martes, 3 de diciembre de 2013

LA MUJER GRIEGA




ARISTÓTELES 
En su Política, III, 1,  definió la ciudadanía como la posibilidad de participar en el poder político.

La mujer constituía, así, el sector social más alejado de la posibilidad de participar en él, por cuanto que, a diferencia de los metecos y los esclavos, no podía convertirse nunca en ciudadana.


LA FAMILIA GRIEGA
La familia era una institución básica en la antigua Atenas.
Estaba formada por el esposo, la esposa y los hijos, aunque también consideraban como parte de la familia a otros parientes dependientes y a los esclavos, por razón de su unidad económica. 
Niño enfermo en el templo de Esculapio, Waterhouse

La función principal de la familia era la de engendrar nuevos ciudadanos. 
Las estrictas leyes del siglo y estipulaban que un ciudadano debería ser producto de un matrimonio, reconocido legalmente, entre dos ciudadanos atenienses, cuyos padres también fueran ciudadanos. 


La fórmula del matrimonio que los atenienses utilizaban, para expresarlo de manera sucinta: "Te entrego esta mujer para la procreación de hijos legítimos" 

Por ley, la propiedad se dividía al azar entre los hijos sobrevivientes; como resultado, se buscaba que los matrimonios se realizaran entre un círculo cerrado de parientes, con el fin de preservar la propiedad familiar. 
La familia también ejercía la función de proteger y enclaustrar a las mujeres. 




LAS MUJERES GRIEGAS



Las mujeres podían participar en la mayor parte de las festividades y cultos religiosos, pero eran excluidas de otros actos públicos. 

No podían tener propiedades, excepto sus artículos personales.


Siempre tenían un guardián varón: si era soltera, su padre o un pariente varón; si estaba casada, su marido; si era viuda, alguno de sus hijos o un pariente varón. 
La función de la mujer ateniense como esposa, estaba bien definida. Su principal obligación era mantener a los niños, sobre todo varones, que preservarían el linaje familiar. 

En segundo lugar, una mujer debería cuidar a su familia y su casa, ya sea que hiciera ella el trabajo doméstico, o que supervisara a los esclavos, que realmente hacían el trabajo. 


Lavado de ropa Museo del Louvre

A las mujeres se las tenía bajo un estricto control. 
Hilaban, cosían, confecionaban y lavaban la ropa y se encargaban además de bañar y  ungir a los hombres.


Mujer griega hilando en su hogar

Debido a que se casaban a los catorce o quince años, se les enseñaban sus responsabilidades desde temprana edad.


Una amateur por John William Godward

Aunque muchas de ellas se las arreglaban para aprender a leer y a tocar instrumentos musicales, a menudo se las excluía de la educación formal.

Se esperaba que una mujer permaneciera en su casa, lejos de la vista, con excepción de su presencia en los funerales o en los festivales, como el festival de las mujeres de Tesmoforia. 


Una melodía, Godward


Si se quedaban en casa, debían estar acompañadas.
En el hogar permanecían en el gineceo que era la parte de la casa situada en el piso superior o en la parte posterior  en torno a un patio destinada a la esposa, las hijas y las sirvientes.
Los varones disponían de un salón propio denominado andrón para reunirse con sus amigos o celebrar simposios.

Diversión inocente por Godward



La dependencia del marido era tal que podía amonestarla, repudiarla o matarla en caso de adulterio, siempre que éste estuviera probado. 


Las mujeres de menor rango social tenían una vida más agradable ya que podían salir de sus casas sin ningún inconveniente.


Vendedora de fruta  por John William Godward

Podían acudir al mercado a vender o a comprar o a por agua a las fuentes públicas e incluso regentar algún negocio. 
En la fuente por John William  Godward


Al no existir presiones económicas ni sociales, los matrimonios apenas estaban concertados, siendo difícil la existencia de dotes. 
Si es cierto que numerosas niñas eran abandonadas por sus padres ya que se consideraban auténticas cargas para la familia.


LAS MUJERES EN ATENAS
En Atenas, las mujeres servían a los hombres de otras formas. 


La prostitución (tanto masculina como femenina) floreció en la Atenas clásica. La mayor parte de las prostitutas eran esclavas en los burdeles administrados como un negocio o un comercio por ciudadanos atenienses. 


