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lunes, 22 de diciembre de 2014

RUBÉN DARÍO, CUENTO DE NOCHEBUENA




RUBÉN DARÍO
Rubén Darío es un poeta nicaragüense, nacido en Metapa, que está considerado como el máximo representante del Modernismo literario en lengua española.

Es el poeta que ha tenido mayor y más duradera influencia en la poesía hispana del siglo XX, tanto al uno como al otro lado del Atlántico.

Es conocido por sus poemas y relatos como el príncipe de las letras castellanas.

Su fama e influencia fueron enormes pues, ya antes de llegar Rubén Darío a España, su libro de poesía Azul fue muy elogiado por Juan Valera novelista famoso y crítico literario.

El Cuento de Nochebuena es uno de sus cuentos navideños y aquí puedes leerlo a continuación:

CUENTO DE NOCHEBUENA


El hermano Longinos de Santa María era la perla del convento. Perla es decir poco, para el caso; era un estuche, una riqueza, un algo incomparable e inencontrable: lo mismo ayudaba al docto fray Benito en sus copias, distinguiéndose en ornar de mayúsculas los manuscritos, como en la cocina hacía exhalar suaves olores a la fritanga permitida después del tiempo de ayuno; así servía de sacristán, como cultivaba las legumbres del huerto; y en maitines o vísperas, su hermosa voz de sochantre resonaba armoniosamente bajo la techumbre de la capilla. Mas su mayor mérito consistía en su maravilloso don musical; en sus manos, en sus ilustres manos de organista. Ninguno entre toda la comunidad conocía como él aquel sonoro instrumento del cual hacía brotar las notas como bandadas de aves melodiosas; ninguno como él acompañaba, como poseído por un celestial espíritu, las prosas y los himnos, y las voces sagradas del canto llano. Su eminencia el cardenal —que había visitado el convento en un día inolvidable— había bendecido al hermano, primero, abrazádole enseguida, y por último díchole una elogiosa frase latina, después de oírle tocar. Todo lo que en el hermano Longinos resaltaba, estaba iluminado por la más amable sencillez y por la más inocente alegría. Cuando estaba en alguna labor, tenía siempre un himno en los labios, como sus hermanos los pájaritos de Dios. Y cuando volvía, con su alforja llena de limosnas, taloneando a la borrica, sudoroso bajo el sol, en su cara se veía un tan dulce resplandor de jovialidad, que los campesinos salían a las puertas de sus casas, saludándole, llamándole hacia ellos: "¡Eh!, venid acá, hermano Longinos, y tomaréis un buen vaso..." Su cara la podéis ver en una tabla que se conserva en la abadía; bajo una frente noble dos ojos humildes y oscuros, la nariz un tantico levantada, en una ingenua expresión de picardía infantil, y en la boca entreabierta, la más bondadosa de las sonrisas.



Avino, pues, que un día de Navidad, Longinos fuese a la próxima aldea...; pero ¿no os he dicho nada del convento? El cual estaba situado cerca de una aldea de labradores, no muy distante de una vasta floresta, en donde, antes de la fundación del monasterio, había cenáculos de hechiceros, reuniones de hadas, y de silfos, y otras tantas cosas que favorece el poder del Bajísimo, de quien Dios nos guarde. Los vientos del cielo llevaban desde el santo edificio monacal, en la quietud de las noches o en los serenos crepúsculos, ecos misteriosos, grandes temblores sonoros..., era el órgano de Longinos que acompañando la voz de sus hermanos en Cristo, lanzaba sus clamores benditos. Fue, pues, en un día de Navidad, y en la aldea, cuando el buen hermano se dio una palmada en la frente y exclamó, lleno de susto, impulsando a su caballería paciente y filosófica:

—¡Desgraciado de mí! ¡Si mereceré triplicar los cilicios y ponerme por toda la vida a pan y agua! ¡Cómo estarán aguardándome en el monasterio!


Era ya entrada la noche, y el religioso, después de santiguarse, se encaminó por la vía de su convento. Las sombras invadieron la Tierra. No se veía ya el villorrio; y la montaña, negra en medio de la noche, se veía semejante a una titánica fortaleza en que habitasen gigantes y demonios.

