domingo, 11 de junio de 2023

JORGE LUIS BORGES, EL LIBRO DE ARENA

 

JORGE LUIS BORGES
Jorge Luis Borges fue un erudito escritor argentino nacido en Buenos Aires en 1899.
Publicó ensayos, cuentos y poemas y está considerado como una de las grandes figuras de la literatura del siglo XX. 

Su escritura, exigente con el lector y de no fácil comprensión, debido a la simbología personal del autor, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. 
Su familia se trasladó a Europa debido al tratamiento de la ceguera progresiva de su padre que años más tarde Jorge Luis heredaría. Viajarían a París, Milán y Venecia para establecerse en Suiza y finalmente en España. 

En 1938 fallece su padre y comienza a trabajar como bibliotecario en las afueras de Buenos Aires; durante las navidades de ese mismo año sufre un grave accidente, provocado por su progresiva falta de visión, que a punto está de costarle la vida. 
Al agudizarse su ceguera, Borges deberá resignarse a dictar sus cuentos fantásticos, y desde entonces requerirá permanentemente de la solicitud de su madre y de sus amigos para poder escribir, colaboración que resultará muy fructífera. 
Cerca de los setenta años, contrae matrimonio con una antigua amiga de su juventud, Elsa Astete Millán. Este matrimonio fue breve y desdichado. 
Pocos años antes de su muerte, ya octogenario, se casa con María Kodama, su secretaria, compañera y lazarillo.
María era una mujer mucho más joven que él, de origen japonés, a la que nombraría su heredera universal. 
Sus tres colecciones de relatos de mayor proyección son: FiccionesEl Aleph y El Hacedor
Borges con sus obras creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. 
Los temas y motivos de sus textos son recurrentes y obsesivos: el tiempo, los espejos, los libros imaginarios, los laberintos o la búsqueda del nombre de los nombres. 
EL LIBRO DE ARENA

... thy rope of sands... 
George Herbert (1593-1623) 

La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes... No, decididamente no es éste, more geometrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico. 

Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas. Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora. 

—Vendo biblias —me dijo. 

No sin pedantería le contesté: 

—En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta. 

Al cabo de un silencio me contestó. 

—No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir. 

Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela. Sin duda había pasado por muchas manos. Lo examiné; su inusitado peso me sorprendió. En el lomo decía Holy Writ y abajo Bombay

—Será del siglo diecinueve —observé. 

—No sé. No lo he sabido nunca —fue la respuesta. 

Lo abrí al azar. Los caracteres me eran extraños. Las páginas, que me parecieron gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. El texto era apretado y estaba ordenado en versículos. En el ángulo superior de las páginas había cifras arábigas. Me llamó la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño. 

Fue entonces que el desconocido me dijo: 

—Mírela bien. Ya no la verá nunca más. Había una amenaza en la afirmación, pero no en la voz. 

Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura del ancla, hoja tras hoja. Para ocultar mi desconcierto, le dije: 

—Se trata de una versión de la Escritura en alguna lengua indostánica, ¿no es verdad? 

—No —me replicó. 

Luego bajó la voz como para confiarme un secreto: 

—Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de unas rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin. 

Me pidió que buscara la primera hoja. 

Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano. Era como si brotaran del libro. 

—Ahora busque el final. 

También fracasé; apenas logré balbucear con una voz que no era la mía: 

—Esto no puede ser. 

Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo: 

—No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número. 

Después, como si pensara en voz alta: 

—Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo. 

Sus consideraciones me irritaron. Le pregunté: 

—¿Usted es religioso, sin duda? 

—Sí, soy presbiteriano. Mi conciencia está clara. Estoy seguro de no haber estafado al nativo cuando le di la Palabra del Señor a trueque de su libro diabólico. 

Le aseguré que nada tenía que reprocharse, y le pregunté si estaba de paso por estas tierras. Me respondió que dentro de unos días pensaba regresar a su patria. Fue entonces cuando supe que era escocés, de las islas Orcadas. Le dije que a Escocia yo la quería personalmente por el amor de Stevenson y de Hume. 

—Y de Robbie Burns —corrigió. 

