que se me queda frío
casi todos los días
pensaba que es difícil
-para mí por lo menos-
poner cara de hombre
normal y sonreír
a la gente que veo
que me saluda: al viejo
portero de la casa
y en la calle a quien corre
y atraviesa la acera
detrás de algún asunto
-dinero casi siempre-
esos hombres extraños
culpables, como yo
y también extenuados
o enfermos o perdidos
mas que viven y aguantan
esta vida cochina
y hermosa algunas veces.

Si mi mujer me mira
yo no sé qué decirle:
habla de cosas simples
-de otro año o de un piso
mayor o de la escuela
de Julia-. Ay Julia
yo no quise; tú entiendes
y resulta que crece
cada día y sonríe

me mira y me da besos
me pide una peseta:
me ve como un pirata
honrado y cariñoso
y ríe con la risa
de los que aman la vida
-como a veces yo río
cuando no pienso así-.

Estoy cansado hermano;
me siento como un viejo
inútil que ya hizo
todo el mal que podía
y está de sobra aquí.
Si creyese yo en algo
que todo lo arreglara
para mí -y que no existe-
no odiaría mi vida
ni quisiera morir.
Juan: sé que tú comprendes
lo que me ocurre: sé
que leerás la carta
y pensarás en mí
y en Luis que está mejor
después de todo el lío;
y en todo lo que pesa
como un montón de escombros
en mi memoria. 

En fin:
se termina el papel.
Perdona mis palabras
pero quise explicarte
lo que me está pasando
para sentirme cerca
de ti y de tu ternura
para olvidar un poco
esta sórdida vida
que me cuesta aguantar.
Adiós: escribe pronto
y besos a Monique. 

 Los tres hermanos Goytisolo

viernes, 14 de noviembre de 2014

ISAAC DEL RIVERO Sr., LA REGENTA


ISAAC DEL RIVERO Sr.
Isaac del Rivero de la Llana es un dibujante y guionista ilustrador y editor asturiano, nacido en Colunga en 1931.

Ha sido el impulsor de muchas de las iniciativas llevadas a cabo en Asturias para promocionar el cómic y el cine entre el público infantil y juvenil.
Dibujó para muchos periódicos y entre los asturianos lo hizo para Región, La Hoja del Lunes, El Comercio, La Voz de Asturias, La Nueva España...

Es conocido artísticamente como Isaac del Rivero Sr. ya que es el padre del dibujante Isaac del Rivero Jr.



En su faceta como dibujante de cómic tiene multitud de trabajos entre los que destacan sus trabajos de ilustración y dibujo dedicadas a la obra de Leopoldo Alas "Clarín".

Isaac del Rivero ha dibujado tres de las grandes obras de la obra clariniana: 
La novela en dos tomos La Regenta, la novela corta Doña Berta y una adaptación libre de uno de los cuentos más conocidos de Leopoldo Alas, el titulado ¡Adiós, Cordera! que cuenta con guion y dibujos del propio Rivero, ha sido publicado a todo color y en asturiano, gracias a la traducción de Antón García.


Además, Rivero ha dibujado dos libros dedicados a la figura del escritor y político ilustrado asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos. 



La obra publicada en Editorial Esmena con el título de Jovellanos es un libro de historietas con guion de Juan José Plans. 

La edición en álbum de la obra cuenta con 112 páginas en color y está encuadernado en cartoné.






Otro cómic biográfico que trata la figura del ilustrado gijonés es Jovellanos, la aventura de la razón es un cómic biográfico en forma de libro, con 52 páginas en color dibujadas por Isaac del Rivero y con guion de Paco Abril para EdicionesTrabe. 



PREMIOS DE ISAAC DEL RIVERO Sr.
Entre otros premios y reconocimientos nacionales e internacionales Isaac del Rivero Sr. ha recibido:

El Diploma de Honor de la National Cartoonists Society estadounidense, como reconocimiento a sus servicios al cómic a nivel internacional.





El III Premio Alfonso Iglesias de Cómic en lengua asturiana concedido por la Consejería de Cultura a la obra Doña Berta, una adaptación  libre de la novela corta del mismo nombre de "Clarín".
El jurado, al concederle este premio, valoró por unanimidad que la obra de Isaac del Rivero Sr. se trata de una acertada adaptación de un texto literario al lenguaje propio del cómic y que su trabajo ha destacado por la extraordinaria calidad de las ilustraciones.

DOÑA BERTA









Doña Berta como libro en versión de novela gráfica está publicado en lengua asturiana por Ediciones Trabe y son 80 páginas dibujadas a todo color y en tapa dura.


No se puede olvidar que Doña Berta, es una narración que, para un experto en la obra clariniana como el profesor don José María Martínez Cachero, es una de las obras principales del novelista asturiano del siglo XIX.


LA REGENTA

A lo largo de su vida artística, Isaac del Rivero Sr. ha realizado distintos cómics, entre ellos destaca el dedicado a la adaptación de la novela La Regenta en dos tomos, publicados en 1999 y 2001, según la obra de Clarín.

Isaac del Rivero ha realizada esta adaptación de la polémica novela de Clarín dibujándola a todo color con la técnica minuciosa e hiperrealista que practica desde los años setenta.


La obra se presenta en dos libros de historietas en dos volúmenes con un total de 296 páginas en color, encuadernados en cartoné con sobrecubiertas.



El primer tomo de 160 páginas en color es una traducción a la historieta de la primera parte de La Regenta de Leopoldo Alas "Clarín".

El segundo tomo de 136 páginas en color se corresponde con la segunda parte de la novela clariniana.



Como anécdota hay que mencionar que Isaac del Rivero que es muy aficionado a incluirse a él mismo o a personajes de su entorno en sus dibujos, aparece dibujado en sus viñetas de La Regenta como el personaje de don Víctor Quintanar el anciano marido de Ana Ozores, la famosa protagonista de la obra de "Clarín".





¿QUÉ ES UNA NOVELA GRÁFICA?


Novela gráfica es un término controvertido que se usa desde los años 60 del siglo XX para definir un nuevo tipo de historieta dirigida a un público maduro, que posee un formato de libro y pertenece generalmente a un único autor.

La novela gráfica relata una narración extensa y posee una elevada aspiración literaria.



Se puede decir que una novela gráfica es una historia de ficción dibujada que utiliza las técnicas del cómic y tiene una presentación como la de un libro.