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viernes, 6 de diciembre de 2024

FERNANDO PESSOA, NAVIDAD... EN EL CAMPO NIEVA

FERNANDO PESSOA

Fernando António Nogueira Pessoa nace en Lisboa el 13 de junio de 1888.
Fernando Pessoa, es uno de los mayores poetas y escritores de la lengua portuguesa y de la literatura europea.
Perdió a su padre a los cinco años y su madre volvió a casarse con el cónsul portugués en Durban, Sudáfrica, donde Fernando se educó.
La lengua inglesa tuvo gran importancia en su vida, pues Pessoa traducía, trabajaba y pensaba en ese idioma.
La influencia que en él ejercieron autores como Nietzsche, Milton y Shakespeare, lo llevaron a traducir parte de sus obras y a producir los primeros poemas en idioma inglés.
Tuvo una vida discreta, centrada en el periodismo, la publicidad, el comercio y, principalmente, la literatura, en la que se desdobló en varias personalidades conocidas como heterónimos.

PESSOA Y LA NAVIDAD
Pessoa dedicó varios de sus poemas y algún texto en prosa a la Navidad. 
Aparecieron publicados en distintas fechas en el diario lisboeta Notícias Ilustrado y en la Revista Contemporânea.
Su heterónimo Bernardo Soares en el Libro del desasosiego dedica alguno de sus fragmentos a reflexiones sobre la Navidad.
NAVIDAD... EN EL CAMPO NIEVA

Navidad... en el campo nieva.
En los hogares engalanados,
un sentimiento conserva
los sentimientos pasados.

Corazón opuesto al mundo,
¡Cuán verdadera es la familia!
Mi pensamiento es profundo,
estoy solo y sueño saudade.

Y, ¡cuán blanco de gracia
es el paisaje que desconozco,
visto al través de la vidriera
del hogar que nunca tendré!



NATAL... NA PROVÍNCIA NEVA

Natal... Na província neva.
Nos lares aconchegados,
Um sentimento conserva
Os sentimentos passados.

Coração oposto ao mundo,
Como a família é verdade!
Meu pensamento é profundo,
Estou só e sonho saudade.

E como é branca de graça
A paisagem que não sei,
Vista de trás da vidraça
Do lar que nunca terei!


FUENTES UTILIZADAS
Para la realización de esta entrada se han utilizado, entre otras, las siguientes fuentes:
Arquivo Pessoa. http://arquivopessoa.net/textos/2449 [poema sin fechar] Poesias. Fernando Pessoa. (Nota explicativa de João Gaspar Simões e Luiz de Montalvor.) Lisboa: Ática, 1942 (15ª ed. 1995). p. 115.
1ª publicación en el diario lisboeta: Notícias Ilustrado , nº 29. Lisboa: 30-12-1928.
Las imágenes o vídeos que la acompañan se utilizan solo con fines educativos y el © de las fotografías y el © de los vídeos pertenecen a sus autores.

domingo, 9 de septiembre de 2018

FRANCISCO CORRALES FERNÁNDEZ, LA LITERATURA O LA VIDA


FRANCISCO CORRALES FERNÁNDEZ 
Francisco Corrales Fernández de la Puebla es un escritor, articulista, cuentista, novelista y crítico literario nacido en Arganda del Rey en Madrid en 1966. 

Es licenciado en Filología Hispánica,  profesor de Enseñanza Secundaria y corredor de maratones.

Sus artículos, críticas y reseñas aparecen en diferentes revistas literarias como Calamar, Hilos de Araña o la Revista del Colegio de doctores y licenciados de la Universidad Complutense. 

Ha preparado en Castalia ediciones didácticas de teatro breve de autores como Unamuno, Baroja, Azorín, Álvarez Quintero, Valle-Inclán, Benavente, Arniches, Gómez de la Serna… y dos piezas juveniles de Alonso de Santos.

Es autor de un manual ebook Hagamos teatro que busca servir de guía y estímulo a quienes tienen la aspiración de montar una obra teatral, pero ignoran cómo afrontar las múltiples dificultades del proyecto.