Mientras hablábamos yo seguía explorando el libro infinito. Con falsa indiferencia le pregunté: 

—¿Usted se propone ofrecer este curioso espécimen al Museo Británico? 

—No. Se lo ofrezco a usted —me replicó, y fijó una suma elevada. 

Le respondí, con toda verdad, que esa suma era inaccesible para mí y me quedé pensando. Al cabo de unos pocos minutos había urdido mi plan. 

—Le propongo un canje —le dije—. Usted obtuvo este volumen por unas rupias y por la Escritura Sagrada; yo le ofrezco el monto de mi jubilación, que acabo de cobrar, y la Biblia de Wiclif en letra gótica. La heredé de mis padres. 

—A black letter Wiclif! —murmuró. 

Fui a mi dormitorio y le traje el dinero y el libro. Volvió las hojas y estudió la carátula con fervor de bibliófilo. 

—Trato hecho —me dijo. 

Me asombró que no regateara. Sólo después comprendería que había entrado en mi casa con la decisión de vender el libro. No contó los billetes, y los guardó. Hablamos de la India, de las Orcadas y de los jarls noruegos que las rigieron. Era de noche cuando el hombre se fue. No he vuelto a verlo ni sé su nombre. 

Pensé guardar el Libro de Arena en el hueco que había dejado el Wiclif, pero opté al fin por esconderlo detrás de unos volúmenes descabalados de Las mil y una noches

Me acosté y no dormí. A las tres o cuatro de la mañana prendí la luz. Busqué el libro imposible, y volví las hojas. En una de ellas vi grabada una máscara. El ángulo llevaba una cifra, ya no sé cuál, elevada a la novena potencia. 

No mostré a nadie mi tesoro. A la dicha de poseerlo se agregó el temor de que lo robaran, y después el recelo de que no fuera verdaderamente infinito. Esas dos inquietudes agravaron mi ya vieja misantropía. Me quedaban unos amigos; dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro. 

Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad. 

Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita y sofocara de humo al planeta. 

Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta. 
Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México.

Jorge Luis Borges

viernes, 9 de junio de 2023

LEONIE SWANN, LAS OVEJAS DE GLENNKILL

 

LEONIE SWANN
Leonie Swann es el seudónimo de una escritora alemana de novela policíaca.
Nacida en Dachau en 1975, Leonie estudió Filosofía, Psicología y Literatura inglesa en Múnich y ha vivido entre  Berlín, Inglaterra y Francia.
Su primera novela, Las ovejas de Glennkill, vendió más de 100.000 ejemplares en los primeros seis meses después de su publicación en 2005. 
Ha sido traducida a 32 idiomas y en la actualidad ha vendido más de un cuarto de millón de ejemplares.
Su segunda novela, Garou, publicada en 2010 y titulada en español ¡Que viene el lobo!  es una secuela de Glennkill, y no es una novela policíaca sino un thriller.

ARGUMENTO DE LAS OVEJAS DE GLENNKILL


En una colina cercana a la apacible y pintoresca aldea de Glennkill, un rebaño de ovejas rodea el cadáver de un hombre.
Se trata de su pastor, George Glenn, que ha amanecido muerto en la hierba con una pala atravesándole el pecho.
¿Quién puede haberlo asesinado? ¿Y por qué? De inmediato, las rumiantes se reúnen y, una vez acordada la conveniencia de investigar, se ponen en marcha. 
Por fortuna para el lector, el pastor las ha dejado inusualmente preparadas, ya que su impulso indagador deriva de la costumbre de George de leerles un rato todas las noches: algunos cuentos de hadas, libros de texto, muchas novelas románticas y algún tratado de enfermedades del ganado lanar, e incluso parte de una novela policíaca. 
Aunque pronto quedará claro que no van a faltar sospechosos, descubrir al asesino no será tarea fácil, por lo que Miss Maple y sus espabiladas compañeras deberán hacer gala de la antigua sabiduría ovina, de sus agudos poderes de observación y de lo que aprendieron de los libros si quieren descifrar con éxito las enigmáticas claves del comportamiento de los humanos, esos seres extraños.
En el camino, las ovejas enfrentan sus propias luchas demasiado humanas con la culpa, las fechorías y el amor no correspondido.

