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domingo, 21 de septiembre de 2014

ANTONIO DE NEBRIJA, GRAMÁTICA

ELIO ANTONIO DE NEBRIJA
Elio Antonio de Nebrija o de Lebrija, fue un humanista español nacido en Lebrija, Sevilla hacia 1444. 

Fue además historiador, pedagogo, gramático, astrónomo y poeta.







Grabado de Lebrija por George Hoefnagle perteneciente al Civitates Orbis Terrarum. 
1572-1617, Colonia 



Con quince años de edad se trasladó a la ciudad de Salamanca para estudiar Humanidades en su Universidad.


















Fachada plateresca de la Universidad de Salamanca

Viajó a Italia con diecinueve años para continuar sus estudios y obtuvo una gran fama como colegial en el Real Colegio de España de Bolonia.


En esta ciudad de Bolonia se dedicó al estudio de los autores clásicos latinos, la Teología, el Derecho y la Medicina y tomó contacto con el Humanismo italiano.















Patio del Real Colegio de España en Bolonia





A su regreso a España se instala en Salamanca en donde dedica gran parte de su vida a realizar una labor docente en su Universidad en la que obtiene dos cátedras en las que enseña  Gramática y Poética.
Además dunrante este período publica sus obras y contrae matrimonio con Isabel de Solís creando una familia numerosa con siete hijos.



Antonio de Nebrija impartiendo una clase de gramática 

en presencia de D. Juan de Zúñiga. 

Introducciones Latinae, 1486. Biblioteca Nacional.



El Rey Fernando el Católico lo nombra Cronista Real por lo que debe trasladarse a la corte.



Acudió a la Universidad de Alcalá de Henares, llamado por el cardenal Cisneros,  para participar como latinista en la edición de la Biblia Políglota Complutense pero abandonó el proyecto por diferencias con el grupo de traductores y con la Inquisición.


Biblia Políglota Complutense



Entre sus obras destacan: Un diccionario latino-castellano, el Lexicon latino-castellanum et castellano-latinum de 1492 y 1944, la Gramática castellana de 1492 y las Reglas de orthographia en la lengua castellana de 1517.

Diccionario de Nebrija

Fue uno de las primeros profesores de la Universidad de Alcalá de Henares fundada por el Cardenal Cisneros.


Los últimos años de su vida los pasó dedicado a la enseñanza en la cátedra de Retórica de la Universidad  de Alcalá, donde murió en 1522.












Fachada renacentista de la Universidad de Alcalá de Henares


GRAMÁTICA SOBRE LA LENGUA CASTELLANA


La Gramática castellana, en su título original Grammatica Antonii Nebrissensis, es un libro escrito por Elio Antonio de Nebrija y publicado en 1492. 

Constituyó la primera obra que se dedicaba al estudio de la lengua castellana y sus reglas.



Es junto al Donatz Proensals, una gramática vernácula del provenzal redactada en Italia hacia 1240 y atribuida a Uc Faidit, una de las primeras gramáticas sobre una lengua vulgar o romance.


La Gramática castellana es la más importante de todas las obras de Nebrija por la repercusión que ha tenido en la filología hispánica.

Nebrija divide el estudio de la lengua castellana en cuatro áreas, dedicando un libro a cada una:

Ortografía

Prosodia y sílaba

Etimología y dicción

Sintaxis

Introdujo al final un quinto libro dedicado a De las introducciones de la lengua castellana para los que de estraña lengua querrán deprender. 
Esta parte está pensada para facilitar el aprendizaje de la lengua castellana.

El Nebrijense establece estas diez partes de la oración: 
nombre, pronombre, verbo, participio, preposición, adverbio, interjección, conjunción, gerundio y supino.

Se trata de una de las primeras codificaciones de una lengua europea occidental que no sea el latín y su prólogo está dedicado a la reina Isabel la Católica.


Con gran visión de futuro, Nebrija, aprovechando la estancia de los Reyes Católicos en Salamanca, dio una muestra a la Reina Isabel de su futura Gramática sobre la lengua castellana, la primera hecha sobre el castellano.