Y fue el caso que Longinos, anda que te anda, pater y ave tras pater y ave, advirtió con sorpresa que la senda que seguía la pollina, no era la misma de siempre. Con lágrimas en los ojos alzó éstos al cielo, pidiéndole misericordia al Todopoderoso, cuando percibió en la oscuridad del firmamento una hermosa estrella, una hermosa estrella de color de oro, que caminaba junto con él, enviando a la tierra un delicado chorro de luz que servía de guía y de antorcha. Diole gracias al Señor por aquella maravilla, y a poco trecho, como en otro tiempo la del profeta Balaam, su cabalgadura se resistió a seguir adelante, y le dijo con clara voz de hombre mortal: "Considérate feliz, hermano Longinos, pues por tus virtudes has sido señalado para un premio portentoso." No bien había acabado de oír esto, cuando sintió un ruido, y una oleada de exquisitos aromas. Y vio venir por el mismo camino que él seguía, y guiados por la estrella que él acababa de admirar, a tres señores espléndidamente ataviados. Todos tres tenían porte e insignias reales. El delantero era rubio como el ángel Azrael; su cabellera larga se esparcía sobre sus hombros, bajo una mitra de oro constelada de piedras preciosas; su barba entretejida con perlas e hilos de oro resplandecía sobre su pecho; iba cubierto con un manto en donde estaban bordados, de riquísima manera, aves peregrinas y signos del zodiaco. Era el rey Gaspar, caballero en un bello caballo blanco. El otro, de cabellera negra, ojos también negros y profundamente brillantes, rostro semejante a los que se ven en los bajos relieves asirios, ceñía su frente con una magnífica diadema, vestía vestidos de incalculable precio, era un tanto viejo, y hubiérase dicho de él, con sólo mirarle, ser el monarca de un país misterioso y opulento, del centro de la tierra de Asia. Era el rey Baltasar y llevaba un collar de gemas cabalístico que terminaba en un sol de fuegos de diamantes. Iba sobre un camello caparazonado y adornado al modo de Oriente. El tercero era de rostro negro y miraba con singular aire de majestad; formábanle un resplandor los rubíes y esmeraldas de su turbante. Como el más soberbio príncipe de un cuento, iba en una labrada silla de marfil y oro sobre un elefante. Era el rey Melchor. Pasaron sus majestades y tras el elefante del rey Melchor, con un no usado trotecito, la borrica del hermano Longinos, quien, lleno de mística complacencia, desgranaba las cuentas de su largo rosario.
Y sucedió que —tal como en los días del cruel Herodes— los tres coronados magos, guiados por la estrella divina, llegaron a un pesebre, en donde, como lo pintan los pintores, estaba la reina María, el santo señor José y el Dios recién nacido. Y cerca, la mula y el buey, que entibian con el calor sano de su aliento el aire frío de la noche. Baltasar, postrado, descorrió junto al niño un saco de perlas y de piedras preciosas y de polvo de oro; Gaspar en jarras doradas ofreció los más raros ungüentos; Melchor hizo su ofrenda de incienso, de marfiles y de diamantes...

Entonces, desde el fondo de su corazón, Longinos, el buen hermano Longinos, dijo al niño que sonreía:

—Señor, yo soy un pobre siervo tuyo que en su convento te sirve como puede. ¿Qué te voy a ofrecer yo, triste de mí? ¿Qué riquezas tengo, qué perfumes, qué perlas y qué diamantes? Toma, señor, mis lágrimas y mis oraciones, que es todo lo que puedo ofrendarte.

Y he aquí que los reyes de Oriente vieron brotar de los labios de Longinos las rosas de sus oraciones, cuyo olor superaba a todos los ungüentos y resinas; y caer de sus ojos copiosísimas lágrimas que se convertían en los más radiosos diamantes por obra de la superior magia del amor y de la fe; todo esto en tanto que se oía el eco de un coro de pastores en la tierra y la melodía de un coro de ángeles sobre el techo del pesebre.


Entre tanto, en el convento había la mayor desolación. Era llegada la hora del oficio. La nave de la capilla estaba iluminada por las llamas de los cirios. El abad estaba en su sitial, afligido, con su capa de ceremonia. Los frailes, la comunidad entera, se miraban con sorprendida tristeza. ¿Qué desgracia habrá acontecido al buen hermano?