LOS DETECTIVES OVINOS
El equipo de investigadores ovinos dirigido por Miss Maple incluye a los siguientes personajes:
MISS MAPLE: Es conocida como la oveja más inteligente de Glenkill y posiblemente del mundo, dirige la investigación sobre la muerte de George.
SIR RITCHFIELD: Es un carnero que a veces parece tener una mente divagante. Se olvida de las cosas con facilidad, especialmente cuando se preocupa por algo.
OTHELLO: Este carnero negro es la "oveja negra" literal del rebaño. Es algo misterioso. No lleva mucho tiempo con el rebaño y parece tener un pasado oscuro y problemático en un circo.
MOPPLE THE WHALE:  Es un carnero muy corpulento de la raza Merina, no olvida nada de lo que oye y le gusta comer.
ZORA: Una oveja pensativa de cara negra de la raza Scottish Blackface con debilidad por las nubes y fascinada por las alturas y los abismos.
MELMOTH: Es un carnero legendario que desapareció y su historia sirve como un cuento con moraleja para los corderos. Es el hermano gemelo perdido de Sir Ritchfield.
Junto con otros miembros del rebaño, se involucran en discusiones nocturnas sobre el crimen, especulaciones metafísicas salvajes y se embarcan en misiones de reconocimiento en la aldea, donde se encuentran con algunos sospechosos probables. 
Con nombres de reconocibles raíces literarias, las ovejas se enfrentarán no solo al problema de descubrir quién mató a su querido pastor sino también como comunicarán sus hallazgos a los humanos.
LA NOVELA POLICÍACA Y EL HUMOR
Las ovejas de Glennkill es una novela divertida, fresca y entrañable, que presenta al lector una maravillosa nueva generación de detectives: un rebaño de ovejas.
De carácter en gran medida humorístico, la novela muestra un gran conocimiento del comportamiento, la biología, la cría y las razas de las ovejas. 
Las ovejas del rebaño son de diferentes razas entre ellas hay ovejas de la raza Merina,de la raza Scottish Blackface  y de las Hébridas entre otras. 
Usando la perspectiva del rebaño, Swann hace comentarios cómicos sobre el carácter y las instituciones humanas.
La novela policíaca de humor es un subgénero que ha sido muy cultivado. No podemos olvidar obras como El misterio de la cripta embrujada de Eduardo Mendoza, El ladrón de la Navidad de Mary Higgins Clark y Carol Higgins Clark, El leñador de Michal Witkowski o La plata de Britania de Lindsey Davis, entre otras.
LEONIE SWANN SOBRE LOS ANIMALES

"Los animales son nuestro vínculo con la naturaleza, son tan cercanos a nosotros y al mismo tiempo tan diferentes, son sorprendentes, impredecibles, reales, divertidos y emotivos, y por lo tanto excelentes héroes de novela."
FUENTES UTILIZADAS
Para la realización de esta entrada se han utilizado, entre otras, las siguientes fuentes: Swann, Leonie. Las ovejas de Glennkill. Editorial Salamandra. Colección Narrativa. 2016. ISBN: 8498380812. KIR. München. Magazine. El nuevo libro de Leonie Swann. Annika Kindermann. 2020. Leonie Swann (@_leonieswann)Fotos y vídeos de Instagram.
Las imágenes o vídeos que la acompañan se utilizan solo con fines educativos y el © de las fotografías y el © de los vídeos pertenecen a sus autores.

lunes, 5 de junio de 2023

ELIZABETH BARRETT BROWNING. A FLUSH, MI PERRO

 