Nebrija consideraba que había que fijar la lengua castellana y entenderla como compañera del imperio de España y proporcionó el método para que los pueblos recién descubiertos aprendieran el español.
Retrato de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos


CONSULTA LA GRAMÁTICA NEBRIJENSE
Si quieres leer o consultar esta mágnifica obra, desde la Biblioteca Digital Hispánica puedes acceder a la Gramática de Nebrija, la primera gramática del español y también la primera gramática de una lengua vulgar que se imprime en Europa.

Es un documento de extraordinario valor, en libre acceso y descarga, aquí puedes verlo:




LA GRAMÁTICA Y LA LINGÜÍSTICA




A partir de la publicación de la Gramática de Nebrija, la Gramática será considerada la disciplina que estudia las reglas de una lengua, hasta el advenimiento de la Lingüística como disciplina científica en el siglo XIX.



Alegoría de la Gramática por  Laurent de La Hyre


PRÓLOGO DE LA GRAMÁTICA DE LA LENGUA CASTELLANA 
Prólogo a la muy alta y así esclarecida princesa doña Isabel, la tercera de este nombre, Reina y señora natural de España y las islas de nuestro mar. Comienza la Gramática que nuevamente hizo el maestro Antonio de Nebrija sobre la lengua castellana y pone primero el prólogo. Léelo en buena hora. 

Cuando bien conmigo pienso muy esclarecida reina y pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación y memoria quedaron escritas: una cosa hallo y saco por conclusión muy cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio, y de tal manera lo siguió que juntamente comenzaron, crecieron, y florecieron. Y después junta fue la caída de entrambos y dejadas ahora las cosas muy antiguas de que apenas tenemos una imagen y sombra de la verdad, como son las de los asirios, indios, sicionios, y egipcios, en los cuales se podría muy bien probar lo que digo. 

Cosa es que muy fácilmente se puede averiguar que la lengua hebraica tuvo su niñez, en la cual apenas pudo hablar, y llamo yo ahora su primera niñez todo aquel tiempo que los judíos estuvieron en tierra de Egipto. Porque es cosa verdadera o muy cerca de la verdad: que los patriarcas hablarían en aquella lengua que trajo Abraham de tierra de los caldeos, hasta que descendieron en Egipto, y que allí perderían algo de aquella y mezclarían algo de la egipcia. Mas después que salieron de Egipto, y comenzaron a hacer por sí mismos cuerpo de gente, poco a poco apartarían su lengua escogida cuanto yo pienso de la caldea y de la egipcia, y de la que ellos tenían comunicada entre sí, por apartarse en religión de los bárbaros en cuya tierra moraban. Así que comenzó a florecer la lengua hebraica en el tiempo de Moisés, quien después de enseñado en la filosofía y letras de los sabios de Egipto, mereció hablar con Dios y comunicar las cosas de su pueblo y fue el primero que escribió sobre las antigüedades de los judíos y dar comienzo a la lengua hebraica. La cual de allí en adelante sin ninguna contención nunca estuvo tan empinada como en la edad de Salomón; porque en su tiempo con la monarquía floreció la paz criadora de todas las buenas artes y honestas. Mas después que se comenzó a desmembrar el Reino de los judíos juntamente se comenzó a perder la lengua, hasta que vino al estado en que ahora la vemos tan perdida que de cuantos judíos hoy viven ninguno sabe dar más razón de la lengua de su ley o de cómo perdieron su reino, y del mesías que en vano esperan. 

Tuvo eso mismo la lengua griega su niñez, y comenzó a mostrar sus fuerzas poco antes de la guerra de Troya, al tiempo que florecieron en la música y poesía Orfeo, Lino, Museo, Anfión, y poco después de Troya destruida Homero y Hesíodo creció aquella lengua hasta la monarquía del gran Alejandro, en cuyo tiempo fue aquella muchedumbre de poetas, oradores y filósofos, que pusieron el colmo no solamente a la lengua sino también a todas las otras artes y ciencias. Mas después que se comenzaron a desatar los reinos y repúblicas de Grecia y los romanos se hicieron señores de ella, luego juntamente comenzó a desvanecerse la lengua griega y a esforzarse la latina. De la cual otro tanto podemos decir: que fue su niñez con el nacimiento y población de Roma, y comenzó a florecer cuasi quinientos años después que fue edificada, al tiempo que Livio Andrónico publicó primeramente su obra en versos latinos. Y así creció hasta la monarquía de Augusto César, debajo del cual como dice el apóstol vino el cumplimiento del tiempo en que envió Dios a su unigénito hijo y nació el Salvador del mundo, en aquella paz de que habían hablado los profetas y fue significada en Salomón, y de la cual en su nacimiento los ángeles cantan Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Entonces fue aquella multitud de poetas y oradores que enviaron a nuestros siglos la copia y deleites de la lengua latina: Tulio, César, Lucrecio, Virgilio, Oracio, Ovidio, Livio y todos los otros que después se siguieron. 

