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martes, 5 de noviembre de 2013

CRISTINA APARICIO, ESCRITORAS ESPAÑOLAS A LO LARGO DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX









ESCRITORAS ESPAÑOLAS A LO LARGO DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX



El ascenso social de las mujeres, la revolución femenina que se ha producido en Occidente durante los últimos cincuenta años ha tenido su reflejo, como no, en la Literatura. A lo largo de estos años han ido surgiendo numerosas mujeres escritoras y ascendiendo en el escalafón, en los premios, en el reconocimiento hasta situarse, hoy en día, a una escala igual (o casi) que la de sus colegas masculinos. En España este fenómeno ha sido especialmente significativo, seguramente porque en nuestro país la mujer partía de una situación de mayor atraso que en el resto de Europa. El propósito de este artículo es dar a conocer cómo las escritoras españolas, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, han ido abriéndose camino paulatinamente en el mundo de las Letras hasta llegar, como ocurre en la actualidad, a disfrutar de un reconocimiento literario y a una "normalidad" como escritoras hasta hace poco impensables.



Concluida la Guerra Civil, tras un momento de declive general de la creación artística aparecen a mediados de los años 40 una serie de mujeres escritoras, nuevas voces que van a irrumpir con fuerza. Las novelas de estas nuevas escritoras destacan, como el resto de la novelística, por su afiliación al Realismo Social, que surge entre los años 1939 y 1962, cuando alcanza su momento de mayor auge.



Algunas de las características de la literatura escrita por mujeres en esta época es el deseo de cambiar una sociedad en la que estas mujeres sufrieron la guerra de niñas o adolescentes. Sus historias están llenas de frustración, inadaptación, soledad o muerte. La mayoría de las historias describen la vida en el campo criticando la burguesía. El estilo que utilizan para narrar estas historias es sencillo y directo.






Pronto estas escritoras comienzan a ser avaladas por premios importantes. Carmen Laforet, Barcelona (1921) es la primera mujer en ganar el Nadal por su obra Nada, en 1944. Una novela sombría y existencial que refleja la decadencia material y moral de la sociedad de su tiempo. Algunas otras obras de esta autora son: La mujer nueva 1955, La niña y otros relatos (1970) o Paralelo 35 (1967). A esta nueva voz se une la de Ana María Matute quien también refleja el desolado mundo de la posguerra y lo hace desde una perspectiva pesimista y existencial. Ana María Matute, Barcelona (1926) gana el Premio Nadal por Primera memoria. en 1961. De los quince premios Nadal concedidos anteriormente diez habían recaído en hombres y cinco en mujeres. Con posterioridad al Nadal, Matute sería galardonada con diversos premios, entre ellos el Premio de la Crítica en 1958 y el Premio Fastenrath de la Real Academia Española por Los soldados lloran de noche. Obras cruciales en la trayectoria de esta autora son Los Abel y Fiesta al noroeste donde deja ver un realismo social amargo y nostálgico, con descripciones detalladas de ambientes familiares. La obra de Matute es considerada unas de las aportaciones más significativas a la literatura de Posguerra, y ha ido oscilando entre el retrato de la realidad histórica, la recreación imaginativa y la profundización en varios temas recurrentes: La injusticia, el paso de la infancia a la adolescencia y la denuncia social. Después de un largo periodo de silencio, Ana María Matute ha vuelto a la actualidad literaria recientemente con la publicación de sus novelas Olvidado Rey Gudú y Aranmanath, ambas de corte fantástico.


CARMEN MARTÍN GAITE

Carmen Martín Gaite, Salamanca (1925-2000) es otra de las escritoras premiadas con el Nadal por Entre visillos (1957). Esta escritora también destaca por el Realismo Existencial que refleja en sus novelas. Al igual que Ana María Matute se le concederán posteriormente numerosos y destacados premios, como el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, (1994) o el Premio Castilla y León de las Letras. Entre las obras más importantes de esta autora cabe destacar: El Balneario, (1955), Retahílas (1970) o Lo raro es vivir, (1996).