Reside actualmente en Gijón donde es profesor de Lengua Castellana y Literatura.

Ha ganado diferentes premios de cuentos, relatos y de novela corta. 
Entre ellos el Premio de Novela Corta Salvador García Aguilar por su obra Hagan juego y el Premio Internacional de Novela Corta La Esfera con La felicidad de la polilla.


La felicidad de la polilla es una novela escrita con una prosa irónica, con tintes de humor, que nos hace reflexionar sobre algo tan abstracto y poco tangible como es la felicidad. 
Si quieres conocer un poco más a este escritor, aquí puedes leer un texto suyo:


LA LITERATURA O LA VIDA
Una mañana cualquiera de mi adolescencia abrí un libro de Octavio Paz y le oí decir que eso del amor era un invento tardío de la poesía cortesana, desconocido por completo fuera de la cultura occidental. A su juicio, el amor vivía en la Literatura y se alimentaba de personajes, en cambio las personas de carne y hueso se resignaban a compartir destinos más o menos penosos, mientras jugaban a Romeos y Julietas. En ese periodo tan febril y dogmático de la existencia, tan caro a las sutilezas y a los matices irónicos, mi sentencia fue inapelable. Octavio Paz era un intelectual decrépito, un cadáver exquisito, un senil roedor de biblioteca, además de un resentido, un solterón cenobita y un misógino gilipollas (probablemente entonces sólo me vino a la cabeza el último insulto). Tras el desahogo, decidí desterrarlo de mi biblioteca. Estaba clarísimo que ese infeliz jamás había dado su primer beso ni había pasado una madrugada en blanco pensando en ella ni había sentido el aleteo de las mariposas de azúcar revoloteando sobre su corazón. Obviamente ignoraba que la vida iba por delante de una Literatura cuya misión consistía en levantar acta notarial de un sentimiento universal y eterno.

Una tarde cualquiera, diez años después, abrí un libro de Kafka y le oí decir algo similar. Por aquel entonces el hombre demoraba su noviazgo con la sacrificada Felice Bauer sin atreverse a confesarle que no la amaba. Tan persuadido estaba de que las servidumbres del matrimonio le impedirían experimentar el sentimiento del amor, que finalmente la dejó. Poco después iniciaba una relación epistolar con otra mujer, Milena, y fue con ella, acaso porque se veía obligado a soñarla si quería verla, con quien descubrió lo que su prometida no supo mostrarle. La proximidad física banalizaba a Felice, en cambio, la distancia transformaba a Milena en diosa. Nos podemos imaginar a los novios, rutinarios, paseando por las calles de Praga después de almorzar, él, taciturno y apático, ella destilando un leve aroma a coliflor, explicándole que le dolían los pies con esos zapatos de aguja, que la verdura le hinchaba la barriga o que el salmón era su color predilecto para las cortinas de su futura alcoba, ¿te parece, cariño? Por fin, en la soledad de su cuarto, el novio se olvidaría de la novia para derramarse sobre la otra en apasionados mensajes de tinta: Ah, Milena, “Escribir cartas significa desnudarse ante los fantasmas, que lo esperan ávidamente. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas.” Y luego liberaba su dolor por correspondencia: “No puedes amarme, por más que lo quieras; desdichadamente amas al amor que sientes hacía mí, pero el amor que sientes hacía mí no te ama.” Deslumbrado ante sus razones, comencé a matizar la postura de mi yo adolescente. El amor no era un invento de la Literatura, por supuesto, pero quizá ésta no se limitaba sólo a dar fe de su existencia. Quizá la persona experimentaba un amor tangible y su personaje se refugiaba en otro etéreo; de ese modo uno podía adentrarse en ambos mundos, carne y alma, recogiendo de uno lo que le faltaba del otro. Cerré ese libro, pero no lo desterré de mi biblioteca.