De allí comenzando a declinar el imperio de los romanos, juntamente comenzó a caducar la lengua latina, hasta que vino al estado en que la recibimos de nuestros padres, cierto tal que cotejada con la de aquellos tiempos poco más tiene que hacer con ella que con la arábiga. Lo que dijimos de la lengua hebraica, griega y latina podemos muy más claramente mostrar en la castellana, que tuvo su niñez en el tiempo de los jueces y reyes de Castilla y de León, y comenzó a mostrar sus fuerzas en tiempo del muy esclarecido y digno de toda la eternidad el rey don Alfonso el sabio, por cuyo mandato se escribieron las Siete partidas, la General Historia, y fueron trasladados muchos libros de latín y arábigo en nuestra lengua castellana, la cual se extendió después hasta Aragón y Navarra y de allí a Italia siguiendo la compañía de los infantes que enviamos a imperar en aquellos reinos. Y así creció hasta la monarquía y paz de que gozamos primeramente por la bondad y providencia divina y por el trabajo y diligencia de vuestra real majestad, en la fortuna y buena dicha de la cual los miembros y pedazos de España que estaban por muchas partes derramados se redujeron y ayuntaron en un cuerpo y unidad de reino, la forma y trabazón del cual así está ordenada que muchos siglos, injuria y tiempos no la podrán romper ni desatar. Así que después de reafirmada la cristiana religión, por la cual somos amigos de Dios o reconciliados con él; después que los enemigos de nuestra fe vencidos por guerra y fuerza de armas, de donde los nuestros recibían tantos daños y temían mucho mayores; después de la justicia y ejecución de las leyes que nos ayuntan y hacen vivir igualmente en esta gran compañía que llamamos reino y república de Castilla, no queda ya otra cosa sino que florezcan las artes de la paz. Entre las primeras es aquella que nos enseña la lengua, la cual nos aparta de todos los otros animales y es propia del hombre, y en orden la primera después de la contemplación, que es oficio propio del entendimiento. 

