domingo, 1 de diciembre de 2013

OVIDIO, LAS METAMORFOSIS. PÍRAMO Y TISBE

PUBLIO OVIDIO NASÓN


Publio Ovidio Nasón es un poeta romano nacido en Sulmona, cerca de Roma. 

Educado para seguir una carrera política, destacó en el arte de la retórica y dedicó la mayor parte de su esfuerzo a escribir poesía. 

En Roma, donde residió hasta los cincuenta años de edad, se relacionó con la más alta sociedad, incluido el emperador Augusto. 


En el año 8 d.C. cayó en desgracia y fue desterrado hasta su muerte en Tomis, la actual Constanza en Rumanía, en el Ponto Euxino, cerca del Mar Negro.

No se conoce con exactitud la causa aunque se menciona que lo apartaron de Roma porque conocía un escándalo secreto de Julia, la hija del emperador. 

El propio Ovidio supone que el destierro, que nunca le fue levantado, se debió al tono libertino de algunas de sus obras.


La popularidad de Ovidio continuó después de su muerte, a pesar de que el emperador Augusto retirara sus obras de las bibliotecas públicas.
La influencia de Ovidio fue enorme durante la Edad Media. 



Píramo y Tisbe en la Metamorphosis de Ovidio, 

editada por William Caxton 1480.



LAS METAMORFOSIS

Ovidio escribió Las Metamorfosis, un largo poema en quince volúmenes que recoge diversas historias y leyendas mitológicas sobre el tema de la metamorfosis o transformación. 

El poema comienza con la primera gran metamorfosis, la creación del universo, y concluye con la muerte y la deificación de Julio César. 

Muchas de las historias muestran la relación entre los mortales y los dioses, las consecuencias de la obediencia o la desobediencia, y su posterior recompensa o castigo en una transformación final.

Ovidio trata en Las Metamorfosis  la trágica historia de amor de los enamorados Píramo y Tisbe que será una de las inspiraciones de Shakespeare a la hora de escribir la tragedia de Romeo y Julieta.


















Píramo y Tisbe por Abraham Hondius

TEXTO DE LAS METAMORFOSIS DE OVIDIO:
PÍRAMO Y TISBE

Píramo y Tisbe —él, el más bello de los jóvenes; ella, la mejor entre las doncellas que tuvo Oriente— tenían casas contiguas, donde se dice que Semíramis había ceñido la alta ciudad con muros de barro cocido.



Su vecindad hizo que se conocieran y dieran los primeros pasos y con el tiempo creció el amor.
Se habrían incluso unido en matrimonio, pero se lo prohibieron sus padres.
Lo que no pudieron impedir era que por igual ardieran ambos con cautivos ánimos.



No hay ningún testigo. Con gestos y señas se hablan, y cuanto más lo cubren, más arde ese oculto fuego.



Se había abierto una pequeña grieta hacía tiempo, mientras la construían, en la pared común de ambas casas.

Este defecto no había sido percibido por nadie durante largos siglos. ¿Pero qué no ve el amor?
Los amantes lo visteis los primeros y lo hicisteis camino para la voz y seguras, a través de él, entre leves murmullos, solían viajar vuestras delicadezas.


A menudo, cuando estaba por un lado Tisbe y por el otro Píramo y mutuamente habían captado la respiración de sus bocas, decían:
“¡Pared envidiosa! ¿Por qué te interpones entre los amantes?¿Cuánto sería que nos dejaras unirnos con nuestro cuerpo entero o, si esto es demasiado, te abrieras para que nos diéramos besos?

Y no somos ingratos: sabemos que a ti te debemos el que se haya dado a nuestras palabras un camino hacia los oídos amados”.

Después de decir tales cosas en vano, en distintas habitaciones, a la noche, se dijeron “adiós” y a su parte de la pared dieron besos, cada uno a la suya, sin que llegaran a su destino.
Tisbe por Waterhouse

La siguiente aurora había borrado los fuegos nocturnos y el sol había secado las hierbas cubiertas de escarcha con sus rayos.
Se unieron en el lugar de siempre.
Entonces, entre pequeños susurros y muchas quejas, acuerdan que en la silenciosa noche intentarán burlar a sus guardias y salir de sus puertas y, cuando hayan salido de casa, también los edificios de la ciudad abandonarán.
Para no equivocarse por el amplio campo mientras huyen, quedarán en la tumba de Nino y se ocultarán bajo la sombra del árbol. Un árbol que había allí, rebosante de níveos frutos, una elevada morera, cerca de un frío manantial.
Les gusta el pacto y la luz, que parecía que se alejaba tarde, se precipita a las aguas, y de esas mismas aguas sale la noche.
Habilidosa, entre las tinieblas abre la puerta Tisbe.
Sale y burla a los suyos, y con la cara cubierta llega al túmulo y se sienta bajo el árbol que habían dicho: el amor la hace audaz.
He aquí que llega una leona, con el hocico espumeante por la reciente matanza de unos bueyes, para aplacar su sed en las aguas del manantial vecino.
La babilonia Tisbe avistó a la leona, de lejos, ante los rayos de la luna, y huyó hacia una cueva oscura con temeroso paso y, mientras huía, dejó a sus espaldas un velo que se le cayó.
Cuando la feroz leona hubo satisfecho su sed con mucha agua, volvió al bosque, encontró por casualidad el fino velo sin su dueña y lo destrozó con sus fauces ensangrentadas.
Píramo salió más tarde y vio las huellas certeras, de una fiera, en el denso polvo  y  se le puso la cara completamente pálida pero cuando descubrió también el pañuelo, teñido de sangre, dijo:
“Una sola noche perderá a dos amantes, de los que ella fue la más digna de una larga vida. 
Mi alma es dañina. Yo a ti, desdichada, te he buscado la perdición. 
Yo, que te ordené que vinieras de noche a un lugar lleno de terror y no he venido aquí el primero. 
¡Despedazad mi cuerpo y consumid con fiero mordisco mis criminales entrañas, oh, leones que habitáis bajo esta roca! Pero es de cobardes buscar la muerte”. 