¿Por qué no ha vuelto de la aldea? Y es la hora del oficio, y todos están en su puesto, menos quien es gloria de su monasterio, el sencillo y sublime organista... ¿Quién se atreve a ocupar su lugar? Nadie. Ninguno sabe los secretos del teclado, ninguno tiene el don armonioso de Longinos. Y como ordena el prior que se proceda a la ceremonia, sin música, todos empiezan el canto dirigiéndose a Dios llenos de una vaga tristeza... De repente, en los momentos del himno, en que el órgano debía resonar... resonó, resonó como nunca; sus bajos eran sagrados truenos; sus trompetas, excelsas voces; sus tubos todos estaban como animados por una vida incomprensible y celestial. Los monjes cantaron, cantaron, llenos del fuego del milagro; y aquella Noche Buena, los campesinos oyeron que el viento llevaba desconocidas armonías del órgano conventual, de aquel órgano que parecía tocado por manos angélicas como las delicadas y puras de la gloriosa Cecilia...

El hermano Longinos de Santa María entregó su alma a Dios poco tiempo después; murió en olor de santidad. Su cuerpo se conserva aún incorrupto, enterrado bajo el coro de la capilla, en una tumba especial, labrada en mármol.


DANIEL VÁZQUEZ DÍAZ

Daniel Vázquez Díaz, fue un pintor español. Considerado un artista que es un puente entre el Realismo y el Cubismo fue un destacado retratista y paisajista.
Todas las pinturas de esta entrada, incluidas los retratos de Rubén Darío como monje cartujo, son obra de Daniel Vázquez Díaz.




domingo, 9 de febrero de 2014

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, PLATERO Y YO

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Juan Ramón Jiménez, poeta y profesor nacido en Moguer, un pueblo costero de la provincia andaluza de Huelva y fallecido en su exilio de Puerto Rico.



Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1956, es el autor de Platero y yo, una narración lírica que recrea poéticamente la vida y muerte del burro Platero.




El pino de Fuentepiña donde se supone que está la tumba de Platero


PLATERO Y YO
Primera edición de Platero y yo
Platero y yo es el libro más publicado y leído en español después de La Biblia y El Quijote, y ha sido una lectura obligada en las escuelas de Hispanoamérica.

Platero y yo ha sido traducido a 48 idiomas, incluidos el esperanto y el braille.

Ejemplar facsímil de la primera edición de Platero y yo


La primera edición de la obra fue en 1914 y apenas contaba con 66 capítulos, un número que tres años más tarde fue incrementado hasta los 138, en la que se consideró la edición completa que sólo se vería ampliada en los años setenta con el capítulo "Platero y los gitanos".


El libro está formado por estampas de su pueblo en las que el poeta va retratando tanto las cosas hermosas del entorno moguereño como las injusticias o la pobreza e ignorancia de la gente, transformadas gracias a su escritura en momentos idílicos, y Moguer en el paraíso de su imaginación. 

















Vista de Moguer desde Fuentepiña


PARA LEER  PLATERO Y YO
Si te apetece conocer mejor esta famosa obra de Juan Ramón Jiménez, puedes leerla aquí haciendo click en su título: Platero y yo



EL CENTENARIO DE PLATERO Y YO
Para celebrar el centenario de la publicación de la obra de Juan Ramón Jiménez, Platero y yo, la localidad onubense de Moguer obsequiará a los visitantes que recorran los lugares más emblemáticos de lo que se ha llamado “La ruta de Platero” con un ejemplar de esta famosa obra.

Estatua de Platero en la Casa Museo de Zenobia y Juan Ramón Jiménez


PLATERO Y YO
CAPÍTULO PRIMERO 
PLATERO 

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. 

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

-Tien' asero...

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

























LA ORTOGRAFÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Juan Ramón Jiménez utiliza la transgresión ortográfica como recurso literario.
La peculiar ortografía que emplea el autor y el intento de reproducir los sonidos del andaluz elaboran una lengua personal y propia.

Juan Ramón quería simplificar la ortografía, estaba convencido de que la ortografía española era muy complicada, y por eso era partidario de escribir como se habla, es decir con naturalidad.