En 1952 se crea un nuevo Premio Literario, el Planeta, con el cual muy pronto van a verse reconocidas estas nuevas voces femeninas que se asoman a una nueva era y que van tomando posiciones en un panorama como el de la Literatura, dominado hasta entonces, casi de forma exclusiva, por los hombres. Así, ya en 1954,  Ana María Matute recibe el Premio Planeta por Pequeño teatro.

A partir de 1960 la sociedad española entra en una época de profundo cambio, generado por el desarrollo económico, cultural y social. Empieza el progreso y con él se afianza un nuevo tipo de literatura, la hecha por escritoras. Son cada vez más las mujeres que escriben y que son publicadas.

Entre 1960 y 1978 se produce en nuestro país, aunque de forma muy lenta, una apertura social y una renovación artística que pueden verse reflejadas en obras como El cuarto de atrás (1978) de Martín Gaite. Esta obra se crea entre dos épocas, la del Franquismo y otra nueva que comienza.

A partir de los ochenta, las mujeres comienzan a ser premiadas de forma consecutiva y mayoritaria, cosa impensable hasta la fecha. La sociedad española había experimentado ya en esta época un profundo cambio a favor de las mujeres. También el mundo de las Letras comienza a considerar y a valorar a las mujeres escritoras, con lo cual el panorama de la literatura española se hace más rico. Ya no es sólo cosa de hombres, salvo raras excepciones; ahora es también de mujeres. Algunas como Rosa MonteroMaruja TorresCarmen PosadasSoledad Puértolas han crecido en una nueva sociedad, con nuevas perspectivas respecto a la mujer y el mundo laboral. Son escritoras que nacen entre los años cincuenta y sesenta y sus producciones literarias se dan a conocer en torno a los ochenta. Todas estas escritoras serán galardonadas con el premio Planeta entre 1989 y 2000. Casi todas ellas se confiesan feministas, al menos por gratitud histórica.











ROSA MONTERO

Rosa Montero nace en Madrid en 1951. Estudia periodismo, pero se considera escritora y periodista. Con su novela La hija del Caníbal su primera incursión como escritora, gana el Premio Primavera en 1997. Es una de las autoras más leídas de nuestro tiempo. Crónica del desamor (1979),La Función Delta (1981) o Te trataré como una reina (1983) son algunas de sus obras. Rosa Montero es una escritora que llega a la madurez en los últimos años de franquismo y los primeros de la democracia. Según sus palabras:"-no podemos cerrar los ojos ante el fenómeno cada vez más comercial en que se está convirtiendo el mundo de los libros". Habría que preguntarse, al hilo de esto, en qué manera ha cambiado realmente y si con la aparición cada vez mayor de escritoras en los últimos años estamos ante una operación de marketing o, por el contrario, asistimos a un fenómeno social y cultural. En este sentido, Rosa Montero concibe la literatura como algo único,-y no como literatura de hombres o de mujeres. Entiende la literatura como acceso a los otros mundos que llevamos dentro y en ello no puede haber diferencia de sexos.
















MARUJA TORRES

Al igual que Rosa Montero, Maruja Torres es periodista antes que escritora. Nace en Barcelona en 1943 y cultivó todas las facetas del periodismo. Torres habla sobre el franquismo como algo que no quiere ni nombrar. Fue una etapa de su vida que le tocó vivir y que prefiere olvidar. Reconoce que fue una época de atraso cultural: había pocos libros y los que había eran caros. Se prohibieron muchísimas obras, había una censura muy férrea. Reconoce que culturalmente eran muy pobres y por eso se rebelaban. Sus obras hablan de inconformismo. Ella quería vivir de otra manera, dejando a un lado lo tradicional o lo convencional. Maruja Torres ganó el Premio de Literatura extranjera por Un Calor tan cercano en 1998 y el Premio Planeta por Mientras vivimos en el año 2000, una obra en la que describe el cambio generacional ocurrido en España y cómo las nuevas mujeres se han podido formar en un ambiente menos opresivo. Destacan otras obras tales como: Mujer en guerra, (1999) Amor América, (1993) o Ceguera de amor, (1991).