Una noche cualquiera, diez años después, (ya iban veinte) abrí un libro de Marina Tsvietáieva y le oí idéntico argumento. En sus conmovedoras cartas decía que el amor vivía en las palabras y moría en las acciones. La mujer estaba casada, tenía dos hijos, rutina marital, pero su personaje se había resarcido clandestinamente enamorándose de Rilke mediante una profunda y perfecta relación literaria. Por carta apretaba sus manos sin manos, lo besaba sin labios, porque ella no vivía en su boca, pues “cuando se ama a una persona se desea siempre que se vaya para poder soñarla”. A la tercera fue la vencida. Me convenció. Adiós resabios adolescentes. Estaba claro que el amor vivía en la Literatura, sí, y se desarrollaba en sus personajes. Entonces indulté a Octavio Paz y coloqué su libro junto al de Kafka y al de Marina, en mi mesilla de noche para que me iluminaran antes de dormirme.

No obstante, notaba como si se me escapara algo; una teoría demasiado redonda, demasiado sublime, demasiado aséptica. ¿De verdad la Literatura crea el sentimiento? ¿De verdad un verso vale más que una persona? ¿De verdad un beso soñado gana en perfección a uno regalado? Pues no estaba tan claro. Así que, antes de sancionar la tesis, escarbé un poco en sus biografías en busca de luz. Y la encontré, vaya si la encontré. Sorpresa. Resulta que además de escribir, los tres se reservaron un tiempo nada desdeñable para vivir esa vida tan banal que ridiculizaban en sus obras. Octavio Paz, antes de abandonar a su suerte a Helena Garro, despechado por su infidelidad con Adolfo Bioy Casares, perdió la cabeza por ella y reclamó entre lloros ese amor cuya existencia negaba, tan chulo, en sus versos. Entre carta y carta Kafka se desvivió y sufrió no por culpa de un sueño, sino por culpa de Felice, Yuly y Dora, las mujeres de pies encallecidos y barrigas hinchadas a las que recurría en sus momentos de angustia. El desgarro definitivo que condujo a Marina al suicidio no lo provocó su amor literario a Rilke, sino la condena a muerte de su marido y el encarcelamiento de su hija durante las purgas de Stalin. Y comprendí, que más allá de la Literatura, es la vida la que nos convierte en persona. El poeta, como decía Pessoa, sólo es un fingidor de penas y alegrías, un empleado a sueldo que trabaja a ratos puliendo y engastando palabras. Y cuando guarda el papel, sale a la calle y se pone a sentir con el peso de todas sus vísceras.

Hoy respeto a esos tres grandes escritores. Su Literatura está a la izquierda de mi cama. Me gusta hojearla, pero no cambio a ninguno por la mujer de carne y hueso que duerme a mi lado derecho. Ellos tampoco lo hubieran hecho, creo.



sábado, 23 de enero de 2016

MAURÍCIO MEIRELES, ENCONTRADA EN SUDÁFRICA UNA CAJA CON TEXTOS INÉDITOS DE FERNANDO PESSOA


ENCONTRADA EN SUDÁFRICA UNA CAJA CON TEXTOS INÉDITOS DE FERNANDO PESSOA

A Fernando Pessoa de niño le gustaban las travesuras. Se ponía disfraces espeluznantes para asustar a los empleados y,  ya desde entonces un fingidor, reclutaba a los hermanos para representar pequeñas piezas teatrales en el hogar. 

Pero sentía un miedo terrible a los truenos. Así que se escondía en lugares oscuros cubriendo la cabeza para no escuchar el ruido.


El relato de la infancia del poeta está en una carta inédita de Teca, su media hermana, enviado en los años 70 al investigador británico Hubert Jennings, uno de los primeros biógrafos del poeta.




El descubrimiento fue realizado en julio, cuando los hijos de Jennings estaban buscando un lugar para el legado de su padre, fallecido hace 23 años, y fue tratado con discreción hasta el momento. 
El conjunto de documentos sobre Pessoa fue transferido a la Universidad de Brown en los EE.UU. que cuenta con un importante centro de investigación sobre la literatura portuguesa.
El legado se compone de un conjunto de 2000 documentos encontrados por un grupo de investigadores después de pasar décadas en un garaje en Sudáfrica, donde el poeta vivió de niño.



