jueves, 20 de junio de 2013

MADAME DE SÉVIGNÉ, CARTAS A SU HIJA

Marie de Rabutin-Chantal, madame de Sévigné


MADAME DE SÉVIGNÉ
La marquesa de Sévigné, de soltera Marie de Rabutin-Chantal, nace en París en 1626, de familia noble y acomodada. 
A los 18 años se casa con Henri de Sévigné, con quién tendrá a su hija Françoise-Marguerite y a su hijo Charles. 
Su marido morirá en duelo, batiéndose en defensa de una amante, y la marquesa quedará viuda a los 25 años. 

Era un persona admirada por su bondad, siempre rodeada de amigos, con un gran interés por las Artes. 

Era una mujer muy inteligente y cultivada y había recibido una sólida formación al uso de la época: Literatura, canto, danza, equitación, latín, español, italiano... 

Entre sus amigos se encontraban poetas como Saint-Pavin, Marigny, Montreuil, o el estadista Fouquet. 

Era también amiga de Mlle de Montpensier, Madame de la Fayette y de Madame de Maintenon, la favorita, y más tarde esposa morganática, de Luis XIV.


Frecuentaba la corte y las gentes de letras, era una gran anfitriona y se movía con soltura y elegancia en los salones. 

Muy independiente y adelantada a su tiempo, rehusó tomar otro marido y, tras casar a su hija, se dedicó a escribir cartas, elevando el género epistolar al nivel de obra maestra.

En la corte le gustó rodearse de gentes de letras y dedicará, una vez casada su hija, todo su talento a escribir cartas, tanto a su hija, como a muchos de sus contemporáneos.



En sus cartas relata acontecimientos del momento, narra en primera persona sus impresiones sobre los protagonistas, y también refleja su carácter sereno, educado y con principios elevados.


 CARTAS A SU HIJA

Las cartas de Madame de Sévigné a su hija Françoise-Marguerite, condesa de Grignan, figuran entre las cumbres literarias del siglo XVII francés.


A lo largo de los últimos veinticinco años de vida escribió a su hija unas 800 cartas que siempre se han considerado un monumento literario en Francia.

Madame de Sévigné las escribe con motivo de la marcha de su hija a Provenza en 1671 para reunirse con su marido.

Estas cartas sirven para intentar llenar el vacío que siente con la marcha de su hija y para reanudar una relación que no siempre fue fácil.

Françoise-Marguerite, condesa de Grignan



En la mayor parte de los textos se ve el cariño extremo de una madre por su hija. 

Las cartas manifiestan dolor por la ausencia de la hija, celos, protestas, reconciliaciones, recomendaciones... 



Madame de Sévigné le relata a su hija los sucesos de su entorno que considera importantes y que, como se hacía en ocasiones en aquella época, pudieran ser leídas más tarde en las reuniones de los salones.



La escritora hace desfilar en sus cartas gran parte de la historia de la época y así podemos ver a través de sus ojos a la aristocracia, a la nobleza rural o a la corte de Versalles.


CARTA DEL DOMINGO 26 DE ABRIL DE 1671

A su hija Mme. de Grignan

París, domingo 26 de abril de 1671

Hoy es domingo, 26 de abril; esta carta no saldrá hasta el miércoles. Pero esto no es una carta, sino un relato que acaba de hacerme Moreuil, para que os lo transmita, de lo que sucedió en Chantilly con respecto a Vatel.

El viernes os escribí que se había dado de puñaladas; he aquí el asunto con sus detalles: el Rey llegó el jueves por la noche; la caza, la iluminación, el claro de luna, el paseo, la colación en un lugar tapizado de junquillo, todo salió a pedir de boca. Se cenó, y hubo algunas mesas donde faltó el asado por haber concurrido algunos comensales más con los cuales no se contaba. Eso afectó a Vatel, a quien se le oyó decir en varias ocasiones: "He perdido el honor, esto es un vergüenza que no podré soportar". A Gourville le dijo: "La cabeza me da vueltas, llevo doce noches sin dormir, ayudadme a dar órdenes". Gourville le ayudó en lo que pudo. El asado que había faltado, no por cierto en la mesa del Rey sino en las de los veinticinco comensales que llegaron imprevistamente, se aparecía constantemente a su imaginación. Gourville se lo dijo al Príncipe. Éste fue hasta la habitación de Vatel y le habló: "Vatel, todo marcha bien; la cena del Rey ha sido excelente". Él respondió: "Monseñor, vuestra bondad me confunde aún más; sé que el asado faltó en dos mesas". "Nada de eso, agregó el Príncipe, no os atormentéis, todo va bien".
Llegó la hora de los fuegos artificiales: fracasaron éstos a causa del mal tiempo, ¡y habían costado dieciséis mil francos! A las cuatro de la mañana Vatel sale y se encuentra con que todo el mundo duerme; ve sólo a unos de los proveedores del pescado, que le llevaba apenas dos cargas, y le pregunta: "¿Esto es todo lo que me traéis?" El otro responde: "Sí, señor". Ignoraba que se había enviado por él a todos los puertos de mar. Vatel espera algún tiempo; los otros proveedores no llegan. Su cabeza se trastorna creyendo que no tendría más pescado que aquel.