ALMUDENA GRANDES

Otra de las escritoras en auge es Almudena Grandes. Nace en Madrid en 1960 y se da a conocer en el mundo literario por Las Edades de Lulú que fue Premio de narrativa erótica en 1989. Cabe destacar obras como Malena es un nombre de tango (1994) o Atlas de geografía humana (1998). Tanto Las edades de Lulú como Malena es un nombre de tango se llevaron al cine. Grandes dice ser escritora por equivocación y opina que lo importante para el escritor no son los premios literarios sino los lectores. Para ella, cada uno escribe desde los materiales de su propia memoria.














CARMEN POSADAS

Carmen Posadas es otra Premio Planeta femenina. Se lo concedieron en 1998 por Pequeñas infamias. Nació en Uruguay en 1953 pero lleva toda su vida viviendo en España. Antes de dedicarse a la novela escribió literatura infantil, guiones y colaboró en prensa escrita. En la década de los noventa toca todos los géneros, teatro, cuentos, novela y ensayos. Para Carmen Posadas un premio es importante sólo en la medida en que puede darte a conocer, ya que en este país, los escritores o tienen mucho éxito o directamente se mueren de hambre. Se casó con el entonces director del Banco de España, Mariano Rubio. Otro de los premios en su haber es el de Literatura Infantil por El señor viento del norte, (1984).













SOLEDAD PUÉRTOLAS

Soledad Puértolas, nació en Zaragoza en, 1947. Fue Premio Sésamo por El bandido doblemente armado, (1979) y Planeta en 1989 por su obra Queda la noche. Puértolas reconoce que la narrativa española actual es más rica y que surge con más fuerza tras la dictadura franquista. “La vida cotidiana de entonces era de tonos grises, la Posguerra es gris”, dice, recordando las rígidas normas convencionales de entonces. Todo ello era señal de una sociedad estancada y sin creatividad. Ahora sin embargo, para Soledad Puértolas “somos mucho más libres y tenemos que aprender a vivir con esa libertad”. Puértolas opina que el cambio que ha dado la mujer en nuestra sociedad ha sido revolucionario, “La mujer no sólo se ha incorporado al trabajo sino que ahora tiene un papel social que antes no tenía, ahora en el hogar se comparten las responsabilidades. En todos los ámbitos de la sociedad española están las mujeres presentes y eso significa un cambio muy importante". Pese a todo, opina también que ha habido una importante incorporación de la mujer, pero ningún desplazamiento de los hombres. Para Puértolas aun la mayor parte de los intervinientes en congresos son hombres, y la mayoría de obras son títulos de autores masculinos."Los críticos literarios son asimismo en su mayoría hombres, y el control sigue en manos de los hombres”.













LAURA FREIXAS

Laura Freixas y su Literatura y Mujeres pone de manifiesto este cambio que han supuesto las escritoras en el panorama literario español en las últimas décadas del siglo XX. Freixas nace en Barcelona en 1958 . Escribe relatos como Cuentos a los cuarenta y novelas como Entre amigas. Para Freixas la creación artística es el camino para llegar a esa salvación de mediocridad y mentira. Opina que el hombre está más preocupado por la realidad y la mujer se refugia más en la fantasía. Considera que el hecho de que las escritoras actuales hablen de un mundo femenino tiene motivos históricos. Lo masculino ha sido siempre universal y lo femenino se ha visto siempre como algo particular. Las mujeres están aportando a la literatura una perspectiva nueva.













ROSA REGÀS

Rosa Regàs, la última Planeta 2001 por La canción de Dorotea, es una escritora atípica ya que empieza a escribir a la edad de 58 años. Nace en Barcelona en 1933, es fundadora y directora de varias editoriales, y ha recibido varios premios de periodismo y otros tantos literarios como el Nadal en 1994 por Azul.