Es demasiado pronto para decir exactamente todo lo que hay en el legado, pero un primer vistazo acaba de aparecer en Pessoa Plural la revista de estudios pessoanos publicada por Brown. 

Hay transcripciones de documentos del legado de Pessoa que Jennings visitó en la década de los 50, mucho antes de que dicho legado fuera trasladado a la BNP (Biblioteca Nacional de Portugal).


Como la caligrafía del poeta es difícil de entender -a veces, no se puede saber en qué lenguaje fueron escritos los textos- el trabajo de Jennings sirve de gran ayuda.

El estudioso inglés incluso hizo un inventario del legado de Pessoa, que debe ser confrontado con el de la institución portuguesa, con el fin de saber qué documentos se pueden haber perdido.


CARTAS PERDIDAS

La esperanza de que haya materiales inéditos tiene un motivo: se encontró la transcripción de una carta del 28 de febrero de 1934 de Pessoa a su medio hermano Juan. 
El documento no está en la BNP y, por lo que sabemos, tampoco entre los papeles que la familia del poeta tiene todavía consigo en Portugal.
También  se encontró  en la caja el libro inédito The Poet of Many Faces, El poeta de muchas caras, una compilación, reunida por Jennings, de poemas en inglés escritos por Pessoa. El investigador estaría entonces uno de los primeros en publicar la  poesía inglesa de Pessoa.
Como un homenaje a la labor de Jennings, el investigador argentino Patricio Ferrari, especialista en la obra inglesa y francesa  del portugués, publica en la revista Pessoa Plural 25 poemas inéditos del autor -dos de los cuales ya habían sido transcrito por Jennings. El material ya está disponible en la versión online de la revista.




"La vida y la obra de Pessoa son un rompecabezas. Sabemos que hay miles de documentos que no han sido publicados. La colección de Jennings ayuda para armar este rompecabezas", dice el brasileño Carlos Pittella-Leite, miembro investigador de la Universidad de Lisboa, que fue el primero, junto con Patricio Ferrari, en consultar la documentación.

Pitella-Leite, editor invitado de la revista Pessoa Plural, que ayudó en la transferencia del legado para  Brown, calcula que aún tiene que pasar un año para que la institución haga todo el inventario de los documentos. Sólo entonces se tendrá una idea más exacta de todo el material inédito en el legado de Jennings.



Incluso si la caja  no tuviese a documentos desconocidos de Fernando Pessoa, el descubrimiento aún así sería valioso por mostrar la investigación de Jennings sobre el autor portugués y las impresiones del británico sobre Portugal.



Un diario del intelectual, por ejemplo, cuenta la vida cotidiana en Portugal en 1968, año en el que cayó el dictador Antonio Salazar. El documento ayuda a reconstruir la rutina portuguesa en los meses anteriores la caída del dictador.
El descubrimiento de los documentos también permitió determinar la autoría de un documento sobre los heterónimos pessoanos en poder de Manuela Nogueira, del sobrina del poeta lusitano. Una carta de Michael, otro medio hermano de Pessoa, en la que le da consejos a Jennings sobre un libro, sugiere que el propio investigador es el autor del ensayo. 
El británico es otro caso notorio de extranjero que ha desarrollado una profunda relación con la obra de Fernando Pessoa, al lado del mexicano Octavio Paz y del italiano Antonio Tabucchi.
Jennings que, como Camões, perdió un ojo en el campo de batalla, luchando en la Primera Guerra Mundial, descubrió el poeta, a los 70 años, al escribir la historia de Durban High School, la escuela en Sudáfrica, donde estudió Pessoa en la infancia, entre 1899 y 1904. 
Jennings posteriormente se trasladó a Portugal para estudiar la obra del autor portugués. 

LA CAJA DE SUDÁFRICA

La caja con los documentos estaba en el garaje de su sobrina en Sudáfrica. Los papeles se encontraron cuando ella se mudó de Johannesburgo a Ciudad del Cabo. Como los hijos de Jennings querían escribir la historia de la familia, los enviaron al escritor estadounidense Matthew Hart en Nueva York.