Esta lengua hasta nuestra edad anduvo suelta y fuera de regla, y por esta causa ha recibido en pocos siglos muchas mudanzas. Porque si la comparamos con la de hace quinientos años, hallaremos tanta diferencia y diversidad cuanta puede ser mayor entre dos lenguas. Y porque mi pensamiento deseo siempre fue engrandecer las cosas de nuestra nación, y dar a los hombres de mi lengua obras en que mejor puedan emplear su ocio, que ahora lo gastan leyendo novelas o historias envueltas en mil mentiras y errores, acordé ante todas las otras cosas reducir en artificio este nuestro lenguaje castellano para que lo que ahora y de aquí adelante en él se escribiere pueda ser uniforme y extenderse en toda la duración de los tiempos que están por venir, como vemos que se ha hecho en las lenguas griega y latina, las cuales por haberse codificado aunque sobre ellas han pasado muchos siglos, todavía quedan en una uniformidad. Porque si otro tanto en nuestra lengua no se hace como en aquellas, en vano vuestros cronistas e historiadores escriben y encomiendan a la inmortalidad la memoria de vuestros loables hechos, pues éste no puede ser sino negocio de pocos años. Y ocurrirá una de dos cosas: o que la memoria de vuestras hazañas perezca con la lengua, o que ande peregrinando por las naciones extranjeras, pues no tiene propia casa en que pueda morar. En ese esfuerzo yo he querido echar la primera piedra y hacer en nuestra lengua lo que Zenódoto en la griega y Crates en la latina, los cuales aunque fueron vencidos de los que después de ellos escribieron, al menos fue aquella su gloria y será nuestra: que fuimos los primeros inventores de obra tan necesaria. Lo cual hicimos en el tiempo más oportuno, por estar ya nuestra lengua tanto en la cumbre que más se puede temer el descendimiento de ella que esperar la subida. Y seguirá a otro no menor provecho que éste a los hombres de nuestra lengua que quieran estudiar la gramática del latín. Porque después que entendieran bien el arte del castellano, cuando pasaren al latín no habrá cosa tan oscura que no se les haga muy ligera, todo esto por medio de este Arte de la Gramática que me mandó hacer vuestra Alteza contraponiendo línea por línea el romance al latín. Por la cual forma de enseñar no sería maravilla saber la gramática latina no digo yo en pocos meses, sino aún en pocos días, y mucho mejor que hasta aquí sólo se aprendía en muchos años. El tercero provecho de éste mi trabajo puede ser que cuando en Salamanca di la muestra de esta obra a vuestra real majestad, y me preguntó que para qué podía ser útil, el muy reverendo padre obispo de Ávila me arrebató la respuesta, y respondiendo por mí dijo: Que después que vuestra Alteza metiese debajo de su yugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, con la derrota aquellos pueblos tendrían necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido y con ellas nuestra lengua; entonces por esta mi Arte podrían venir en el conocimiento de ella como ahora nosotros aprendemos el Arte de la Gramática latina para aprender el latín. Y es cierto que no solamente los enemigos de nuestra fe tienen ya necesidad de saber el lenguaje castellano, mas los vizcaínos, navarros, franceses, italianos, y todos los otros que tienen trato y conversación en España y necesidad de nuestra lengua, y que si no la prenden desde niños podrán aprenderla por ésta mi obra. La cual con humildad quise dedicar a vuestra real majestad, como Marco Varrón dedicó a Marco Tulio sus Orígenes de la lengua latina, como Grilo dedicó a Publio Virgilio poeta sus Libros del acento, como Dámaso Papa a san Jerónimo, y Paulo Orosio a san Agustín sus Libros de historias, y como otros muchos autores que dedicaron sus trabajos a personas mucho más informadas sobre aquello de que escribían, no para enseñarles alguna cosa que ellos no supiesen, mas por testificar el ánimo y buena voluntad que sobre ellos tenían, y porque de la autoridad de aquellos se consiguiese algún favor a sus obras. 

Y así después de mucha deliberación y decidir sacar mi obra de la sombra y tinieblas del estudio a la luz de vuestra Corte, a nadie más justamente pude consagrar este mi trabajo que a vuestra persona, en cuya mano está no sólo el poder de la lengua, sino también la autoridad sobre todas nuestras cosas. 

Antonio de Nebrija

Salamanca, en el año de 1492
































jueves, 1 de mayo de 2014

MARÍA MOLINER, DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL

MARÍA MOLINER
María Juana Moliner fue una bibliotecónoma, filóloga y lexicógrafa española nacida en 1900 en Paniza, Zaragoza, en una familia de clase media formada por un médico rural y su esposa.

Cuando María tenía doce años, su padre se marchó a Argentina y no regresó jamás. 

María Moliner, su madre y sus hermanos Matilde y Enrique vivieron entonces con muchas dificultades.

La joven María, apasionada por el latín y gran lectora, empezó a dar clases, y asumió la tarea de sacar a los suyos adelante.

Los hermanos Moliner estudiaron en la Institución Libre de Enseñanza, donde don Américo Castro fue quien inició el interés por la lingüística y por la gramática en la pequeña María.

María con dieciocho años terminó el Bachillerato en Zaragoza e ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras, convirtiéndose así en una de las pocas mujeres universitarias de principios del siglo XX. 







Obtuvo su licenciatura en Historia con sobresaliente y premio extraordinario en 1921. 

Con veintidós años ingresó en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, donde trabajó hasta su jubilación en 1970. 

Obtuvo su primer destino el Archivo de Simancas, en Valladolid para enseguida trasladarse al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia. 


En esta ciudad conoce al que será su marido el catedrático de Física, Fernando Ramón y Ferrando, con el que tendrá cuatro hijos.