Lo hacía con la g/j, en palabras como “elejía”, “jente”, "intelijencia" o la "Jiralda" de Sevilla.

Con la x/s la simplificaba en términos como "esquisito".
Suprimía algunas haches por mudas, como la hache final en la exclamación "¡Oh!".
Evitaba el uso de la diéresis en palabras como "vergüenza".
También redujo algunas parejas de consonantes a una sola: "trasparencia" por "transparencia", o bien "setiembre" por "septiembre".

Los estudiosos de la obra de Juan Ramón creen que esta rebeldía ortográfica no era otra cosa que un recurso del vanguardismo artístico que le tocó vivir.

La semilla de sus ideas ha fructificado a lo largo del tiempo y otro Premio Nobel en español, el colombiano Gabriel García Márquez, durante el Primer Congreso de la Lengua Española, celebrado en México en 1997, hizo un llamamiento para jubilar la ortografía
en su famoso discurso Botella al mar para el dios de las palabras.



lunes, 6 de mayo de 2013

VIRGINIA WOOLF, UNA HABITACIÓN PROPIA


VIRGINIA WOOLF

Adeline Virginia Woolf fue una novelista, ensayista, escritora de cartas, editora, feminista y escritora de cuentos británica.

Woolf está considerada una de las grandes renovadoras del idioma inglés.

Nació en Londres en 1882 en el seno de una familia culta y aristocrática y creció en un ambiente frecuentado por literatos, artistas e intelectuales.


En su familia había hijos de tres matrimonios pues sus padres, que eran viudos, aportaron al casarse hijos de sus anteriores uniones.

A lo largo de su vida, Woolf se vio acosada por periódicas depresiones y enfermedades asociadas.


Estos cambios de humor estuvieron también influidos por los abusos deshonestos que ella y su hermana Vanessa padecieron a manos de sus medio hermanos George y Gerald Duckworth.

Aunque esta inestabilidad a menudo influyó en su vida social, su productividad literaria continuó con pocas interrupciones hasta su suicidio.

Está considerada como una de las más destacadas figuras del Modernismo literario del siglo XX.



EL CÍRCULO DE BLOOMSBURY

Su casa en el barrio de Bloomsbury se convirtió en centro de reunión de antiguos compañeros universitarios de su hermano mayor, entre los que figuraban intelectuales de la talla del escritor E. M. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, y que sería conocido como el Grupo de Bloomsbury.



En el año 1912, Virginia contrajo matrimonio con el economista y ensayista político Leonard Woolf, miembro también de dicho grupo.


UNA HABITACIÓN PROPIA


Fue redescubierta por la crítica feminista durante la década de los 70, gracias a su ensayo, Una habitación propia, escrito en 1929. 

Este largo ensayo es uno de los textos más citados del movimiento feminista, que expone las dificultades de las mujeres para consagrarse a la escritura en un mundo dominado por los hombres.


Considera que las escritoras e intelectuales tienen que afrontar muchos problemas porque los hombres tienen un poder legal y económico desproporcionado, y aborda el futuro de las mujeres en la educación y la sociedad.

El origen de este ensayo es el siguiente: en 1928 a Virginia Woolf le propusieron dar una serie de charlas sobre el tema de la mujer y la novela.


Planteó la cuestión desde un punto de vista realista, valiente y muy particular. 
Realizó una pregunta: ¿qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? 
Y dio una única respuesta: independencia económica y personal, es decir, una habitación propia.


Sólo hacía nueve años que se le había concedido el voto a la mujer y aún quedaba mucho camino por recorrer.

El tema de la condición femenina y la enajenación de la mujer en la sociedad no ha perdido ni un ápice de actualidad. 



EL ENGAÑO DEL DREADNOUGHT



El engaño del Dreadnought fue una broma ideada en 1910 por el grupo de Bloomsbury. 

Virginia Woolf y sus amigos se disfrazaron de príncipes abisinios y se presentaron en el puerto inglés de Dorset a fin realizar una supuesta “visita oficial” al famoso acorazado Dreadnought. 