Hart trató con la Universidad de Brown para entender la importancia de los documentos. La institución, a su vez, consultó con el colombiano Jerónimo Pizarro,  una de las principales autoridades en la obra de Pessoa. Pizarro pidió a Carlos Pittella-Leche y a Patricio Ferrari  que viajaran a Nueva York para revisar y avalar los documentos.
"Estos documentos estuvieron fuera de la circulación durante 23 años. Me sorprendió ver la voluminosa cantidad de escritos sobre Pessoa, traducciones, cuentos y recuerdos de mi padre", dice el geólogo Christopher Jennings, hijo del intelectual.

Maurício Meireles
Colunista da Folha de S.Paulo



Fernando Pessoa con su familia en la casa de Durban en Sudáfrica




lunes, 24 de marzo de 2014

MARIO BENEDETTI, CERTIFICADO DE EXISTENCIA



CERTIFICADO DE EXISTENCIA


Ah, ¿quién me salvará de existir? 
FERNANDO PESSOA




Dijo el fulano presuntuoso/ 
hoy en el consulado 
obtuve el habitual 
certificado de existencia 

consta aquí que estoy vivo 
de manera que basta de calumnias 

este papel soberbio / irrefutable 
atestigua que existo 

si me enfrento al espejo 
y mi rostro no está 
aguantaré sereno 
despejado 

¿no llevo acaso en la cartera 
mi recién adquirido 
mi flamante 
certificado de existencia? 

vivir / después de todo 
no es tan fundamental 

lo importante es que alguien 
debidamente autorizado 
certifique que uno 
probadamente existe 

cuando abro el diario y leo 
mi propia necrológica 
me apena que no sepan 
que estoy en condiciones 
de mostrar dondequiera 
y a quien sea 
un vigente prolijo y minucioso 
certificado de existencia 

existo 
luego pienso 

¿cuántos zutanos andan por la calle 
creyendo que están vivos 
cuando en rigor carecen del genuino 
irremplazable 
soberano 
certificado de existencia?



Mario Benedetti


Retrato de Edward James por René Magritte

lunes, 10 de marzo de 2014

RICARDO REIS, VEN A SENTARTE CONMIGO LIDIA



VEN A SENTARTE CONMIGO, LIDIA

Ven a sentarte conmigo, Lidia, a la orilla del río.
Con sosiego miremos su curso y aprendamos

que la vida pasa, y no estamos cogidos de la mano.
        (Enlacemos las manos.)

Pensemos después, niños adultos, que la vida 
pasa y no se queda, nada deja y nunca regresa,
va hacia un mar muy lejano, hacia el pie del Hado,
        más lejos que los dioses.

Desenlacemos las manos, que no vale la pena cansarnos.
Ya gocemos, ya no gocemos, pasamos como el río.
Más vale que sepamos pasar silenciosamente 
        y sin grandes desasosiegos.

Sin amores, ni odios, ni pasiones que levanten la voz,
ni envidias que hagan a los ojos moverse demasiado,
ni cuidados, porque si los tuviese el río también correría,
        y siempre acabaría en el mar.

Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos,
si quisiéramos, cambiar besos y abrazos y caricias,
mas que más vale estar sentados el uno junto al otro
        oyendo correr al río y viéndolo.

Cojamos flores, cógelas tú y déjalas
en tu regazo, y que su perfume suavice el momento-
este momento en que sosegadamente no creemos en nada,
        paganos inocentes de la decadencia.

Por lo menos, si yo fuera sombra antes, te acordarás de mí
sin que mi recuerdo te queme o te hiera o te mueva,
porque nunca enlazamos las manos, ni nos besamos
        ni fuimos más que niños.

Y si antes que yo llevases el óbolo al barquero sombrío,
nada habré de sufrir cuando de ti me acuerde,
a mi memoria has de ser suave recordándote así- a la orilla del río,
        pagana triste y con flores en el regazo.


Ricardo Reis
(Heterónimo de Fernando Pessoa)

EL HADO
Según el Diccionario de la RAE:
hado.

(Del lat. fatum).

