viernes, 6 de abril de 2018

OSCAR WILDE, DÍA DE PASCUA



OSCAR WILDE
Oscar Wilde fue un escritor, poeta, crítico y dramatugo británico, nacido en Dublín, Irlanda, en una familia protestante.
Como estudiante en la Universidad de Oxford, destacó en el estudio de los clásicos.
Fue famoso y aclamado por su habitual ingenio y sarcasmo social.
Oscar Wilde con 23 años viaja a Italia y a Grecia durante unas vacaciones escolares en 1877.
A fines de marzo de ese año, Wilde emprendió  la marcha en compañía de su antiguo profesor de Historia Antigua del Trinity College de Dublín, el reverendo John Pentland Mahaffy.
El profesor y el estudiante se detuvieron en Génova, Rávena, Brindisi y Corfú. 
En el viaje de vuelta de Grecia, Oscar Wilde se alojó en Roma en el Hotel d'Angleterre. 


El joven esteta durante su estancia en la ciudad visitó en el cementerio protestante romano la tumba del poeta romántico inglés John Keats, "el lugar más sagrado de Roma", y se inspiró para escribir un soneto. 
Se quejó del bajorrelieve de la cabeza de Keats: "No creo que se deba permitir que esta cosa tan fea se quede".



Wilde consideraba a Roma como "la única ciudad del alma". Llegó a la Ciudad Eterna el Jueves Santo y el Domingo de Pascua, se abrió camino hacia "la primera fila de los peregrinos en el Vaticano, y obtuvo la bendición del Santo Padre".


En su visita a la Ciudad del Vaticano es recibido por el Papa Pío IX.
Según se dice Pío Nono le deseó a Wilde en el transcurso de su audiencia privada "que pudiera realizar su viaje en la vida para llegar a la ciudad de Dios".

Wilde cuenta que este encuentro con el anciano pontífice lo dejó sin palabras.


Cuatro años más tarde, en 1881, Wilde se dio a conocer como escritor y como poeta con el libro Poems . 

En este libro, entre otros poemas, está Día de Pascua que hace referencia a su encuentro con el papa Pío Nono y el  impacto que este momento le produce.
El escritor pensó e incluso aplazó por mucho tiempo su adhesión a la fe católica. 
Wilde afirmó un día a quien le preguntaba si no se estaría acercando demasiado peligrosamente a la Iglesia Católica»: "Yo no soy un católico, yo soy simplemente un encendido papista".





Años más tarde, el sacerdote católico que, llamado por Robert Ross, atendió en París en sus últimos momentos  a Oscar Wilde contaba así su muerte:
"Mientras el carruaje recorría las oscuras calles de esa noche invernal, la triste historia de Óscar Wilde me fue, en parte, repetida… Robert Ross se arrodilló junto a la cama, asistiéndome como mejor pudo mientras le administraba al enfermo el bautismo condicional, y luego pronunciando las respuestas mientras le di la Extrema Unción al hombre postrado y recité las oraciones para los moribundos.
Ya que el moribundo estaba en una condición semi-comatosa, no me aventuré a administrarle el Santo Viático; pero debo añadir que él podía ser despertado y salió de este estado en mi presencia. 
Cuando despertó, dio signos de estar interiormente consciente… 
En efecto, estuve completamente satisfecho de que él me entendía cuando le dije que estaba a punto de recibirlo en la Iglesia Católica y le di los últimos sacramentos… y cuando repetí cerca a su oído los Santos Nombres, el Acto de Contricción, Fe, Esperanza y Caridad, con actos de humilde resignación a la Voluntad de Dios, trató de decir las palabras después de mí".
Oscar Wilde murió al día siguiente cumpliendo así el deseo que años antes había expresado: "El catolicismo es la religión en la cual moriré".

EASTER DAY  
The silver trumpets rang across the Dome:
The people knelt upon the ground with awe:
And borne upon the necks of men I saw,
Like some great God, the Holy Lord of Rome.
Priest-like, he wore a robe more white than foam, 
And, king-like, swathed himself in royal red,
Three crowns of gold rose high upon his head:
In splendour and in light the Pope passed home.
My heart stole back across wide wastes of years
To One who wandered by a lonely sea,
And sought in vain for any place of rest:
"Foxes have holes, and every bird its nest,
I, only I, must wander wearily,
And bruise my feet, and drink wine salt with tears."




DÍA DE PASCUA
Las trompetas plateadas sonaron en el Domo:
La gente se arrodilló en el suelo con reverencia:
Y, llevado sobre los hombros de las gentes, yo vi,
como un gran Dios, al Santo Señor de Roma.
Como un sacerdote, vestía una túnica más blanca que la espuma,
y, como un rey, iba envuelto en púrpura regia,
tres coronas de oro se elevaban sobre su cabeza:
En esplendor y en luz, el Papa se fue a casa.
Mi corazón robado con gran desperdicio de años
por Uno que vaga por un mar solitario,
y busca en vano cualquier lugar de descanso:
"Los zorros tienen agujeros, y cada pájaro su nido,
yo, solo yo, debo vagar sin descanso,
y herir mis pies, y beber vino salado con lágrimas".