ELIZABETH BARRETT BROWNING

Elizabeth Barrett nace en Durham, Inglaterra, en una familia acomodada. Su padre tenía una plantación de azúcar  en Jamaica.
Elizabeth vivió una niñez feliz en compañía de sus 11 hermanos en su mansión en el campo, en Herefordshire.
Antes de que Elizabeth Barrett cumpliera 10 años, había leído las historias de Inglaterra, Grecia y Roma, fragmentos de Homero, pasajes del Paraíso perdido de Milton y varias obras de Shakespeare, entre ellas Otelo y La tempestad.
Con la ruina familiar debida a una rebelión de los esclavos de su plantación jamaicana, se trasladaron a Londres, donde Elizabeth, ya con problemas de salud, empezó a ser reconocida como una de las poetas jóvenes más originales y talentosas de Inglaterra.
Pero los doctores aconsejaron a Elizabeth un clima más suave y la familia se trasladó algunos años a Torquay.
La mala salud de Elizabeth se agravó con la muerte de dos de sus hermanos, uno de ellos su favorito y la familia regresó a Londres.
Casi impedida y recluída en su habitación, se dedicó al estudio, la lectura, la traducción de los clásicos y a componer poesía.
La perspectiva de encontrarse con extraños la ponía nerviosa y solo recibía en su habitación a dos visitantes además de su familia: el poeta John Kenyon y la escritora Mary Russell Mitford que se carteaba con ella y le enviaba muchas veces flores.
En una ocasión Mary le regaló a Flush, un perro cocker spaniel, para que le hiciera compañía en su enfermedad.
Robert Browning visita a Elizabeth Barrett en el 50 de Wimpole Street by Celestial Images

A pesar de su fama como escritora, Elizabeth Barret vivió  una existencia oscura hasta 1845, año en que recibió una carta de Robert Browning, un joven poeta que empezaba de esta manera: "Amo sus versos con todo mi corazón, querida señorita Barrett..."
Elizabeth Barrett, tras una breve correspondencia basada en la admiración mutua, logró conocer a Browning. 
Ambos se enamoraron y, ante la oposición del padre de Elizabeth, se casaron en secreto y se fugaron a Italia.
En su fuga, Elizabeth  se llevó consigo a su perro Flush.
Fruto de estos amores es su obra más famosa, los Sonetos del portugués, una colección de 44 sonetos de amor.
En Florencia residieron en el Palazzo Guidi y allí vivió Elizabeth Barrett Browning en "suprema felicidad" el resto de su existencia, junto a su marido, su hijo Pen y su perro Flush.
Elizabeth Barret Browning en la Casa Guidi en Florencia

ELIZABETH BARRETT Y FLUSH
Dibujo original a lápiz de Flush

Mary Russell Mitford, otra escritora, le regaló a Elizabeth un  cocker spaniel de su camada al que llamó Flush.
Este cachorro sirvió a Elizabeth de compañía y consuelo para mitigar la pena después de la muerte de su hermano.
El perro fue muy querido por su dueña, se lo robaron tres veces y tuvo que pagar por su rescate para recuperarlo. 
También es famoso por haber mordido en varias ocasiones a Robert Browning cuando cortejaba a su ama.
Aunque Flush no asistió a la boda, sí huyó con la pareja a Italia donde pasaron el resto de su vida. 
Virginia Woolf escribió un libro sobre este animal titulado Flush: Biografía de un perro, ilustrado por su hermana Vanessa Bell.
Desde el principio, Elizabeth Barrett adoró tanto a Flush que le dedicó este poema.

A FLUSH, MI PERRO

Amante amigo, el regalo de alguien,
que, su propia fe verdadera, ha pasado,
a través de tu naturaleza inferior;
que mi bendición sea dicha
con mi mano sobre tu cabeza,
¡Amable criatura!

Como los tirabuzones de una dama,
fluyen tus orejas de seda
a ambos lados recatadamente,
de tu pecho vestido de plata
brillando puramente
sobre el resto de tu cuerpo.

Tu cuerpo es marrón oscuro,
hasta que la luz del sol, golpeándolo,
alquimiza su dulzura,
cuando los rizos lisos
se vuelven dorados,
con una plenitud bruñida.

Bajo mi mano acariciadora,
ojos sorprendidos de color avellana
encendidos, agrandándose,
saltas arriba con un resorte,
lleno de travesuras y curvas,
saltando como un corcel.