1. m. En la tradición clásica, fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos.

2. m. Encadenamiento fatal de los sucesos.




CARONTE







Caronte cruzando la laguna Estigia por Joachim Patinir 



En la mitología griega, Caronte era el barquero del Hades, encargado de guiar a los muertos de un lado a otro del río Aqueronte si tenían un óbolo para pagar el viaje.



Por este motivo, en la antigua Grecia los cadáveres se enterraban con una moneda bajo la lengua. 

Aquellos que no podían pagar tenían que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, tiempo después del cual Caronte accedía a cruzarlos sin cobrar.




ÓBOLO

Según el DRAE:


óbolo.

(Del lat. obŏlus, y este del gr. ὀβολός).



1. m. Pequeña cantidad con la que se contribuye para un fin determinado.



2. m. Moneda de los antiguos griegos, que era la sexta parte de la dracma.

3. m. En farmacia, medio escrúpulo, o sea doce granos.






jueves, 6 de marzo de 2014

ALBERTO CAEIRO, SI A VECES DIGO QUE LAS FLORES SONRÍEN




Si a veces digo que las flores sonríen
y si dijese que los ríos cantan,
no es porque crea que hay sonrisas en las flores
y cantos en el curso de los ríos...
Es porque de esta forma hago sentir mejor a los hombres falsos
la existencia verdaderamente real de las flores y de los ríos.

Porque escribo para que me lean ellos, me sacrifico a veces
a la estupidez de los sentidos...
No estoy de acuerdo conmigo, pero me absuelvo,
porque sólo soy esa cosa seria, un intérprete de la naturaleza,
porque hay hombres que no entienden su lengua,
por no ser lengua alguna.


Alberto Caeiro 

(Heterónimo de Fernando Pessoa)
O guardador de Rebanhos






martes, 18 de febrero de 2014

ALBERTO CAEIRO, EN MI PLATO, ¡QUÉ MEZCLA DE NATURALEZA!





EN MI PLATO, ¡QUÉ MEZCLA DE NATURALEZA!

En mi plato, ¡qué mezcla de naturaleza!
Mis hermanas las plantas,
las compañeras de las fuentes, las santas
A las que nadie reza...


Y las cortan y van a nuestra mesa
y, en las fondas, los huéspedes ruidosos,
que llegan con mantas atadas con correas,
piden «Ensalada», despreocupados...
Sin pensar que exigen a la Tierra Madre,
su frescura y sus hijos primeros,
las primeras verdes palabras que tiene,
las primeras cosas vivas e irisadas
que Noé vio
cuando las aguas bajaron y las cimas de los montes
verdes y chorreantes surgieron
y en el aire por el que apareció la paloma
El arco iris se esfumó...




Alberto Caeiro
(Heterónimo de Fernando Pessoa)























jueves, 13 de febrero de 2014

FERNANDO PESSOA. LOS HETERÓNIMOS




LOS HETERÓNIMOS
Los heterónimos, a diferencia de los pseudónimos son personalidades poéticas completas: identidades, que, en principio falsas, se vuelven verdaderas a través de su manifestación artística propia y diversa del autor original.

Pessoa no escribía "su" propia poesía, sino la poesía de diversos autores ficticios, diferentes en voz, estilo y modos. 

Publicó bajo varios  heterónimos.  
Los más importantes son Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis.

Incluso publicó críticas contra sus propias obras firmadas por sus heterónimos.

El poeta portugués crea una obra heteronímica que viene a ser un juego teatral con voces-personajes líricos y con inquietudes existenciales a la vez, tan opuestas como complementarias. 
No sin razón se le ha llamado a Pessoa el poeta dramático o el poeta filósofo.

Los heterónimos que Fernando Pessoa creó son portugueses, ingleses y franceses. Son poetas, cuentistas y ensayistas. La mayoría hombres y entre los femeninos destaca la joven María José.

Pessoa fue todos y cada uno de ellos.





LOS HETERÓNIMOS MÁS DESTACADOS:

ALBERTO CAEIRO
Alberto Caeiro, un poeta sensualista y pagano, es el maestro de Pessoa  y de los demás heterónimos.















