martes, 10 de septiembre de 2013

EL TEATRO LATINO, LOS ACTORES



EL TEATRO LATINO: LOS ACTORES


En Roma, desde el principio, la actuación era un trabajo de profesionales. 

Pero el oficio de actor estaba mal considerado ya que únicamente los esclavos o los libertos solían trabajar en el mundo del teatro, incluido el oficio de escritor de dramas y comedias. 

La ley determinaba que el ser actor era causa del limitación de la capacidad jurídica de un individuo y por eso los actores carecían de derechos civiles

La palabra histrión que era el término etrusco con el que los romanos denominaban a los actores y siempre tuvo un sentido despectivo.


A menudo los actores eran esclavos que habían recibido una buena educación de sus amos. 


La condición propia de esclavos o de libertos de los actores no inspiraba demasiado respeto a pesar de la esmerada educación que sus amos les daban. 

La mayoría tenían la condición jurídica de esclavos o libertos, y procedían sobre todo del Mediterráneo oriental, si bien también hay atestiguados actores occidentales, en particular de Italia. 

Recibían dinero por sus actuaciones, pero los salarios variaban sustancialmente en función de la fama de cada uno de ellos, y muchos debían de sobrevivir apenas con su trabajo.

Al cabo del año, sólo se celebraban unas pocas representaciones teatrales en cada ciudad, de modo que los actores debían complementar sus ingresos con otras actividades artísticas y mediante giras teatrales por diversas ciudades.


Los actores eran siempre hombres y algunos tenían que representar varios papeles en la misma obra. 

Tanto los papeles masculinos como los femeninos eran interpretados por hombres, vestidos con pelucas o máscaras adecuadas para papel representado. 
Las mujeres solo podían actuar en los mimos.


En Roma, los propios actores, al inicio de la representación, eran los encargados de pedir atención y benevolencia al público.


Pero no inspiraban demasiado respeto a los espectadores pues eran esclavos o libertos y a pesar de que los actores tenían una formación y una educación esmeradas, trataban al público con descaro.


En general los actores eran vistos como personajes vulgares y moralmente repudiables, hasta el punto de que fueron tratados por la ley romana como infames y su profesión como ignominiosa. 

Sin embargo, existieron notables excepciones, actores como Quinto Roscio Galo y Clodio Esopo que llegaron a ser famosos en su época, que reunieron grandes fortunas y eran bien vistos incluso entre los círculos aristocráticos.
Algunos actores llegaron a recibir honores municipales e inscripciones honoríficas en lugares públicos de ciudades provinciales.


LA MÁSCARA


Se sabe que los actores romanos llevaban en ocasiones máscaras pero no está claro si lo hacían siempre o en todas la representaciones.

En todo caso, se considera que el uso de la máscara era menos frecuente que en el teatro griego.

En la comedia, generalmente, no usaban máscaras como los actores griegos, sino que se maquillaban y se caracterizaban sin recurrir a ellas.

Cuando no usaban máscara, el atavío y las pelucas que eran blancas para los ancianos y pelirrojas para los esclavos servían para caracterizar a los diversos personajes.


Las máscaras eran de tamaño superior a la cabeza del actor y se las colocaban en la cabeza como si fuesen cascos. 

El tamaño permitía que el actor fuera ser más visible para el público.
Las bocas abiertas de las máscaras contenían un megáfono de latón para proyectar la voz y que se oyese desde cualquier punto del teatro. 

No sólo eran más visibles los actores sino que los agujeros para ver hacían que el que las llevase pudiese ver a grandes distancias.

Sin embargo la inmovilidad de la expresión facial suponía un esfuerzo por parte del público para imaginar el cambio del estado de ánimo del personaje mediante el diálogo. 

Por ello en Roma comenzaron a utilizar la máscara doble compuesta por un lado sonriente y otro airado que servía para enseñar al público la que conviniese en cada momento. 

Generalmente este tipo de máscaras se utilizaba en comedias y pantomimas.


