sábado, 24 de noviembre de 2012

ÁLVARO DE CAMPOS, AL VOLANTE DE UN CHEVROLET POR LA CARRETERA DE SINTRA




















Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,

a la luz de la luna y al sueño, en la carretera desierta,

conduzco solo, conduzco casi despacio, y un poco

me parece, o me fuerzo un poco para que me parezca,

que voy por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,

que voy sin haber Lisboa dejada o Sintra a la que llegar,

que voy, ¿y qué más habrá en ir sino no pararse pero ir?


Voy a pasar la noche a Sintra porque no puedo pasarla en Lisboa,

pero, cuando llegue a Sintra, me dará pena no haberme quedado en Lisboa.

Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia,

siempre, siempre, siempre,

esta angustia excesiva del espíritu por nada,

en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida…


Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,

corre debajo de mí conmigo el automóvil que me han prestado.

Me sonrío del símbolo, cuando pienso en él, y al virar a la derecha.

¡En cuántas cosas que me han prestado voy por el mundo!

¡Cuántas cosas que me han prestado guío como mías!

¡Cuanto me han prestado, ay de mí, soy yo mismo!


A la izquierda la casucha -sí, la casucha- al borde la carretera.

A la derecha, el campo abierto, con la luna a lo lejos.

El automóvil, que parecía hace poco proporcionarme libertad,

es ahora algo en lo que estoy encerrado,

que sólo puedo conducir si estoy encerrado en ello,

que sólo domino si me incluyo en ello, si ello me incluye a mí.




A la izquierda, hacia atrás, la casucha modesta, más que modesta.

La vida allí debe ser feliz, sólo porque no es la mía.

si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha, soñará: ¡Ése sí que es feliz!

Tal vez para el niño que miraba por los cristales de la ventana del piso de arriba

me he convertido (con el automóvil prestado) en un sueño, en una hada real.

Tal vez para la muchacha que ha mirado, al oír el motor, por la ventana de la cocina

del piso bajo,

tengo algo de príncipe de todos los corazones de muchacha,

y me habría mirado de soslayo, a través de los cristales, hasta la curva en la que me he perdido

¿Dejaré sueños detrás de mí o es el automóvil el que los deja?

¿Yo, el conductor de un automóvil prestado, o el automóvil prestado que guío?


En la carretera de Sintra, a la luz de la luna, en la tristeza, ante los campos y la noche,

guiando desconsoladamente el Chevrolet prestado,

me pierdo en la carretera futura, desaparezco en la distancia que alcanzo,

y, con un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible, acelero…

Pero mi corazón se ha quedado en el montón de piedras, del que me he desviado al verlo sin verlo,

a la puerta de la casucha,

mi corazón vacío,

mi corazón insatisfecho,

mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.


En la carretera de Sintra, cerca de medianoche, a la luz de la luna, al volante,

en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,

en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,

en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí…










Álvaro de Campos
(Heterónimo de Fernando Pessoa)