En la actualidad estamos asistiendo a un boom de jóvenes escritoras que triunfan, con alguna polémica sobre si ese éxito obedece a su calidad literaria, montajes comerciales, a la editorial que las respalda o a los premios que se le otorgan. Pero lo principal es que son mujeres escritoras. Se trata de Lucía Etxebarria, Premio Nadal en 1997 por Beatriz y los cuerpos celestesEspido Freire, Premio Planeta por Melocotones heladosClara Sánchez, Premio Alfaguara 2000 por Ultimas noticias del paraíso o Eugenia Rico con La Muerte Blanca, premio Azorín de novela 2002. Una nueva generación de escritoras que vendrán a confirmar si el auge de la mujer en este terreno de las Letras es tan sólo una moda pasajera o, por el contrario, si las editoriales apuestan fuerte por las mujeres es porque realmente lo merecen. 





©Cristina Aparicio

Licenciada en Filología Inglesa, 

Universidad de Sevilla, 1998




EL CERVANTES VIRTUAL Y LAS ESCRITORAS ESPAÑOLAS

En este enlace puedes acceder a la página dedicada a las escritoras españolas en el Cervantes virtual:




miércoles, 27 de abril de 2011

ANA MARÍA MATUTE, PREMIO CERVANTES 2010















ANA MARÍA MATUTE
Nacida en Barcelona en 1926 Ana María Matute se dio a conocer en la escena literaria española con Los Abel, una novela inspirada en la historia bíblica de los hijos de Adán y Eva, en la cual reflejó la atmósfera española inmediatamente posterior a la contienda civil desde el punto de vista de la percepción infantil. Este enfoque se mantuvo constante a lo largo de su primera producción novelística y fue común a otros representantes de su generación, la llamada generación de los "niños asombrados".
A los cinco años, tras haber estado a punto de morir por una infección de riñón, escribió su primer relato, ilustrado por ella misma.







A los ocho años volvió a padecer otra enfermedad grave y la enviaron a vivir a Mansilla de la Sierra en Logroño con sus abuelos.
Se educó en un colegio religioso en Madrid y con 17 años escribió su primera novela, Pequeño teatro. Sin embargo, la obra no se publicó hasta ocho años después.






Las novelas de Ana María Matute no están exentas de compromiso social, si bien es cierto que no se adscriben explícitamente a ninguna ideología política.
Partiendo de la visión realista imperante en la literatura de su tiempo, logró desarrollar un estilo personal que se adentró en lo imaginativo y configuró un mundo lírico y sensorial, emocional y delicado.
Su obra resulta así ser una rara combinación de denuncia social y de mensaje poético, ambientada con frecuencia en el universo de la infancia y la adolescencia de la España de la posguerra.
A la par la autora barcelonesa cultivaba el relato corto y publicaba títulos como El tiempo, Historias de la Artámila o Algunos muchachos. Igualmente, a comienzos de los sesenta, editó dos libros corte autobiográfico: A la mitad del camino y El río. En estas páginas evoca sus experiencias de la niñez en el ambiente rural y bucólico de Mansilla de la Sierra.



De vuelta a la producción novelística… Ana María Matute se aventuró a escribir la trilogía Los mercaderes, integrada por Primera memoria, Los soldados lloran de noche y La trampa, que gozaron de un gran éxito en su época. Después llegaría la publicación de la conocida obra La torre vigía, donde narra la historia de un adolescente que debe iniciarse en las artes de la caballería. Aunque sigue la línea de las anteriores, se da en ella un cambio histórico de ambientación hacia el período medieval, rasgo que se ha convertido en el universo de sus libros más recientes, publicados tras un dilatado período de silencio literario: Olvidado Rey Gudú (1997) y Aranmanoth.




Asimismo a lo largo de su carrera editorial han visto la luz también cuentos para niños. Muchos de ellos recopilados bajo los títulos Los niños tontos, Caballito loco, Tres y un sueño, Sólo un pie descalzo y Paulina.



SUS DIBUJOS INFANTILES

La madre de Ana María Matute guardó los dibujos con los que la niña escritora ilustraba sus obras y se los regaló cuando ella era ya adulta.
Aquí puedes ver algunos de ellos.