LAS PERSONAE

En Roma además se usaron por primera vez las carátulas o personae

Estas estaban hechas con tela empapada a la que, una vez endurecida, se le daba forma. 
La boca era muy abierta y tenía dos huecos para ver. 
Solían estar pintadas y al ser más ligeras eran mucho más cómodas para el actor.

LOS COTURNOS, CREPIDA Y SOCCUS
Una de las partes más importantes del vestuario en el teatro griego de aquella época eran los coturnos
Estos zapatos de madera estilizaban y daban más altura al actor y hacían que este sobresaliese del coro.
Además creaban una proporción más armónica del cuerpo del actor con la máscara y permitían que se viese mejor. 


En Roma el calzado especial que solamente se utilizaba en las tragedias se llamaba crepida y creaban un efecto psicológico en el público que aumentaba catarsis.

Para la escenificación de las comedias se usaba un calzado llamado soccus.

En el mimo, conocido en Roma con el nombre de fabula planipedia, los actores entraban en escena a pie plano, es decir, descalzos.



LA GREX Y LA CATERVA


















Los costes de los espectáculos escénicos se repartían fundamentalmente entre la adecuación de los edificios teatrales y la contratación de los actores profesionales o histriones.

Los actores contratados estaban organizados en compañías llamadas grex caterva.

Estas compañías eran poco numerosas, formadas por  tres, cuatro o cinco actores a que se repartían  todos los papeles de una obra bajo la dirección de un patrono o dominus gregis.

El dominus gregis solía ser el director general de escena y, a menudo, también era productor y actor.
Existía también la figura del choragus o escenógrafo que  se ocupaba de los aspectos prácticos de la puesta en escena, el vestuario, los decorados.

Desde el siglo I d. de C. el auditorio sólo presenciaba el repertorio tradicional greco-romano.

En muchos casos las representaciones se convirtieron en el enfrentamiento escénico entre los distintos jefes de las compañías teatrales
Las compañías teatrales o greges solían ser estables.
Cada compañía solía tener un grupo de seguidores llamados fautores que alababan a sus favoritos y abucheaban a sus contrarios.

LOS SIGNOS PREESTABLECIDOS
Las representaciones debían de ser difíciles de seguir para el espectador por diversos motivos.
El público era inquieto y participativo, a las obras asistía una gran cantidad de espectadores, las representaciones se hacían al aire libre, la confusión reinante y el exceso de bullicio era grande debido a los repartos de alimentos o a circunstancias externas ala obra.
Por otro lado el gusto del público se decantaba por otro tipo de espectáculos más violentos como el circo, las venationes, las carreras o los gladiadores.


Muchos espectadores no habrían sido capaces de seguir las obras de no ser porque ya conocían el tema de antemano por las indicaciones que se solían hacer en las introducciones y por los signos preestablecidos que a lo largo de la obra se iban haciendo.

Estos signos preestablecidos eran:
Las máscaras trágicas y cómicas, pintadas de marrón o blanco para identificar a hombres o a mujeres.
El tipo de calzado que llevaban los actores o la ausencia de él.
Las pelucas que servían para determinar la edad y el sexo del personaje representado.
El color del vestuario griego o romano que indicaban la acción, el lugar y la condición social del personaje.
El color blanco para el traje de los ancianos, el amarillo para las cortesanas, el púrpura para los ricos, el rojo para los pobres o el abigarrado para los proxenetas eran solo algunos de los más representativos.
No obstante, estos mismos signos hacían que la obra perdiera parte de su interés, lo que se acrecentaba si el espectador conocía el texto y la obra.

Por ello, en muchas ocasiones, el aliciente de la obra no residía en el texto sino en contemplar la puesta en escena, sus pormenores y la habilidad de los actores.











Algunos datos para esta entrada sobre el teatro latino han sido tomados de: Teatro y sociedad en el Occidente romano por Miguel Moliné Escalona.

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