lunes, 24 de agosto de 2015

PANCHATANTRA, EL LEÓN Y LA LIEBRE





EL PANCHATANTRA

El Panchatantra es la colección más antigua de fábulas fechadas entre los siglos II y VI de nuestra era.

Es una recopilación de unos setenta relatos breves en prosa: cuentos, fábulas e historias moralizadoras hindúes escrita en sánscrito. 

Tal y como nos ha llegado hasta la actualidad, la versión india más completa consta de cinco libros, que atesoran un total de setenta y tres piezas en prosa intercaladas de poemas que, a manera de estribillo, ayudan a memorizar el mensaje esencial de la narración.




El Panchatantra constituye un excepcional vehículo de conocimiento del universo indio, que nos transporta de lo real a lo fantástico continuamente, rompiendo los límites del tiempo y el espacio, con un pasado indefinido que se convierte en espiral y un medio físico que se transforma en umbral de lo mágico. 
Se trata de un producto típicamente hindú, pues su hilván narrativo va engarzando los cuentos, unos dentro de otros.



Las fábulas tratan de temas como la amistad, la pérdida de la propiedad y la guerra. 

Su propósito original era instruir a un príncipe joven sobre cómo obtener el éxito en la tierra. 

El texto sánscrito original se ha perdido, pero del Panchatantra se hicieron muchas redacciones y refundiciones, además de traducciones a otras lenguas.


CALILA Y DIMNA





Para el lector español la más importante versión de esta obra es la realizada por encargo del todavía infante y futuro rey Alfonso X el Sabio: nuestro Calila y Dimna, cuya influencia en España cala en la obra de Ramón Llull, el Arcipreste de Hita y el Conde Lucanor.

El Panchatantra es un magnífico reportaje de la India sempiterna, donde se unifican mitología y costumbre, realidad y fantasía.
Aquí puedes leer una de las fábulas del Panchatantra:






EL LEÓN Y LA LIEBRE

En una montaña llamada Mandara, había un león nombrado Durdanta. Dicho león se entretenía en hacer una continua matanza de animales. Estos se unieron y le enviaron representaciones.



"Señor —le dijeron— ¿por qué destruís así a todos los animales? Todos los días os enviaremos a uno de nosotros para que os alimentéis."



Y así fue. El león, a partir de entonces, devoró todos los días a uno de aquellos animales.



Cierto día, una liebre vieja, a la que le llegó el turno de servir de pitanza, se dijo para sus adentros: 
—"No se obedece más que a aquel a quien se teme. Y eso para conservar la vida. Si debo morir, ¿de qué me va a servir el demostrar sumisión al león? Voy, pues, a tomarme tiempo excesivo para llegar hasta él. No me puede costar más que la vida ¡y ésa la he de perder! Así habré pasado mis últimos momentos completamente desligada de las cosas de aquí."

Se puso en marcha, aunque fue deteniéndose por el camino, aquí y allá, para masticar algunas sabrosas raíces.


Por fin llegó a donde estaba el león y este, que tenía hambre, le dijo colérico, en cuanto la vio:

—¿Por qué vienes tan tarde?
—No es mía la culpa —respondió la liebre—. He sido detenida en el camino y retenida a la fuerza por otro león, al que he jurado volver a su lado, y vengo a decírselo a vuestra majestad.
—Llévame pronto —dijo furioso el león— cerca de ese bribón que desconoce que soy todopoderoso.

La liebre condujo a Durdanta junto a un pozo profundo. Allí le dijo:

—"Mirad, señor; el atrevido está en el fondo de su antro". 

Y mostró al león su propia imagen, reflejada en el agua del pozo.

El león, hinchado de orgullo, no pudo dominar su cólera, y, queriendo aplastar a su rival, se precipitó dentro del pozo en donde encontró la muerte.



Lo cual prueba que la inteligencia aventaja a la fuerza. La fuerza desprovista de inteligencia no sirve de nada.