LEE ESTE PEQUEÑO RELATO DE ANA MARÍA MATUTE

MÚSICA


Las dos hijas del Gran Compositor –seis y siete años- estaban acostumbradas al silencio. En la casa no debía oírse ni un ruido, porque papá trabajaba. Andaban de puntillas, en zapatillas, y sólo a ráfagas, el silencio se rompía con las notas del piano de papá. Y otra vez silencio.
Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija, y pudo ver cómo papá, a ratos, levantaba notas del piano, y a ratos, se inclinaba sobre un papel, y anotaba algo.
La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor.. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio:
-¡La música de papá, no te la creas…! ¡Se la inventa!



Ana María Matute


jueves, 25 de noviembre de 2010

ANA MARÍA MATUTE, PAULINA



Ana María Matute

Premio Cervantes 2010

Se convierte en la tercera mujer en conseguirlo

tras María Zambrano y Dulce María Loynaz



LOS CUENTOS VAGABUNDOS
Ana María Matute

Pocas cosas existen tan cargadas de magia como las palabras de un cuento. Ese cuento breve, lleno de sugerencias, dueño de un extraño poder que arrebata y pone alas hacia mundos donde no existen ni el suelo ni el cielo. Los cuentos representan uno de los aspectos más inolvidables e intensos de la primera infancia. Todos los niños del mundo han escuchado cuentos. Ese cuento que no debe escribirse y lleva de voz en voz paisajes y figuras, movidos más por la imaginación del oyente que por la palabra del narrador.
He llegado a creer que solamente existen media docena de cuentos. Pero los cuentos son viajeros impenitentes. Las alas de los cuentos van más allá y más rápido de lo que lógicamente pueda creerse. Son los pueblos, las aldeas, los que reciben a los cuentos. Por la noche, suavemente, y en invierno. Son como el viento que se filtra, gimiendo, por las rendijas de las puertas. Que se cuela, hasta los huesos, con un estremecimiento sutil y hondo. Hay, incluso, ciertos cuentos que casi obligan a abrigarse más, a arrebujarse junto al fuego, con las manos escondidas y los ojos cerrados.
Los pueblos, digo, los reciben de noche. Desde hace miles de años que llegan a través de las montañas, y duermen en las casas, en los rincones del granero, en el fuego. De paso, como peregrinos. Por eso son los viejos, desvelados y nostálgicos, quienes los cuentan.
Los cuentos son renegados, vagabundos, con algo de la inconsciencia y crueldad infantil, con algo de su misterio. Hacen llorar o reír, se olvidan de donde nacieron, se adaptan a los trajes y a las costumbres de allí donde los reciben. Sí, realmente, no hay más de media docena de cuentos. Pero ¡cuántos hijos van dejándose por el camino!
Mi abuela me contaba, cuando yo era pequeña, la historia de la Niña de Nieve. Esta niña de nieve, en sus labios, quedaba irremisiblemente emplazada en aquel paisaje de nuestras montañas, en una alta sierra de la vieja Castilla. Los campesinos del cuento eran para mí una pareja de labradores de tez oscura y áspera, de lacónicas palabras y mirada perdida, como yo los había visto en nuestra tierra. Un día el campesino de este cuento vio nevar. Yo veía entonces, con sus ojos, un invierno serrano, con esqueletos negros de árboles cubiertos de humedad, con centelleo de estrellas. Veía largos caminos, montañas arriba, y aquel cielo gris, con sus largas nubes, que tenían un relieve de piedras. El hombre del cuento, que vio nevar, estaba muy triste porque no tenía hijos. Salió a la nieve, y, con ella, hizo una niña. Su mujer le miraba desde la ventana. Mi abuela explicaba: «No le salieron muy bien los pies. Entró en la casa y su mujer le trajo una sartén. Así, los moldearon lo mejor que pudieron.» La imagen no puede ser más confusa. Sin embargo, para mí, en aquel tiempo, nada había más natural. Yo veía perfectamente a la mujer, que traía una sartén negra como el hollín. Sobre ella la nieve de la niña resaltaba blanca, viva. Y yo seguía viendo, claramente, cómo el