Encuentra a Gourville y le dice "Señor, no sobreviviré a este nuevo bochorno; perderé mi honor y mi reputación". Gourville se mofa de él. Sube Vatel a su habitación, apoya la espada contra la puerta y se atraviesa el pecho. Pero no murió hasta el tercer golpe, ya que los dos primeros no fueron mortales. El pescado mientras tanto llega de todas partes. Se busca a Vatel para que lo distribuya, mas no se da con él. Van a su cuarto, llaman, derriban la puerta, y lo encuentran bañado en su sangre. Corren con la noticia a casa del Príncipe, que manifiesta su desesperación. Llora el Duque, que fundaba en Vatel su viaje a Borgogna. El Príncipe, dirigiéndose al Rey, expresó tristemente que cada cual entiende el honor a su manera; se elogió mucho a Vatel, y al mismo tiempo se censuró su determinación extremada. El Rey manifestó que había retardado cinco años su visita a Chantilly precisamente porque comprendía el exceso de tal molestia, y que el Príncipe sólo debió haberse ocupado en preparar dos mesas, desentendiéndose de todo lo restante. Juró que no consentiría que el Príncipe soportara tales responsabilidades mas todo eso llegaba demasiado tarde para el pobre Vatel. Entre tanto, Gourville trató de reparar la pérdida de Vatel, y lo logró. Se almorzó muy bien, se merendó, se cenó, se paseó, se jugó y se fue de caza. Todo estaba impregnado de un mágico encanto, y se percibía en torno el aroma del junquillo. Ayer, que era sábado, se hizo lo mismo. Por la noche el Rey se dirigió a Liancourt, donde había hecho preparar una cena para después de la medianoche. Se proponía permanecer allí todo el día.



He aquí lo que me ha contado Moreuil, para que os lo haga saber. Y el cuento se acabó, porque yo no sé nada del resto. M. d’Hacqueville, que ha presenciado todo esto, os hará sin duda relación de ello; pero como su escritura no es tan legible como la mía, he decidido hacerlo yo también por mi cuenta. Y si os mando tantos detalles es porque yo, si me encontrara en vuestro caso, desearía que me los enviaran.


CURIOSIDADES

LA CREMA CHANTILLY
La famosa crema chantillí,  que toma el nombre de la ciudad francesa de Chantilly, es una crema de leche batida, ligeramente azucarada y perfumada con vainilla. 

La receta original se debe a François Valet cuya triste muerte narra en la anterior carta Madame de Sévigné.
Se usa para decorar o para rellenos.

RECETA DE LA CREME CHANTILLY 
1 litro de crema de leche
150 gramos de azúcar impalpable
Unas gotas de esencia de vainilla
Opcionalmente se puede añadir una clara de huevo


Poner todos los ingredientes en una batidora, batir a alta velocidad hasta que la crema comience a tomar cuerpo, luego baje la velocidad y siga batiendo hasta obtener una crema firme.

La clara del huevo es la que le aporta una buena firmeza y permite que la crema esté firme por más tiempo, 50 cc de agua bien fría cumple la misma función que la clara, es decir una clara de huevo o 50 cc de agua bien fría por cada litro de crema.


LA ROSA MADAME DE SÉVIGNÉ

Existe una rosa dedicada a Madame de Sévigné.

Mme. de Sévigné es una rosa borboniana hibridada por Robert y Moreau en Francia, en el año 1874. 



El arbusto es bastante armonioso, florífero y repetitivo, guiándose muy bien como pequeño trepador. 
La flor es llena, con forma globular, tamaño mediano, aunque algunas pueden llegar a ser bastante grandes. 
Empieza con el típico anillo, tan admirado por los obtentores decimonónicos, y el centro cuarteado, mostrando un pequeño botón o penacho de estambres. 
Se abre en su totalidad, gracias a sus pétalos redondeados y reflexos. Al final del proceso, es una esfera. 
El aroma es muy intenso, tal y como cabe esperar de una borboniana que se precie. 
Sirve como flor cortada para buqué.