lunes, 25 de abril de 2011

JAIME GIL DE BIEDMA, NO VOLVERÉ A SER JOVEN



















JAIME GIL DE BIEDMA

Nacido en Barcelona 1929, dentro de una familia de la alta burguesía castellana. Estudió Derecho en Barcelona y Salamanca.
Alto ejecutivo de una empresa de tabacos, su empleo le permitió viajar por todo el mundo y vivir largas temporadas en Manila.
Es uno de los miembros más importantes de la Generación del 50 y  la Escuela de Barcelona.
Gil de Biedma compuso una breve e intensa obra poética, considerada por muchos como la más influyente de la última mitad del  siglo XX en España.
Su poesía gira en torno a su visión de la sociedad, su complicada vida amorosa, su temor a la vejez y al paso del tiempo.
El poeta mismo declara: "en mi poesía no hay más que dos temas: el paso del tiempo y yo".
Su obra recoge cinco siglos de la mejor tradición poética española; incorpora la tradición inglesa de los años treinta, como Auden o Eliot; también el acervo popular, elementos de rock y de pop, la canción francesa, la zarzuela... Todo ello unido aun perfecto dominio del léxico.
En 1974, sin que se conozca un motivo claro, se retiró de la vida pública, abandonando casi por completo su producción literaria.
Muere en Barcelona en 1990.
Sus memorias reciben el título de  Diario de un artista seriamente enfermo. Fueron publicadas por expreso deseo del poeta tras su muerte.

LEE Y ESCUCHA CANTAR Y RECITAR UNO DE SUS POEMAS


No volveré a ser joven


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

"Poemas póstumos" 1968







LOQUILLO INTERPRETA "NO VOLVERÉ A SER JOVEN"






BUNBURY RECITA "NO VOLVERÉ A SER JOVEN"






¿FUE POSIBLE QUE YO NO TE SUPIERA...



¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí, perdido en las miradas?

Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.

Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!

Pero pasaste
como un Dios destruido.

Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.