Nació en abril de 1889 en Lisboa, pero vivió la mayor parte de su vida en una quinta en el Ribatejo, donde conocería a Álvaro de Campos. 


Su educación se limitó a la instrucción primaria, lo que combina con su simplicidad y naturalidad que reclama para sí mismo. 



Rubio, de ojos azules, estatura media, un poco más bajo que Ricardo Reis, está dotado de una apariencia muy diferente al de los otros heterónimos. También es frágil, aunque no lo aparenta mucho, y murió, tempranamente, de tuberculosis, en 1915. 

El maestro es aquel de cuya biografía menos se ocupa Pessoa.
Su vida eran sus poemas, como dice Ricardo Reis: La vida de Caeiro no puede narrarse pues no hay en ella más que contar. Sus poemas son lo que hubo en su vida. En todo lo demás no hubo incidentes, ni hay historia.




ALVARO DE CAMPOS
Es un ingeniero homosexual de educación inglesa y origen portugués, pero siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo.


El futurista Alvaro de Campos es el autor de Tabaquería, acaso el poema más famoso en lengua portuguesa.

Otros poemas famosos son: 
Lisbon revisited
Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra
Todas las cartas de amor son ridículas
Poema en línea recta


BERNARDO SOARES
Bernardo Soares es el acongojado autor del Libro del Desasosiego, que actualmente muchos especialistas consideran la obra de su vida.

Bernardo Soares es considerado un semi-heterónimo por tener muchas semejanzas con Fernando Pessoa y no poseer una personalidad muy característica ni fecha de fallecimiento.


RICARDO REIS
Médico de profesión y monárquico, por eso, descontento con la situación política, marcha emigrado algunos años a Brasil.
Educado en un colegio de jesuitas, recibió, pués, una formación clásica y latinista.



Fernando Pessoa considera que este heterónimo fue el primero en revelársele aunque no haya sido el primero en iniciar su actividad literaria. 

Domina la forma de los poetas latinos y proclama la disciplima en la construcción poética.

Ricardo Reis es marcado por una profunda simplicidad de la concepción de la vida, por una inmensa serenidad en la aceptación de la relatividad de todas las cosas. 

Es el heterónimo que más se aproxima al creador.
No solo se parece a Pessoa en el aspecto físico: es moreno, de estatura media, anda medio encorvado, es magro y tiene apariencia de judío portugués... también se parece en la manera de ser y en la de pensar. 

Es adepto del Sensacionismo, que hereda del maestro Caeiro, pero lo aproxima al Neoclasicismo.

Para Ricardo Reis las cosas deben ser sentidas, no sólo como son, también de modo que se integren en un cierto ideal de medida y reglas clásicas.

Su forma de expresión la va a buscar a los poetas latinos, de acuerdo a su formación, y afirma, por ejemplo, que debe haber, en el más pequeño poema de un poeta, cualquier cosa donde se note que existió Homero.

Es uno de los heterónimos que  no tiene fecha de fallecimiento.
El Premio Nobel de Literatura José Saramago le dedica una de sus mejores novelas, El año de la muerte de Ricardo Reis.



MARÍA JOSÉ
Fernando Pessoa tiene también heterónimos femeninos, el más conocido es una joven tuberculosa de diecinueve años, María José que escribe una carta de declaración  de amor sin esperanzas.

La Carta de la jorobada para el cerrajero es una desgarrada, ácida y a la vez tierna carta de amor de una joven enferma.



¿QUÉ SON LOS PREHETERÓNIMOS?
Ya en la infancia, el niño Fernando Pessoa era capaz de imaginar personajes que le rodeaban que algunos críticos llaman los preheterónimos.

El primero de ellos, Chevalier de Pas, fue inventado cuando el poeta tenía seis años.

A este le seguirían Alexander Search y su hermano Charles James Search, Charles Robert Annon y David Merrick.
Cuando el joven Fernando Pessoa regresa a Lisboa desde Sudáfrica, los llevará de vuelta con él como compañeros de viaje.