lunes, 8 de abril de 2013

GEORG FRANCK VON FRANCKENAU, ACERCA DE LOS HUEVOS DE PASCUA

GEORG FRANCK VON FRANCKENAU

Médico y botánico alemán de mediados del siglo XVII.

Georg Franck von Franckenau nació en 1643 en la ciudad de  Naumburg en Alemania.

Dio clases de Anatomía, Química y Botánica en Jena y llegó a ser profesor de Medicina en la Universidad de Heidelberg.

Entre sus obras destaca por su curiosidad el libro titulado De ovis paschalibus en el que habla de los huevos de Pascua.


Se trasladó a Dinamarca como médico personal de Christian V,  rey de Dinamarca y Noruega,  y falleció en Copenhague en 1704.



ACERCA DE LOS HUEVOS DE PASCUA



En el año de 1682 Georg Franck von Franckenau escribió un ensayo titulado De ovis paschalibus, Sobre los huevos de Pascua, a los que considera antiguos símbolos paganos de vida y fertilidad conectados con la fiesta de Pascua.

En este ensayo nos explica sus significado, menciona por primera vez al Conejo de Pascua y nos dice:


"En Alsacia y en las regiones vecinas estos huevos se llaman huevos del conejo debido al mito que se cuenta para hacer creer a las personas simples y a los niños que el Conejo de Pascua los va poniendo y escondiendo en la hierba de los jardines, por eso los niños los buscan así con más entusiasmo para el deleite de los sonrientes adultos."



EL CONEJO DE PASCUA
El Conejo de Pascua es el personaje que se conoce por esconder los huevos de chocolate que los niños buscan el Día de Pascua. 
Se mencionó por primera vez en la obra del escritor Georg Franck von Franckenau, Acerca de los huevos de Pascua, donde señala que los huevos eran traídos por un conejo,  según una antigua tradición de la Alsacia en Francia.





El conejo o la liebre como símbolos de pascua tienen un origen muy antiguo.

Las liebres y los conejos, eran los animales más fértiles que existían y siempre fueron los símbolos de la nueva vida  y el regreso de la primavera.
Los primeros conejitos comestibles de pascua, fueron hechos en Alemania a principios de 1800. 
Se elaboraban a base de pasteles y azúcar.

La tradición de los conejos de pascua de chocolate está extendida por muchos países del mundo.

LA LEYENDA DEL CONEJO DE PASCUA
Varias leyendas conectan al Conejo de Pascua con la celebración de la Pascua cristiana.

Por ejemplo, esta leyenda de El conejo del Santo Sepulcro:

Cuando depositaron a Jesús en el santo sepulcro, había dentro de la cueva un conejo escondido que vio con asombro cómo toda la gente lloraba y estaba triste. 
El conejo se quedó allí dentro viendo el cuerpo de Jesús cuando colocaron la gran la piedra que cerraba la entrada.
Se preguntaba quién sería ese señor a quien querían tanto todas las personas. 
Al tercer día presenció algo sorprendente: Jesús se levantó, un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva resucitado.
El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió que tenía que avisar a todo el mundo que ya no tenían que estar tristes porque el Señor había resucitado. 
Pero como los conejos no hablan, se le ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, todos entenderían el mensaje de vida y alegría, y así lo hizo. 
Desde entonces, el conejo sale cada domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordar que Jesús resucitó y que hay que vivir alegres.




















LOS HUEVOS DE PASCUA

De entre todas todas las imágenes que se identifican con la Pascua destaca el huevo como símbolo de la fertilidad y de la nueva vida.



Originalmente, los huevos de pascua se pintaban con colores brillantes para representar la luz del sol en la primavera.
Se teñían de colores y se pintaban con hermosos diseños.


En la Edad Media los señores se los regalaban a los criados.

Y las parejas de novios los intercambiaban como regalo para el día de los enamorados.



Los huevos se entregaban a las iglesias y a los conventos como donaciones o para pedir favores a los santos.