Con los rostros oscurecidos con tintura y disfrazados con  vistosos trajes y turbantes, se hicieron recibir por las autoridades navales quienes los escoltaron en su visita y homenajearon con una guardia de honor.

Los “príncipes” se comunicaban entre ellos en una suerte de lengua en la que se mezclaban palabras griegas y latinas y lanzaba, cada vez que algo les sorprendía, la exclamación supuestamente africana “¡Bunga, bunga!”. 
Fueron los mismos bromistas quienes, días más tarde, se ocuparon de desenmascarar la chanza en el Daily Mirror, acompañando la crónica de su visita al Dreadnought con fotografías del evento. 
Algunos comentaristas criticaron la conducta del grupo haciendo notar lo ofensivo que esto fue para las autoridades navales británicas.



domingo, 1 de mayo de 2011

MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA




MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA

Escritor, poeta y periodista mexicano, nació y vivió en la Ciudad de México (1859-1895) como observador cronista.
Precursor del modernismo en México. Escritor y periodista toda su vida. Inició su carrera a los trece años.
Fundó junto a Carlos Díaz Dufóo la Revista Azul, que fue la difusora del Modernismo en México.
Escribió poesía romántica y amorosa. En el fondo nunca dejó de ser un poeta romántico. Gustó de lo afrancesado y de lo clásico, como era habitual en los intelectuales mexicanos y la alta sociedad de su tiempo.
Por influencia de su madre leyó a a los místicos españoles.
Nunca salió de México, y en pocas ocasiones de su ciudad natal, pero sus influencias son europeas: Musset, Théophile Gautier, Baudelaire, Flaubert, Leopardi.
Siempre quiso unir el espíritu francés y las formas españolas.
  Entre sus obras poéticas más importantes se encuentran: La Duquesa Job, Hamlet a Ofelia, Odas Breves, La Serenata de Schubert y el afamado poema "Non omnis moriar".
Cultivó la prosa en cuentos, a los que aportó una nueva forma, y en crónicas: el libro de relatos Cuentos Frágiles fue el único que publicó en vida como tal, pero ordenó con distintos criterios sus entregas a periódicos y revistas: Cuentos del domingo, Cuentos vistos, Cuentos color de humo, Crónicas color de oro, Crónicas color de lluvia... lo que ha orientado los criterios de sus editores.




ONDAS MUERTAS


En la sombra debajo de tierra,
donde nunca llegó la mirada,
se deslizan en curso infinito
silenciosas corrientes de agua.
Las primeras, al fin, sorprendidas,
por el hierro de rocas taladra,
en inmenso penacho de espumas
hervorosas y límpidas saltan.
Mas las otras, en densa tiniebla,
retorciéndose siempre resbalan,
sin hallar la salida que buscan,
a perpetuo correr condenadas.
A la mar se encaminan los ríos,
y en su espejo movible de plata,
van copiando los astros del cielo
o los pálidos tintes del alba:
ellos tienen cendales de flores,
en su seno las ninfas se bañan,
fecundizan los fértiles valles,
y sus ondas son de agua que canta.
En la fuente de mármoles níveos,
juguetona y traviesa es el agua,
como niña que en regio palacio
sus collares de perlas desgrana;
ya cual flecha bruñida se eleva,
ya en abierto abanico se alza,
de diamantes salpica las hojas
o se duerme cantando en voz baja.
En el mar soberano las olas
los peñascos abruptos asaltan;
al moverse, la tierra conmueve
y el tumulto los cielos escalan.
Allí es vida y es fuerza invencible,
allí es reina colérica el agua,
como igual con los cielos combate
y con dioses monstruosos batalla.
¡Cuán distinta la negra corriente
a perpetua prisión condenada,
la que vive debajo de tierra
do ni yertos cadáveres bajan!
La que nunca la luz ha sentido,
la que nunca solloza ni canta,
esa muda que nadie conoce,
esa ciega que tiene esclava.
Como ella, de nadie sabidas,
como ella, de sombras cercadas,
sois vosotras también, las oscuras
silenciosas corrientes de mi alma.
¿Quién jamás conoció vuestro curso?
¡Nadie a veros benévolo baja!
Y muy hondo, muy hondo se extienden
vuestras olas cautivas que callan.
Y si paso os abrieran, saldríais,
como chorro bullente de agua,
que en columna rabiosa de espuma
sobre pinos y cedros se alza.
Pero nunca jamás, prisioneras,
sentiréis de la luz la mirada:
¡seguid siempre rodando en la sombra,
silenciosas corrientes del alma!