Así las prostitutas se maquillaban de manera ligeramente escandalosa con vistosos coloretes, utilizaban zapatos que elevasen su altura, se teñían el cabello de rubio y utilizaban todo tipo de postizos y pelucas.
También se depilaban, utilizando navajas de afeitar, cremas u otros útiles. 
Mientras las mujeres atenienses se vestían con túnicas de lino o lana que ocultasen sus formas a los hombres, las prostitutas o las hetairas llevaban vestidos transparentes de colores llamativos como el color azafranado.
Amarilis por Godward


Estas modas serán rápidamente adaptadas por las demás mujeres, provocando continuas equivocaciones según nos cuentan algunos cronistas.


LAS HETAIRAS
Otra clase de prostitutas ocupaba una posición más favorable en la sociedad ateniense; estas cortesanas más refinadas eran conocidas con el nombre de hetairas, que literalmente quiere decir "acompañantes femeninas".


Alcibíades con las hetairas por Félix Auvray , 1833



Estas mujeres, que solían ser ex-esclavas extranjeras, eran más refinadas que las prostitutas habituales y eran famosas por sus logros musicales e intelectuales, así como por sus atributos físicos. 






Los atenienses varones conservaban la aristocrática costumbre de los simposios que eran fiestas refinadas donde se bebía y en las que con frecuencia solían estar presentes las hetairas.

A los simposios, no asistían las esposas.
Los varones disponían de un salón propio denominado andrón para reunirse con sus amigos o celebrar simposios.

El simposio de Platón por Giambattista Gigola c. 1790



Los simposios se llevaban a cabo en comedores exclusivos para hombres, en los que no estaban presentes las esposas.


Fresco representando un simposio


Las hetairas bailaban, tocaban instrumentos musicales y brindaban entretenimiento, incluidas las relaciones sexuales. El precio solía rondar el óbolo, la sexta parte de la dracma de plata. 

Estos establecimientos incluían en sus servicios masajes, baños y comida, la mayoría de carácter afrodisiaco. 

Para atraer al público, las mujeres solían vestir atuendos llamativos y llevar el cabello más largo que las atenienses, incluso algunas caminaban con un seno descubierto. 

Aspasia pintada por Marie Bouliard

Algunas hetairas llegaron a amasar fortunas considerables y a tener un gran renombre.
Entre las más famosas destacan Aspasia, Tais y Friné.


DEMÓSTENES
El célebre orador ateniense Demóstenes clasifica así a las mujeres griegas:
Demóstenes practicando oratoria por Jean Lecomte du Nouÿ

Tenemos  a las hetairas para el placer,a las criadas para proporcionarnos los cuidados  corporales diarios y a las esposas para que nos den hijos legítimos y sean las guardianas fieles de nuestra casa...











LA HOMOSEXUALIDAD
La homosexualidad masculina también fue una característica sobresaliente de la Atenas clásica. 
Se practicaba de manera generalizada y, ciertamente, era tolerada. 
La ley ateniense privaba de sus derechos ciudadanos a un ateniense que hubiese prostituido su cuerpo con otro hombre; pero no se molestaba en absoluto a los hombres que sostenían una relación homosexual con proxenetas o con otros hombres adultos, fuera ésta amorosa o por placer. 


La ley no eliminaba la prostitución masculina, pero, al actuar así, aseguraba que los proxenetas fueran extranjeros, y no ciudadanos atenienses. 
El ideal de la homosexualidad griega consistía en una relación entre un hombre maduro y un joven. 
Es muy probable que éste fuese un ideal aristócrata. 
Si bien la relación solía ser física, los griegos también la consideraban educativa. El hombre mayor se ganaba el amor de su pupilo gracias a su valía como maestro y por la devoción que demostraba en su educación. 
En cierto sentido, esta relación amorosa se concebía como una forma de iniciación de los jóvenes al mundo masculino de la dominación política y militar. 
Los griegos no juzgaban que la coexistencia de las preferencias heterosexuales y homosexuales creara problemas especiales a los individuos o a la sociedad.



Civilizaciones de Occidente Tomo A de Jackson Spialvogel