María Moliner y su esposo, Fernando Ramón, el día de su boda.


A principios de los años treinta, la familia se traslada a Valencia.

La etapa valenciana es el período de mayor actividad vital de María Moliner.

A las labores domésticas y a la vida profesional une la participación en las empresas culturales que nacen con el espíritu de la II República.



Colaboró con entusiasmo en las Misiones Pedagógicas de la República, se ocupó de la organización de las Bibliotecas Populares a la manera de la Biblioteca Circulante de Castropol y durante la Guerra Civil dirigió la Biblioteca Universitaria de Valencia.




Biblioteca Circulante de Castropol en Asturias



Al término de la Guerra Civil ella y su esposo sufren represalias políticas.  

En 1946 pasará a dirigir la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid hasta su jubilación, en 1970.

En esta etapa de su vida, criados ya sus hijos y separada físicamente de su marido una buena parte de la semana, María Moliner encontrará el tiempo para dedicarse a su interés intelectual más profundo: la pasión por las palabras. 

Será entonces cuando comience, hacia 1950,  el Diccionario de uso del español.





















Doña María Moliner trabajando en el comedor de su casa.

Y lo hizo sin más herramientas que unas cuartillas que, divididas en cuatro, convertía en fichas, una máquina de escribir portátil y dos atriles.
Doña María, sentada en el comedor de su casa comenzó a escribir las primeras palabras con sus recomendaciones de uso.
Esta tarea la repitió miles de veces y cada día invertía más y más horas.

"En dos años termino" decía e invirtió en la obra más de quince años hasta que en 1966 la Editorial Gredos publicó su primer tomo, sacando a la venta el segundo al año siguiente. 
Doña María Moliner con sus nietos en la primavera de 1966

Desde el momento de la publicación, María Moliner empezó a trabajar en la actualización de su diccionario, que no llegó a poder completar debido a su enfermedad y posterior fallecimiento en 1981.


DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL


El DUE o Diccionario del Uso del Español es una obra de referencia obligada, sobre todo, para estudiantes, escritores, periodistas y traductores.

Dámaso Alonso fue el primero en valorar la obra al llevar lo que solo eran unas fichas realizadas con gran rigor a la Editorial Gredos.


Del diccionario de doña María Moliner se dijo que era muy superior al de la Real Academia Española ya que contenía definiciones, mucho más precisas y ricas.

Además era un diccionario que recogía sinónimos, expresiones y frases hechas, familias de palabras... 

Entre otros avances, anticipó la ordenación de la Ll en la L, y de Ch en la C.
Como novedad incluyó el nombre científico de animales y plantas.

También agregó gran información sobre cuestiones de gramática y sintaxis con numerosos ejemplos. 






Fue publicado por la Editorial Gredos entre los años 1966 y 1967 en dos volúmenes. 



Esta obra conoció, en esa primera edición, veinte reimpresiones.



Ha sido editada en CD-ROM en el año 1995 y reeditada en una segunda edición, revisada y aumentada en 1998.







La tercera revisión fue editada en septiembre del 2007 y consta de dos tomos.


Desde entonces se han publicado constantes revisiones y selecciones, algunas no exentas de polémica, de la obra de María Moliner así como de sus anexos de Gramática y Ortografía.




María Moliner explicaba así su trabajo que finalmente le llevaría más de quince años:
"La autora ha dedicado cuatro años al trabajo paciente pero, a la vez, fascinante, de desmenuzar entre sus dedos el tesoro devotamente guardado en el arca oliente a siglos del Diccionario de la Academia. Ha dejado intacto en el arca lo que es arcaico y, el resto, lo que es riqueza operante, lo ha ventilado y organizado en un despliegue pensado para que ninguna pieza pueda ser inadvertida y cada una se avalore con sus vecinas."



MARÍA MOLINER Y LA RAE











Salón de actos de la Real Academia Española 




María Moliner en 1972 fue propuesta como candidata a ocupar el sillón B en la Real Academia Española por los académicos Rafael Lapesa,  Pedro Laín Entralgo y Carlos Martínez-Campos, duque de la Torre. 