Manuel Gutiérrez Nájera









El famoso pintor mexicano Diego Rivera retrató así a Manuel Gutiérrez Nájera en uno de sus murales.






Museo Mural de Diego Rivera: Papelerito, globero, dulcero, caramelero y Manuel Gutiérrez Nájera.






viernes, 4 de marzo de 2011

RUBÉN DARÍO, CANCIÓN DE CARNAVAL







Le carnaval s'amuse!
Viens le chanter, ma Muse...
Banville



Musa, la máscara apresta,
ensaya un aire jovial
y goza y ríe en la fiesta
del Carnaval.

Ríe en la danza que gira,
muestra la pierna rosada,
y suene, como una lira,
tu carcajada.

Para volar más ligera
ponte dos hojas de rosa,
como hace tu compañera
la mariposa.

Y que en tu boca risueña,
que se une al alegre coro,
deje la abeja porteña
su miel de oro.

Únete a la mascarada,
y mientras muequea un clown
con la faz pintarrajeada
como Frank Brown;

mientras Arlequín revela
que al prisma sus tintes roba
y aparece Pulchinela
con su joroba,

di a Colombina la bella
lo que de ella pienso yo,
y descorcha una botella
para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima
sus amores con la Luna
y te haga un poema en una
pantomima.

Da al aire la serenata,
toca el áureo bandolín,
lleva un látigo de plata
para el spleen.

Sé lírica y sé bizarra;
con la cítara sé griega;
o gaucha, con la guitarra
de Santos Vega.

Mueve tu espléndido torso
por las calles pintorescas,
y juega y adorna el corso
con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro
de Andrade en el regio nido,
y en la hopalanda de Guido,
polvo de oro.

Penas y duelos olvida,
canta deleites y amores;
busca la flor de las flores
por Florida:

Con la armonía te encantas
de las rimas de cristal,
y deshojas a sus plantas,
un madrigal.

Piruetea, baila, inspira
versos locos y joviales;
celebre la alegre lira
los carnavales.

Sus gritos y sus canciones,
sus comparsas y sus trajes,
sus perlas, tintes y encajes
y pompones.

Y lleve la rauda brisa,
sonora, argentina, fresca,
¡la victoria de tu risa
funambulesca!



Rubén Darío







VOCABULARIO
PORTEÑA: Natural de la ciudad de Buenos Aires, capital de la Argentina.
PANTOMIMA: Representación por figura y gestos sin que intervengan palabras.
BANDOLÍN: Instrumento musical de cuerda, de forma de pera y fondo chato, con cuatro cuerdas dobles.
SPLEEN: (anglicismo) Esplín: Melancolía, tedio de la vida.
BIZARRA: Valiente. Generosa, lucida, espléndida.
CORSO: Fiesta de los carnavales de Buenos Aires.
HOPALANDA:Vestidura de corte amplio, abundante y llamativo.
MADRIGAL: Poema breve, generalmente de tema amoroso, en que se combinan versos de siete y de once sílabas. Composición musical.



NOMBRES PROPIOS
FRANK BROWN: Clown inglés que triunfó en la Argentina.
SANTOS VEGA:  Famoso payador argentino que improvisaba un recitado en rima, cantado y acompañado de una guitarra.
OLEGARIO  VÍCTOR ANDRADE: Legislador, periodista y poeta argentino.
CARLOS GUIDO Y SPANO: Poeta que marca la transición, en la Argentina, del Romanticismo al Modernismo.
ARLEQUÍN, PULCHINELA, COLOMBINA, PIERROT:  Personajes de la Comedia del Arte.










martes, 5 de octubre de 2010

ANTONIO MACHADO, CAMINANTE SON TUS HUELLAS

VIDA DE ANTONIO MACHADO
         












CAMINANTE, SON TUS HUELLAS

 
Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.







EPITAFIO DE LA TUMBA DE ANTONIO MACHADO EN COLLIOURE (FRANCIA)