viejo campesino moldeaba los pequeños pies. «La niña empezó entonces a hablar», continuaba mi abuela. Aquí se obraba el milagro del cuento. Su magia inundaba el corazón con una lluvia dulce, punzante. Y empezaba a temblar un mundo nuevo e inquieto. Era también tan natural que la niña de nieve empezase a hablar... En labios de mi abuela, dentro del cuento y del paisaje, no podía ser de otro modo. Mi abuela decía, luego, que la niña de nieve creció hasta los siete años. Pero llegó la noche de San Juan. En el cuento, la noche de San Juan tiene un olor, una temperatura y una luz que no existen en la realidad. La noche de San Juan es una noche exclusivamente para los cuentos. En el que ahora me ocupa también hubo hogueras, como es de rigor. Y mi abuela me decía: «Todos los niños saltaban por encima del fuego, pero la niña de nieve tenía miedo. Al fin, tanto se burlaron de ella, que se decidió. Y entonces, ¿sabes qué es lo que le pasó a la niña de nieve?» Sí, yo lo imaginaba bien. La veía volverse blanda, hasta derretirse. Desaparecería para siempre. «¿Y no apagaba el fuego?», preguntaba yo, con un vago deseo. ¡Ah!, pero eso mi abuela no lo sabía. Sólo sabía que los ancianos campesinos lloraron mucho la pérdida de su pequeña niña.
No hace mucho tiempo me enteré de que el cuento de la Niña de Nieve, que mi abuela recogiera de labios de la suya, era en realidad una antigua leyenda ucraniana. Pero ¡qué diferente, en labios de mi abuela, a como la leí! La niña de nieve atravesó montañas y ríos, calzó altas botas de fieltro, zuecos, fue descalza o con abarcas, vistió falda roja o blanca, fue rubia o de cabello negro, se adornó con monedas de oro o botones de cobre, y llegó a mí, siendo niña, con justillo negro y rodetes de trenza arrollados a los lados de la cabeza. La niña de nieve se iría luego, digo yo, como esos pájaros que buscan eternamente, en los cuentos, los fabulosos países donde brilla siempre el sol. Y allí, en vez de fundirse y desaparecer, seguirá viva y helada, con otro vestido, otra lengua, convirtiéndose en agua todos los días sobre ese fuego que, bien sea en un bosque, bien en un hogar cualquiera, está encendiéndose todos los días para ella. El cuento de la niña de nieve, como el cuento del hermano bueno y el hermano malo, como el del avaro y el del tercer hijo tonto, como el de la madrastra y el hada buena, viajará todos los días y a través de todas las tierras. Allí a la aldea donde no se conocía el tren, el cuento caminando.
El cuento es astuto. Se filtra en el vino, en las lenguas de las viejas, en las historias de los santos. Se vuelve melodía torpe en la garganta de un caminante que bebe en la taberna y toca la bandurria. Se esconde en los cruces de los caminos, en los cementerios, en la oscuridad de los pajares. El cuento se va, pero deja sus huellas. Y aun las arrastra por el camino, como van ladrando los perros tras los carros, carretera adelante.
El cuento llega y se marcha por la noche, llevándose debajo de las alas la rara zozobra de los niños. A escondidas, pegándose al frío y a las cunetas, va huyendo. A veces pícaro, o inocente, o cruel. O alegre, o triste. Siempre, robando una nostalgia, con su viejo corazón de vagabundo.
FIN



COMENTARIO DE SARA P. DE 3º ESO A



ANA MARÍA MATUTE, PAULINA  

Hola, Dinora. Ya leí el libro de "Paulina" de Ana María Matute que, por cierto, me di cuenta ayer, en medio del capítulo 19, de que esta escritora había ganado el Premio Cervantes.
 
El libro trata de una niña que se pone enferma y la llevan a un pueblo donde viven los abuelos para que esté en contacto con la naturaleza y en el lugar donde se crió su padre. Antes vivía en la ciudad con Susana, su cuidadora. En el pueblo conoce a Nin y se hacen grandes amigos.



Si queréis saber sus aventuras allí, leed el libro. Yo se lo recomiendo a la gente que haya pasado grandes temporadas de su vida en un pueblo, como Paulina o...como yo.
Sara P.