El velo de Tisbe coge y lo lleva consigo a la sombra del árbol pactado y cuando hubo regado con lágrimas el conocido velo, cuando le hubo dado besos, dijo:
“¡Recibe ahora también la corriente de mi sangre!” 
Y el hierro con el que se había ceñido se llevó al abdomen y sin demora, muriendo, se lo sacó de la ferviente herida.
Cuando ya yacía boca arriba en el suelo, la sangre salía a borbotones, no de otra forma que cuando un tubo de plomo oxidado se raja y por el pequeño orificio, con gran ruido, abundante lanza agua y surca el aire con ímpetu.
Los frutos del árbol toman una negra apariencia, por las salpicaduras de la matanza y la raíz, humedecida por la sangre, tiñe de color púrpura las moras que cuelgan.

He aquí que, aún no olvidado su miedo, para no fallar a su amante, ella vuelve y busca al joven con los ojos y el alma y se alegra por poder contarle a cuantos peligros ha escapado.
Y, aunque reconoce el lugar y la apariencia del árbol visto, sin embargo la pone en duda el color de los frutos y se queda inmóvil.
¿Será aquí?
Mientras vacila, ve que unos miembros temblorosos palpitan en el cruento suelo, y lleva hacia atrás sus pasos, con la cara más pálida que el boj, y se estremece como el mar, que se agita cuando una ligera brisa lo mueve en la superficie.
Pero después de que reconoce a su amor, se detiene, se golpea con certeros golpes los inocentes brazos y se mesa los cabellos y se abraza al cuerpo amado.
Llena de lágrimas las heridas y el llanto con la sangre mezcla, y, clavando besos en su rostro helado, exclama:
“¡Píramo, ¿qué desgracia te aleja de mí?! ¡Píramo, responde! ¡Tu queridísima Tisbe te llama! ¡Escucha y levanta tu rostro, ahora caído!”.

Ante el nombre de Tisbe, Píramo levantó los ojos lastrados por la muerte  y, tras verla, los volvió a cerrar.

Ella, después de reconocer su velo y ver el marfil sin la espada, dijo:
“¡A ti tu mano y tu amor te perdió, desgraciado! 
También tengo yo una sola mano firme para esto, y también amor. Él me dará fuerzas para las heridas. 
Seguiré al muerto y de tu muerte se dirá que desdichadísima causa y compañera tuya soy.
Y a ti, que de mí solo por la muerte ¡ay! podrías ser arrebatado, tampoco podrás ser arrebatado por la muerte.
Esto, sin embargo, os han de pedir las palabras de ambos ¡oh, muy desdichados padres mío y de aquél!: que a los que un resuelto amor, a los que la postrera hora unió, a esos no los privéis de ser colocados en un mismo túmulo.
En cuanto a ti, oh árbol, que con tus ramas cubres ahora el desdichado cuerpo de uno solo y pronto habrás de cubrir el de los dos, retén las señales de esta matanza y también ten siempre los oscuros frutos apropiados para el luto como recuerdo de nuestra doble sangre”.


Dijo y, colocando la punta bajo el pecho, se lanzó sobre la espada, que aún estaba tibia de la matanza.
Píramo y Tisbe por Pierre-Claude Gautherot


Sus votos, sin embargo, conmovieron a los dioses, y también a los padres.

Y es por eso que el color del fruto de la morera es negro cuando está maduro y lo que queda de sus piras descansa en una sola urna.

Prosificación del texto original en latín:
Ovidio, Las Metamorfosis IV.55-166


SHAKESPEARE Y PÍRAMO Y TISBE 

La trama de Píramo y Tisbe aparece en dos ocasiones en la obra de Shakespeare
El argumento de Romeo y Julieta está inspirado directamente en el texto latino de Las metamorfosis de Ovidio o en la traducción al inglés de dicha obra latina hecha por Arthur Golding. 

Por otro lado, en la Escena primera del Acto V de la comedia El sueño de una noche de verano un grupo de campesinos interpretan a Píramo y Tisbe. 


LOS BEATLES Y SHAKESPEARE


En este curioso vídeo se puede ver a The Beatles en la escena I del acto V dentro de la comedia de Shakespeare El sueño de una noche de verano representando a los personajes de Píramo y Tisbe en un programa para la TV del año 1964.



Paul McCartney hace el papel de Píramo y John Lennon es su enamorada Tisbe. 

Lennon dijo haber escogido el papel femenino porque era el que tenía el modelo de vestuario más loco.

George Harrison aparece en el papel de Monshine, el brillo de la luna en la noche y Ringo Starr como la leona.