¡Salta! Tu ancha cola ondea una luz;
¡Salta! Tus patas delgadas son brillantes,
cubiertas de flecos.
¡Salta! Tus orejas con borlas
parpadean extrañamente, bellas y finas,
por sus dorados centímetros

Sin embargo, mi bello y deportista amigo,
poco es para tal fin
que alabe tu rareza.
Otros perros pueden ser tus pares
tal vez en estas orejas caídas,
y esta brillante belleza.

Pero de ti se dirá,
este perro velaba junto a una cama
día y noche sin descanso,
vigilando dentro de una habitación con cortinas,
donde ningún rayo de sol rompía la penumbra
que rodea a la enferma y triste.

Rosas, reunidas en un jarrón,
en aquella cámara morían rápido,
a la brisa y a la luz renunciando -
Este perro solo, esperó,
sabiendo que cuando la luz se ha ido,
El amor permanece para brillar.

Otros perros en el rocío del tomillo
rastrearon a las liebres y las siguieron
soleado páramo o prado -
Este perro solo, se arrastró y se arrastró
junto a una lánguida mejilla que dormía
compartiendo en la sombra.

Otros perros de leal alegría
se acercaban al silbido,
por el bosque se apresuran -
Este perro solo, vigiló al alcance
de una palabra débilmente pronunciada,
o  de un suspiro más fuerte.

Y si una o dos lágrimas rápidas
caían sobre sus lustrosas orejas
o un suspiro llegaba doble, -
se levantaba a toda prisa,
adulando, acariciando, respirando rápido,
en un tierno desasosiego.

Y este perro estaba satisfecho,
Si una pálida y delgada mano se deslizaba,
...por sus orejas inclinadas...
en la que empujaba su nariz dentro,
después de, - acomodar su barbilla
en la palma dejada abierta.

Este perro, si una voz amistosa
le llama ahora a una mejor elección
que la de guardar tal cámara,
¡Sal! Rogando desde la puerta.
Retrocede como antes,
saltando hacia mí.

Por lo tanto a este perro yo,
con ternura, no con desprecio,
le rendiré alabanza y favor.
Con mi mano sobre su cabeza,
Diré mi bendición
por tanto, y para siempre.

Y porque me quiere tanto,
Más que lo que sus semejantes harían,
o a menudo, hombre o mujer,
le devolveré más amor
Que el que los perros a 
menudo reciben de los hombres, -
Apoyándome en mi Humano.

Bendito seas, perro mío,
collares bonitos te hagan bello,
la leche azucarada te engorde.
los placeres se muevan en tu cola -
Manos de suave movimiento
nunca falten para acariciarte.

Almohada suave para tu cabeza,
en colcha de seda repose,
la luz del sol te ayude a dormir.
el zumbido de ninguna mosca te despierte -
Nadie rompa tu taza púrpura,
dispuesta para beber hasta el fondo.

Gatos bigotudos huyan de ti -
los tapones resistentes alejen de ti
las colonias destiladas;
las nueces estén en tu camino como piedras,
Y tus macarons de días de fiesta
se convierten en raciones diarias.

¿Me burlo de ti, deseándote el bien? -
Se me llenan los ojos de lágrimas al sentir
que estás hecho tan rectamente,
la bendición debe ser también recta, -
Poco puedes disfrutar o hacer,
tú que amas tanto.

Pero bendito seas hasta la altura
de todo bien y todo deleite
permitido por tu naturaleza, -
Solo que amado más allá de esa línea,
con un amor que responde al tuyo,
¡Compañero de amor!

Elizabeth Barrett Browning

FUENTES UTILIZADAS
Para la realización de esta entrada se han utilizado, entre otras, las siguientes fuentes: Poetry Foundation. To Flush, My DogElizabeth Barrett Browning.  Baylor University. Texas. Elizabeth Barrett Browning. www.baylor.edu/library/index.
Middleburlife. Hunt Country. Then & There. Flush With Love: A Jealous Heart and a Stolen Dog. Richard Hooper. www.middleburglife.com
Las imágenes o vídeos que la acompañan se utilizan solo con fines educativos y el © de las fotografías y el © de los vídeos pertenecen a sus autores.