Su candidatura fue apoyada por algunas escritoras como Carmen Conde, Carmen Llorca, Josefina Carabias y Carmen Bravo-Villasante, sin embargo, finalmente no fue elegida. 



El asunto obtuvo mucha cobertura en prensa, ya que de haber obtenido el sillón, se habría convertido en la primera mujer académica en los doscientos años de historia de la Real Academia.



Su condición de mujer y el hecho de que no fuera una filóloga de carrera influyeron en el rechazo de su candidatura. 


Según Gabriel García Márquez ella se alegró cuando lo supo, porque le aterrorizaba la idea de pronunciar el discurso de admisión. «¿Qué podía decir yo», dijo entonces, «si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?».



ALGUNAS OPINIONES SOBRE MARÍA MOLINER


De María Moliner dijo el Premio Nobel Gabriel García Márquez: "Hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana".

Otro Premio Nobel y académico, Camilo José Cela, criticaba en María Moliner su "ñoño criterio lexicográfico" por el reparo de Moliner de incluir palabras malsonantes en el DUE.


Para el novelista y miembro de la Real Academia Española Miguel Delibes "El Diccionario es una obra que justifica toda una vida."

Colin Smith, célebre hispanista y lexicógrafo inglés de la Universidad de Cambridge, lo calificó como "Un gran diccionario; el mejor en su género que conozco."






Manuscrito de María Moliner sobre la idea inicial de su Diccionario.



SI QUIERES SABER MÁS SOBRE MARÍA MOLINER:

Aquí tienes los enlaces a algunos lugares de los que se ha tomado información sobre doña María Moliner y un vídeo sobre ella.


http://cvc.cervantes.es/lengua/mmoliner/biografia.htm

http://cvc.cervantes.es/LENGUA/mmoliner/default.htm

http://www.dendramedica.es/revista/v12n1/Maria_Moliner_Retrato_intimo_de_una_heroina.pdf





Texto mecanografíado por María Moliner para la presentación de su DUE.






miércoles, 4 de diciembre de 2013

AMBROSE BIERCE, UNA NOCHE DE VERANO





AMBROSE BIERCE
Ambrose Gwinett Bierce es un escritor y periodista estadounidense nacido en Ohio en 1842.

Se crió junto a sus padres y sus doce hermanos en el condado de Kosciusko, Indiana.



Se alistó como voluntario de Infantería en la Guerra Civil Estadounidense, realizó tareas de ingeniero topográfico y participó en diversas batallas.




Se licenció en Periodismo y contrajo matrimonio con Mary Ellen Day, con quien tuvo tres hijos.

Como periodista colaboró en Londres y en Estados Unidos en diversas publicaciones como: The Argonaut, The Overland Monthly, The News Letter y The San Francisco Examiner.


En 1913, viajó a México y se unió al ejército de Pancho Villa.
A partir de entonces, no se supo nada más sobre él.




Su cuerpo jamás apareció y no se tienen datos precisos acerca de su muerte.

Hay versiones que indican que Ambrose Bierce perdió la vida en Ojinaga un año después de haber llegado al territorio azteca.




Hasta existe una creencia popular que indica que el escritor estadounidense fue fusilado en 1914 en el cementerio del pueblo de Sierra Mojada.



RELATOS DE AMBROSE BIERCE

Estos son algunos de los títulos que forman parte de la extensa producción de relatos de este escritor:

Cuentos de soldados y civiles 

Fábulas fantásticas

El clan de los parricidas

La cosa maldita 

Un suceso en el puente sobre el río del Búho

EL DICCIONARIO DEL DIABLO



Además de los relatos que le dieron fama, Ambrose Bierce hizo un curioso diccionario formado por 998 definiciones.

El diccionario del Diablo


Es un clásico universal indiscutible de la irreverencia y fue libro de cabecera del filósofo nihilista Cioran.

La pluma mordaz e irreverente de Ambrose Bierce ofrece, en esta obra maestra de la ironía y el cinismo, una corrosiva visión del mundo que, un siglo después de su publicación, conserva su absoluta vigencia.
Muchas de las definiciones, anécdotas y frases presentes en El diccionario del Diablo llegaron a convertirse en algo habitual en la filosofía popular.

