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domingo, 23 de junio de 2013

EDGAR RICE BURROUGHS, UNA PRINCESA DE MARTE



EDGAR RICE BURROUGHS


Edgar Rice Burroughs es uno de los autores estadounidenses más prolíficos del siglo XX. 

Su obra comprende numerosos volúmenes dedicados a la ciencia ficción como los que forman su célebre saga marciana, su famosa serie dedicada a Tarzán o novelas acerca del viejo oeste y relatos históricos.


LA SERIE MARCIANA


La saga marciana es la segunda serie más extensa y famosa de Edgar Rice Burroughs, después de la Tarzán.

En ella se narran las aventuras del americano John Carter y otros varios guerreros y princesas en Barsoom, el Marte ficticio de Burroughs.
La civilización del planeta Barsoom fue recreada con toda  minuciosidad por Burroughs con fauna, flora, ciudades y formas sociales propias.
De su mano, y a través de los ojos de John Carter, contemplamos una civilización extraterrestre.

UNA PRINCESA DE MARTE


Una princesa de Marte es la novela que da inicio a una de las sagas más famosas de Burroughs, la serie marciana.

En el escenario de un agonizante planeta Marte, surcado por canales, asistimos a las emocionantes y románticas aventuras de John Carter enamorado de la hermosa princesa marciana Dejah Thoris.





Esta historia fue publicada por primera vez en la revista pulp All-Story Magazine en febrero de 1912 con el título Bajo las lunas de Marte bajo el seudónimo de Norman Bean y más tarde editada como libro por primera vez en 1917.





La novela es un bella y poderosa combinación de variados elementos con el fondo de una civilización extraterrestre imaginaria, con una fauna exótica, extraños animales y monstruos, mujeres sensuales, y un héroe, John Carter, que es un caballero a la antigua usanza.

Burroughs describe con gran detalle el planeta Barsoom y  las razas que lo habitan, su flora y su fauna, los continentes y las ciudades e incluso sus monedas y sus medidas de longitud y tiempo.

Su ficción se ha convertido en un paradigma, podemos hablar de un Marte al estilo Burroughs.

Una princesa de Marte es una aventura en estado puro del subgénero de ciencia ficción conocido como novelas de espada y planeta. 
La conjunción de escenario exótico, amores y acción trepidante siguen manteniendo su poder habitual.


Se puede hablar de una ciencia-ficción clásica, con un ligero toque ingenuo que añade encanto a la obra.


INFLUENCIAS

Ambientada en un planeta Marte moribundo, esta novela fue fuente de inspiración de muchos escritores de ciencia ficción  entre los que se incluyen Arthur C. Clarke, John Norman y Ray Bradbury y despejó el camino hacia la exploración espacial  y la búsqueda de vida extraterrestre. 


Si te apetece leer esta novela, haz clíck en el siguiente enlace y podrás hacerlo:



jueves, 16 de diciembre de 2010

JANE AUSTEN, ORGULLO Y PREJUICIO


ORGULLO Y PREJUICIO

 
CAPÍTULO I

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.
––Mi querido señor Bennet ––le dijo un día su esposa––, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?
El señor Bennet respondió que no.
––Pues así es ––insistió ella––; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.
El señor Bennet no hizo ademán de contestar.
––¿No quieres saber quién lo ha alquilado? ––se impacientó su esposa.
––Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.
Esta sugerencia le fue suficiente.
––Pues sabrás, querido, que la señora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un  landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Morris; que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo; y que algunos de sus criados estarán en la casa a finales de la semana que viene.
––¿Cómo se llama?
––Bingley.
––¿Está casado o soltero?
––¡Oh!, soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro o cinco mil libras al año. ¡Qué buen partido para nuestras hijas!
––¿Y qué? ¿En qué puede afectarles?
––Mi querido señor Bennet ––contestó su esposa––, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas.
––¿Es ese el motivo que le ha traído?
––¡Motivo! Tonterías, ¿cómo puedes decir eso? Es muy posible que se enamore de una de ellas, y por eso debes ir a visitarlo tan pronto como llegue.
––No veo la razón para ello. Puedes ir tú con las muchachas o mandarlas a ellas solas, que tal vez sea mejor; como tú eres tan guapa como cualquiera de ellas, a lo mejor el señor Bingley te prefiere a ti.
––Querido, me adulas. Es verdad que en un tiempo no estuve nada mal, pero ahora no puedo pretender ser nada fuera de lo común. Cuando una mujer tiene cinco hijas creciditas, debe dejar de pensar en su propia belleza.
––En tales casos, a la mayoría de las mujeres no les queda mucha belleza en qué pensar.
––Bueno, querido, de verdad, tienes que ir a visitar al señor Bingley en cuanto se instale en el vecindario.
––No te lo garantizo.
––Pero piensa en tus hijas. Date cuenta del partido que sería para una de ellas. Sir Willam y lady Lucas están decididos a ir, y sólo con ese propósito. Ya sabes que normalmente no visitan a los nuevos vecinos. De veras, debes ir, porque para nosotras será imposible visitarlo si tú no lo haces.
––Eres demasiado comedida. Estoy seguro de que el señor Bingley se alegrará mucho de veros; y tú le llevarás unas líneas de mi parte para asegurarle que cuenta con mi más sincero consentimiento para que contraiga matrimonio con una de ellas; aunque pondré alguna palabra en favor de mi pequeña Lizzy.
––Me niego a que hagas tal cosa. Lizzy no es en nada mejor que las otras, no es ni la mitad de guapa que Jane, ni la mitad de alegre que Lydia. Pero tú siempre la prefieres a ella.
––Ninguna de las tres es muy recomendable ––le respondió––. Son tan tontas e ignorantes como las demás muchachas; pero Lizzy tiene algo más de agudeza que sus hermanas.
––¡Señor Bennet! ¿Cómo puedes hablar así de tus hijas? Te encanta disgustarme. No tienes compasión de mis pobres nervios.
––Te equivocas, querida. Les tengo mucho respeto a tus nervios. Son viejos amigos míos. Hace por lo menos veinte años que te oigo mencionarlos con mucha consideración.
––¡No sabes cuánto sufro!
––Pero te pondrás bien y vivirás para ver venir a este lugar a muchos jóvenes de esos de cuatro mil libras al año.
––No serviría de nada si viniesen esos veinte jóvenes y no fueras a visitarlos.
––Si depende de eso, querida, en cuanto estén aquí los veinte, los visitaré a todos...