Los distintos países y culturas han desarrollado sus propias maneras de adornar los huevos de Pascua. 
Los huevos se ofrecen naturales o pintados, teñidos, dibujados, vaciados y delicadamente perforados con filigranas o hechos de  materiales tan diversos como el chocolate, el cristal, el oro el marfil o las piedras preciosas.



LOS HUEVOS DEL TSOUGRISTMA 

Por ejemplo, en Grecia, los huevos teñidos de color rojo, son el símbolo para representar la sangre de Cristo en la Pascua ortodoxa griega.

También simbolizan la nueva vida, la resurrección y la vuelta a la luz. 

Las familias preparan docenas de huevos teñidos de rojo, para decoración, para comer y para jugar.

Uno de los juegos tradicionales de la pascua es el Tsougrisma.
En este juego, dos personas con sendos huevos rojos en la mano, tratan de golpearlos levemente uno contra otro para hacer que el del contrincante se resquebraje.

El último que queda con el huevo sin romper es el ganador y  tendrá buena fortuna durante todo el año.





LOS HUEVOS DE PYSANKY
Los huevos de Pysanky son una obra maestra tanto por su habilidad para diseñarlos como por su elaboración.

Se le aplica cera de abeja derretida al huevo blanco fresco.

Luego se sumerge en baños sucesivos con diferentes colores para ir creando una gama con diferentes líneas de colores de indescriptible belleza, lo que lo convierte en una obra de arte.


Para lograr esto, en el extremo de cada huevo se les hace una pequeña perforación con una aguja y se sopla el contenido que se deposita en una fuente.
Estos  huevos se cuelgan de arbustos y árboles durante la Pascua.



LOS HUEVOS DE FABERGÉ


Un huevo de Fabergé es una de las sesenta y nueve joyas creadas por Carl Fabergé  y sus artesanos de la empresa Fabergé para los zares de Rusia, Alejandro III y Nicolás II, así como para algunos miembros de la nobleza y la burguesía industrial y financiera, entre los años 1885 y 1917. 


Los huevos de Fabergé se consideran obras maestras del arte de la joyería.
De los sesenta y nueve huevos que hizo en total la Casa Fabergé para los zares, la aristocracia y la élite industrial y financiera, se conservan sesenta y uno.

Se conocen cincuenta y dos huevos imperiales, cuarenta y cuatro de los cuales se han localizado hoy, entre ellos los dos últimos de 1917 que nunca fueron entregados ni terminados a causa de la Revolución rusa.  
Entre los inacabados destaca el Huevo de la constelación del Zarevich. 
Los restantes ocho huevos imperiales se consideran perdidos o desaparecidos.
Dos se conocen solamente por haber sido fotografiados en primer plano.
Otros tres se han descubierto en 2007, dos de ellos en una foto tomada a una vitrina de la zarina María Fyodorevna, donde aparece el tercer huevo imperial y el huevo con querubín y carruaje, este último quedó reflejado en el cristal de la misma.
En cuanto al huevo del neceser figura en una fotografía de la joyería Wartski, en Londres, en la parte inferior de una vitrina. No se tiene ningún documento visual de los otros tres.


LOS HUEVOS PINTOS
La fiesta se celebra en las localidades de la Pola de Siero y de Sama de Langreo en Asturias, el martes siguiente al domingo de Pascua. 
La fiesta consiste en la exposición, venta y regalo de huevos pintados de forma artesanal. 



Los huevos están pintados con dibujos y escenas tradicionales acompañados de símbolos o frases alusorias. 



Durante todo el día  numerosos habitantes de la Pola y de Sama visten el traje tradicional asturiano y asisten a la bendición de los huevos pintos.


Se celebran además desfiles de carrozas, espichas con sidra, comidas familiares y meriendas populares, se bailan danzas y bailes tradicionales, se gastan bromas, se hace la subasta del ramo y la fiesta termina con una verbena hasta altas horas de la noche.