Puedes hacer click en el siguiente enlace si quieres consultar este famoso libro:
Diccionario del Diablo




UNA NOCHE DE VERANO



El hecho de que Henry Armstrong estuviera enterrado no era motivo suficientemente convincente como para demostrarle que estaba muerto: siempre había sido un hombre difícil de persuadir. El testimonio de sus sentidos le obligaba a admitir que estaba realmente enterrado. Su posición -tendido boca arriba con las manos cruzadas sobre su estómago y atadas, que rompió fácilmente sin que se alterase la situación-, el estricto confinamiento de toda su persona, la negra oscuridad y el profundo silencio, constituían una evidencia imposible de contradecir y Armstrong lo aceptó sin perderse en cavilaciones.


Pero, muerto... no. Sólo estaba enfermo, muy enfermo, aunque, con la apatía del inválido, no se preocupó demasiado por la extraña suerte que le había correspondido. No era un filósofo, sino simplemente una persona vulgar, dotada en aquel momento de una patológica indiferencia; el órgano que le había dado ocasión de inquietarse estaba ahora aletargado. De modo que sin ninguna aprensión por lo que se refiriera a su futuro inmediato, se quedó dormido y todo fue paz para Henry Armstrong.

Pero algo todavía se movía en la superficie. Era aquella una oscura noche de verano, rasgada por frecuentes relámpagos que iluminaban unas nubes, las cuales avanzaban por el este preñadas de tormenta. Aquellos breves y relampagueantes fulgores proyectaban una fantasmal claridad sobre los monumentos y lápidas del camposanto. No era una noche propicia para que una persona normal anduviera vagabundeando alrededor de un cementerio, de modo que los tres hombres que estaban allí, cavando en la tumba de Henry Armstrong, se sentían razonablemente seguros.

Dos de ellos eran jóvenes estudiantes de una Facultad de Medicina que se hallaba a unas millas de distancia; el tercero era un gigantesco negro llamado Jess. Desde hacía muchos años Jess estaba empleado en el cementerio en calidad de sepulturero, y su chanza favorita era la de que "conocía todas las ánimas del lugar". Por la naturaleza de lo que ahora estaba haciendo, podía inferirse que el lugar no estaba tan poblado como su libro de registro podía hacer suponer.

Al otro lado del muro, apartados de la carretera, podían verse un caballo y un carruaje ligero, esperando.

El trabajo de excavación no resultaba difícil; la tierra con la cual había sido rellenada la tumba unas horas antes ofrecía poca resistencia, y no tardó en quedarse amontonada a uno de los lados de la fosa. El levantar la tapadera del ataúd requirió más esfuerzo, pero Jess era práctico en la tarea y terminó por colocar cuidadosamente la tapadera sobre el montón de tierra, dejando al descubierto el cadáver, ataviado con pantalones negros y camisa blanca.

En aquel preciso instante, un relámpago zigzagueó en el aire, desgarrando la oscuridad, y casi inmediatamente estalló un fragoroso trueno. Arrancado de su sueño, Henry Armstrong incorporó tranquilamente la mitad superior de su cuerpo hasta quedar sentado.

Profiriendo gritos inarticulados, los hombres huyeron, poseídos por el terror, cada uno de ellos en una dirección distinta. Dos de los fugitivos no hubieran regresado por nada del mundo. Pero Jess estaba hecho de otra pasta.

Con las primeras luces del amanecer, los dos estudiantes, pálidos de ansiedad y con el terror de su aventura latiendo aún tumultuosamente en su sangre, llegaron a la Facultad.

-¿Lo has visto? -exclamó uno de ellos.

-¡Dios! Sí... ¿Qué vamos a hacer?

Se encaminaron a la parte de atrás del edificio, donde vieron un carruaje ligero con un caballo uncido y atado por el ronzar a una verja, cerca de la sala de disección. Maquinalmente, los dos jóvenes entraron en la sala. Sentado en un banco, a oscuras, vieron al negro Jess. El negro se puso de pie, sonriendo, todo ojos y dientes.

-Estoy esperando mi paga -dijo.

Desnudo sobre una larga mesa, yacía el cadáver de Henry Armstrong. Tenía la cabeza manchada de sangre y arcilla por haber recibido un golpe de azada.

Ambrose Bierce